Parte del paisaje
Es aterrador cómo las guerras se vuelven parte del paisaje. Para el muchachito sirio que aparece en esta foto (tal vez un pastor, a juzgar por la oveja con la que parece estar jugando), la guerra no es algo extraño: vive en un país que durante años se desangró en un cruento conflicto interno. Vaya a saberse los relatos que habrán circulado en su familia, los posibles desplazamientos, las muertes cercanas. Tal vez por todo eso no muestra ni una sombra de susto mientras pasa junto a semejante pedazo de misil, hundido en la tierra, insólitamente arrojado -en medio del conflicto en Medio Oriente- en una zona evidentemente rural y (felizmente) fracasado en la misión de explotar. Como las minas antipersonales de la Segunda Guerra que cada tanto se encuentran en distintas zonas de Europa, este misil -posiblemente aún peligroso- quizás quede por años allí, suerte de tótem que debiera causar pavor, pero que por lo pronto genera curiosidad.
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