
El poder en veinticuatro horas
Mediante una acción que se desarrolla en un futuro tecnológicamente avanzado y un cosmos narrativo en el que perduran elementos de la historia rusa, Vladimir Sorokin propone un singular homenaje a 1984, de George Orwell, con riqueza de matices y espíritu desmesurado
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El día del Oprinchnik
Por Vladimir Sorokin
Alfaguara
$39
El día del opríchnik es la primera novela traducida al español de Vladimir Sorokin, autor ruso nacido en 1955 que escribió doce novelas, diez obras de teatro y varios guiones cinematográficos. Sorokin fue pintor y, antes de dedicarse a la literatura, se ocupó de ilustrar más de cincuenta libros. En la novela que nos ocupa, este dato no es menor, pues se advierte su huella en el punto de vista selectivo pero siempre profundo del narrador. El estilo de la prosa es seco, de oraciones cortas y taxativas; las descripciones son breves y armonizan con el lacónico pragmatismo del protagonista narrador: Andréy Danílovich Konyaga, el opríchnik , un agente perfecto del terror estatal.
Sorokin -quien también escribió Manteca de cerdo azul, novela que por sus mordaces críticas al Kremlin fue vilipendiada por los simpatizantes del entonces presidente Putin- organiza el cosmos de su ficción con elementos de la historia rusa como la opríchnina , fuerza de choque en el siglo XVI, integrada por fanáticos del imperio, del zar Iván el Terrible, y los combina con los adelantos tecnológicos de 2027, año en el que se desarrolla la acción. De este modo, los personajes se informan mediante burbujas noticiosas, disfrutan de poesía rusa a través de la telerradio Rus, se comunican con teléfonos con visor, utilizan como arma el lanzarrayos de fulgor frío; pero la estrategia estatal de terror emplea los métodos brutales (quema y apropiación de propiedades y bienes de las víctimas, ahorcamientos, violaciones) y la rígida estructura (sostenida por un verticalismo casi místico, por la paranoia, por el tráfico de influencias y por un brazo armado que ejecuta la represión) de los sistemas dictatoriales más primitivos.
El argumento abarca un día completo en la vida de Konyaga. El empleo de la primera persona sirve para tener una visión amplia del perfil del protagonista: por una parte, se lo ve en acción, es decir, en ejercicio del poder y de la diplomacia; por otra, en introspección, a través de monólogos íntimos (manifestados por la narración de un sueño recurrente y por un discurso que emplea el tono y los recursos del género lírico para expresar el imaginario irracional propio de los estados de alucinación) que le agregan espesor a su personalidad. La trama se focaliza en la agenda de Konyaga, que es ardua y de actividades heterogéneas: incluye desde asesinatos hasta negociaciones aduaneras delictivas, pasando por la visita a una vidente, la participación en una orgía y la asistencia al ensayo de una gala festiva en la sala de conciertos del Kremlin. El cronograma de estas actividades está sujeto a las variaciones que pueda disponer la voluntad del responsable máximo de la opríchnina , Padre. Se trata de una figura de autoridad incuestionable, con los ojos puestos en todo, al modo del Gran Hermano de 1984 de George Orwell, que sólo se subordina al Soberano, quien encarna la máxima autoridad en este período de Renacimiento de la Santa Rusia. El país, cuyo Estado repite la estructura piramidal de los gobiernos que lo precedieron, se encuentra aislado del resto del mundo por una Gran Muralla que evita la contaminación de los males de Occidente. Rusia, en el texto, existe en completa soledad, enfrentada a las contradicciones y a la incertidumbre de su problemática nacional.
El tema central de El día del opríchnik es el ejercicio del poder y la inevitable degradación que produce entre aquellos que lo detentan. En la novela, el poder tiene un efecto narcotizante parecido al de los costosísimos Sollos Dorados -peces con efecto alucinógeno que se introducen en el cauce sanguíneo- que Konyaga consigue a cambio del abuso discrecional de su influencia y que luego comparte, en un rito de droga, con Padre. Pero además, Sorokin es diestro para describir en ciertas escenas el espíritu de desmesura, de trágica grandilocuencia que caracteriza al pueblo ruso, por ejemplo, la de la cópula fraternal entre todos los miembros de la opríchnina o aquella en la que los opríchniks se taladran las piernas unos a otros en medio de un voluptuoso rito de hermandad.
El día del opríchnik puede ser leído como mero contrapunto al actual sistema político ruso; sin embargo, su valor no se agota en esta consideración, sino que el texto tiene una entidad mayor: es ese tipo de ficciones que cuenta con la pasión y la riqueza de matices que caracteriza las grandes obras.



