El poder ya no es lo que era
Series como la estadounidense No Ordinary Family y la inglesa Misfits dan vueltas de tuerca a un tema clásico: ahora, los superpoderes suelen no ir acompañados por el mandato moral de usarlos para salvar el mundo
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Sus vidas cotidianas no tenían más brillo que el del dulce en la tostada del desayuno, pero algo ocurrió y esos seres tan normales adquirieron habilidades extraordinarias. Lo que ni siquiera ellos saben es si esos superpoderes son una bendición o un castigo. Los nuevos héroes deambulan por esa incertidumbre sin poder resolverla.
Mientras que los clásicos superhéroes se reinventan en el cine, la televisión aporta sus nuevas creaciones con suerte variada. No Ordinary Family (Sony) retoma la posta de la desaparecida Héroes , cuyo fracaso probó que no sólo se trata de inventar poderes sino de contar una historia que los sostenga. Mezcla ciencia ficción y comedia familiar (idea ya explotada en la película de animación Los increíbles ) e indaga los cambios de los Powell a partir de sus nuevas habilidades. Pero la apuesta más novedosa la hizo la televisión británica, con Misfits . Aún no estrenada en el país, la serie cuenta cómo cinco jóvenes con problemas de conducta se encuentran en un centro de servicio a la comunidad para cumplir sus condenas y adquieren poderes luego de una misteriosa tormenta. En Misfits no hay dilemas morales ni altruismo: estos héroes son jóvenes con problemas a los que se les agrega un drama mayor. La transformación del hijo de vecino en superhombre siempre genera interés y múltiples posibilidades narrativas. Una mirada sobre estas ficciones deja ver que entre los (anti)héroes británicos y los yanquis -y entre las concepciones de la ficción televisiva en ambos lados- hay más que un océano de distancia.
El término "superhéroe" nació en 1917. Desde entonces, ha pasado mucha agua bajo el puente de los chicos superpoderosos. En los últimos años, la serie Héroes dio el primer paso en una tendencia consolidada y hasta parodiada en el cine por Los increíbles y Hancock . Héroes prometió mucho, logró una gran atención y al final se transformó en el mejor ejemplo de cómo una buena idea puede morderse su propia cola. Tomó nota de Lost (que había comenzado dos años antes) y recurrió a innumerables flashbacks , flashforwards y diversidad de personajes. Luego de cuatro temporadas, la serie naufragó en un "final sin final" que se produjo sobre la base de desgaste, trampas de guión y un puñado de personajes asfixiados por el paso del tiempo. Tras la propuesta, que consistía en mostrar las dificultades de manejar superpoderes provocados por una mutación genética (idea que debe mucho a X-Men ), Héroes derivó en un continuo ir y venir entre buenos y malos, dejó el drama existencial a un lado y se abocó a la presentación de una carrera sin fin por salvar al mundo. La galería de personajes y de superpoderes se expandió hasta el hartazgo y la tensión se desvaneció.
No Ordinary Family parte de esa misma idea que involucra a gente común con poderes extraordinarios, y busca la novedad al instalarse en el seno de una familia tipo de la clase media estadounidense. Después de un accidente en avioneta, los Powell -familia con grandes problemas de comunicación- descubren un buen día que tienen poderes. Ese secreto los une pero también los pone en crisis. Jim, el padre, artista frustrado que hace identikits para la policía, adquiere fuerza extrema; Stephanie, la madre, recibe el don de la velocidad; Daphne, la hija mayor, puede leer la mente; J. J., el menor, se transforma en un genio capaz de incorporar conocimientos en segundos. La vida cotidiana los rodea y atrapa desde el principio, y tal vez por eso el primer capítulo se cierra con una tragicómica escena de terapia de pareja.
La serie hace equilibrio entre la comedia familiar (por momentos, parece emular a Modern Family ) y la ciencia ficción. En este terreno, es buena alumna y utiliza recursos infaltables: hay villanos fantásticos y dilemas morales explicitados de manera didáctica. Tal vez el dato más sugestivo es que en esta serie no hay sangre. Un personaje puede caer de un octavo piso sobre un patrullero sin derramar una sola gota roja. Y al final, casi siempre, una escena reivindica la unión familiar.
