
El pueblo mexicano celebró la canonización de Juan Diego
El papa Juan Pablo II declaró santo a un indígena, el primero de América Hubo una imponente ceremonia en la basílica de Guadalupe Según la tradición, allí ocurrieron las apariciones de la Virgen La gente bailó, festejó y aclamó al Pontífice
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CIUDAD DE MEXICO.- En la recta final de su 97a. gira internacional, que comenzó en Canadá y concluirá hoy en esta ciudad, un Juan Pablo II agotado, pero vitoreado por millones de mexicanos, canonizó ayer a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el primer santo indígena del continente americano.
Después de una batalla larguísima y cargada de polémicas -aún hay quien asegura aquí que Juan Diego nunca existió-, la elevación a los altares del "indiecito" a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe -patrona de México, de América y de las Filipinas- se interpreta como un intento de acercamiento y de reivindicación de los pueblos indígenas por parte de la Iglesia Católica.
Si bien las comunidades autóctonas de México, uno de los sectores más marginados de este país de 100 millones de habitantes, han sido fuente de fervientes católicos, en los últimos años han protagonizado un paulatino éxodo hacia otras religiones y sectas, un fenómeno que el Pontífice quiere revertir.
Escenario imponente
La canonización de Juan Diego, un hecho histórico para los 12 millones de indígenas mexicanos, tuvo lugar en una imponente ceremonia en la basílica de Guadalupe, a los pies del cerro Tepeyac, donde, según la tradición, ocurrieron las apariciones protagonizadas por San Juan Diego.
Juan Pablo II llegó allí a las 10 de la mañana, después de haber recorrido triunfalmente 20 kilómetros a bordo del papamóvil, encontrando en el trayecto océanos de fieles que le gritaban "¡Juan Pablo, hermano, tú eres mexicano!" Cuando ingresó en la basílica, en un hecho inédito, el médico personal del Papa también apareció en la comitiva. El Pontífice lucía muy cansado, y durante la mayor parte de la misa permaneció sentado, hundido en su trono y doblado en dos, con el rostro rígido y colorado.
Después de proclamar santo a Juan Diego, el público estalló con todo su fervor, agitando maracas y vivando al Papa. Como si fuera un espectáculo más que una misa, decenas de bailarines indígenas comenzaron a bailar, a los saltos, vistiendo antiguos trajes aztecas.
De etnia chichimeca, Juan Diego tuvo su primera visión de la Virgen María en diciembre de 1531. Hablándole en perfecto náhuatl, la "señora del cielo" le encargó que le pidiera al entonces obispo de México, Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Tres días más tarde, la Virgen se le apareció de vuelta, pidiéndole que subiera a la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores para ella.
Pese a la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores lindísimas, que puso en su tilmatli (que significa manta), y se las llevó a la Virgen, que le ordenó que fuera a mostrárselas al obispo como prueba. Cuando Juan Diego abrió su manta ante Zumárraga y dejó caer las flores, en la capa apareció inexplicablemente impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe.
"Es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico", dijo con voz clara el Papa en su homilía, en la que llamó a seguir el ejemplo del nuevo santo, y destacó: "Al ensalzar hoy la figura del indio Juan Diego deseo expresarles la cercanía de la Iglesia y del Papa" a todas las etnias de México y América.
Antonio Vázquez Romero, un indígena del Estado de Jalisco, no cabía en sí de la alegría. "Es un día maravilloso", dijo a LA NACION. ¿Qué significa la canonización de Juan Diego? "Un rayo de luz, que viene a dignificar a la población indígena por años marginada. La esperanza de unidad de todos los pueblos indígenas."
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