
El sexto historial freudiano
En El hombre de la Casa Blanca, Dreidemie revisa la historia de El presidente Thomas Woodrow Wilson, uno de los libros de Freud más ignorados por el medio psicoanalítico.
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VIVIANA DREIDEMIE es psicoanalista y responsable de la exhumación de un texto de Sigmund Freud, El Presidente Thomas Woodrow Wison , ignorado durante años por el establishment psicoanalítico, seguramente porque fue escrito en colaboración con uno de sus analistas, William C. Bullitt, un diplomático estadounidense que había acompañado al mandatario norteamericano -como integrante de su equipo de periodistas- en las negociaciones que dieron lugar al Tratado de Versalles.
Sobre la base de ese texto "secreto" -y de sus propias investigaciones-, Dreidemie escribió El hombre de la Casa Blanca . Un historial psicoanalítico.
Del origen de esa obra y de los pasos que la llevaron hasta el personaje, habla en esta entrevista.
"Yo me dediqué toda la vida al psicoanálisis, y más específicamente a la investigación en psicoanálisis. Eso me llevó hasta el libro de Sigmund Freud y William Bullitt sobre el presidente Woodrow Wilson, un texto deshechado muy prejuiciosamente por todo el medio psicoanalítico, acá y en todos lados".
-¿Por qué?
-Hay varias hipótesis. Pero en principio puede decirse que en ningún lado hay trabajos psicoanalíticos serios realizados sobre este libro. Creo que el rechazo que produjo entre los colegas tiene que ver con el estilo de la escritura. No es un texto de Freud, es un texto escrito en colaboración y escrito, además, con un lenguaje rarísimo, desprolijo, donde sin dudas está perdido el estilo del vienés, que le valió el Premio Goethe de literatura. Pero no por eso deja de tener un gran valor.
-¿Por qué decidió investigar sobre el tema?
-Lo primero que me llamó la atención fue, por un lado, Wilson que aparecía como "el" político, el gran hombre de los Estados Unidos, maestro excepcional; y por otro, el libro de Freud y Bullitt que estaba empantanado en las sombras de la obra freudiana. Tanto es así que la gente más joven casi no lo conoce. Hay una historia muy secreta en relación a la escritura de este libro, que yo voy develando paso a paso a través de la correspondencia entre Freud y sus discípulos. Mi interés nació no tanto por la figura de Woodrow Wilson, sino por el interés que Freud tenía por él. Es un interés (el de Freud) que tiene su historia, porque en la época que se ponen a escribir, hacía ya mucho que él comentaba su deseo de trabajar en el historial de un contemporáneo.
-Ahí aparece Bullitt.
-Claro. Bullitt quería escribir un libro sobre los cuatro grandes del Tratado de Versalles, y Freud inmediatamente le propone trabajar sobre Wilson. Yo despliego esta relación -entre Freud y Bullitt- que no era nada simple, sobre todo porque Bullitt era paciente de Freud.
-¿Puede pensarse este caso como el sexto historial de la obra freudiana?
-Absolutamente. Además, Freud presenta este historial según la lógica de la segunda tópica. Y yo creo también que escriben este historial bajo cierto deseo de matematizar, por decirlo así, la teoría. Pero el libro se iba a llamar "¿El sexto historial freudiano?" Mi propio libro lo es, aunque el de Freud (y Bullitt) también, más allá de que el paciente estuviera ahí o no. Ya había pasado con el Presidente Schreber. En psicoanálisis se trabaja mucho sobre escritos.
-¿Podría hablarse en este caso de psicoanálisis aplicado?
-¿Por qué no? Todos los analistas trabajamos el texto de Schreber para entender la psicosis, y el hecho de que Freud no haya conocido a Schreber no le quita a esa pieza ningún valor. Psicoanálisis aplicado no es una mala palabra, no debe ser vergonzante. No hay que olvidar que Freud da el primer premio de la Sociedad Psicoanalítica Vienesa a Theodore Reik por su investigación sobre el ritual y los mitos religiosos.
-¿Y su propio texto?
-Yo analicé, por ejemplo, las defensas de Woodrow Wilson. Y así me encontré con un personaje de una complejidad impresionante, un tipo muy sensible para captar su propia conflictiva. Es cierto que parto de Freud y de Bullitt, pero después empiezo mi camino. Siguiendo a Lacan, trabajé la voz, la palabra, la infancia de este hombre, muy complicada. Desde muy chico sufre cefaleas, problemas de visión, malestares gastrointestinales, y,-desde los 39 años, hipertensión arterial. Problemas que hoy se llaman psicosomáticos. Revisé sus escritos, sus cuadernos, su correspondencia y sus diarios. Era un hombre que -además de ser un gran orador- escribía muchísimo, y muy bien.
Y no quise cerrar el libro con algo demasiado preciso y claro, sino dejar algún misterio. Por esa razón, en el último capítulo, planteé la transmisión entre abuelos, padres e hijos de ciertos rasgos muy especiales, que en el caso de los Wilson se dio a través de la voz, la palabra, la oratoria y el canto.
Pablo E. Chacón
(c)
La Nacion
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