Un paso más allá, del otro lado del A-tlántico, esperan los chicos malos de Misfits . "¿Un grupo de jóvenes delincuentes desarrolla superpoderes y ninguno los usa para cometer crímenes? Debería darnos vergüenza", se escandaliza Nathan, uno de los cinco protagonistas. La incursión británica en el mundo de los superpoderosos presenta un toque de distinción: esos seres comunes y corrientes que reciben distintas habilidades son jóvenes condenados a purgar sus penas en un servicio comunitario. Cometieron delitos menores y han perdido toda esperanza de un futuro brillante. Son los parias del sistema. Una tarde, una extraña tormenta los transforma. Adquieren poderes extraordinarios, aunque no necesariamente buenos: Curtis maneja el tiempo, Nelly lee la mente, Alisha provoca una atracción sexual enloquecedora en quienes la tocan, Simon puede volverse invisible, el insoportable y carismático Nathan es inmortal.
Con acidez, como suele hacerlo la televisión inglesa, la serie cuestiona los clichés del mundillo heroico que difunde la visión estadounidense. ¿Por qué siempre son buenos? ¿Por qué una y otra vez se proponen cambiar el mundo? Misfits representa una zancadilla a la creencia de que un gran poder implica una gran responsabilidad. La moral queda a un lado en un mundo definido por el "sálvese quien pueda" que no promete nada a cambio. Al mismo tiempo, Misfits recrea las reglas básicas del género. "¿Ustedes, superhéroes? ¿En qué clase de mundo se permitiría eso?", se preguntan entre ellos. La serie comienza con la furia sonora de The Rapture y ya allí marca la diferencia con una puesta en escena muy cuidada. Es una serie joven y de acento contemporáneo, que demuestra su espíritu en su tono y en el pulso que late en cada escena. Incluso, también, en las redes sociales, ya que los personajes responden preguntas de la audiencia vía Twitter.
En No Ordinary Family , el padre combate el crimen y el resto de su familia lo ayuda. En Misfits , los cinco personajes principales se dedican a cometer todo tipo de delitos. Los primeros no muestran sangre. Los segundos no dudan en exhibir muertos enteros o cortados en partes. En la estadounidense, el sexo no existe. En la inglesa, lo sexual aparece aun cuando no es explícito, porque las hormonas bailan alrededor de los cinco fabulosos. En No Ordinary Family , la familia flamea como bandera; en Misfits , desapareció o está desmembrada. Los superpoderosos yanquis se empeñan en salvar el mundo (o la ciudad, o el país), su razón de ser es la intervención. Por su parte, los chicos de Misfits , en sus temporadas de seis capítulos, aspiran, con suerte, a salvarse ellos. Es una visión oscura y políticamente incorrecta, que en términos narrativos los fortalece.
En la Argentina, la televisión no les ha dado un espacio particular a los superpoderosos. Hasta ahora, el único en animarse con el tema fue Damián Szifrón en Los simuladores . Sin habilidades extraordinarias, sus personajes lograban lo imposible con el mayor de los poderes: el ingenio. Quizás ese don resulte indispensable para que historias como las de los superhéroes transiten la tevé local, donde la victoria siempre cae del lado del drama y el costumbrismo. Mientras tanto, en la ficción anglosajona, las temáticas se cruzan en un juego de espejos distorsionados. Las marcas de estilo las enfrentan: la acidez, el humor negro y el realismo abundan en las series británicas, tanto en el guión como en la puesta; por el lado estadounidense, gana la mirada soft , la omnipresencia de la moral y un optimismo a prueba de balas. El ejercicio de paralelismos también puede hacerse en el mundo geek de una serie como The Big Bang Theory , que en Inglaterra tiene su versión cáustica con The IT Crowd . Del mismo modo, con Modern Family , cuyo tema es la cotidianidad familiar, que en las pantallas británicas tiene su paralelo trash en la genial Shameless , donde se narra la vida de los Gallagher como ejemplo de una clase obrera empobrecida en un barrio de los suburbios. La contraposición también es muy visible en el universo de los superhéroes del siglo XXI, que o bien pueden ser estandartes de la familia como valor supremo ( No Ordinary Family ), o bien, como en Misfits , se constituyen en el emblema de un sector social marginado que adquiere visibilidad. Una mirada a ambas ofrece la certeza de que los superhéroes que elegimos nos representan, porque con su moral redentora o en el cinismo de su humor negro apuntan y dan en el blanco sentimental de la sociedad de la que surgen.




