El Siglo de Oro en clave contemporánea: la escena porteña redescubre el teatro clásico español
Un proyecto conjunto entre las universidades Di Tella, de California y de México presenta dos adaptaciones actuales de obras clásicas, a cargo de Tamara Tenenbaum y los artistas Lolo y Lauti
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Hay una paradoja fascinante en el mapa teatral porteño que refleja, a su manera, una particularidad de la escena internacional. Mientras las adaptaciones de Shakespeare o las relecturas de Chejov vuelven una y otra vez a la cartelera oficial e independiente -en versiones clásicas, irreverentes o vanguardistas-, el riquísimo repertorio del Siglo de Oro español suele quedar postergado frente a las comedias y tragedias célebres del teatro isabelino o el realismo y naturalismo ruso. Es como si castellano original del siglo XVII impusiera una distancia insalvable a la hora de la representación.

Para romper con esa inercia y devolverle al teatro clásico español su espíritu popular, el proyecto internacional “Clásicos españoles, versiones americanas” presenta hoy y mañana en Fundación Cazadores dos obras del Siglo de Oro adaptadas por artistas locales: El mágico prodigioso, de Calderón de la Barca, según la mirada de los performers Lolo y Lauti, y Los malcasados de Valencia, de Guillén de Castro, reinterpretada por la filósofa y escritora Tamara Tenenbaum. Se trata de un trabajo conjunto entre la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina) y la Universidad Nacional de México (UNAM), que se propone revitalizar la tradición de las comedias clásicas hispánicas para el público actual. Las obras se presentan juntas y en dos únicas funciones, una a continuación de la otra, con un intermedio para picar o beber algo.
De la academia al escenario
El proyecto nació en 2013 en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) de la mano de la investigadora y docente argentina Bárbara Fuchs. “Ella empezó a darle vueltas hace mucho tiempo desde la academia a una necesidad de intervenir en la escena teatral, inicialmente en los Estados Unidos, porque veía que estaba muy tomada por el teatro isabelino y poco y nada por el repertorio clásico español. Ella percibió con mucha agudeza la falta de accesibilidad a esos textos que no habían sido traducidos. Es un repertorio teatral enorme”, explicó a LA NACION Karina Galperín, licenciada en Letras y en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, doctora en Lenguas y Literaturas Romances por la Universidad de Harvard y Directora de la Maestría en Periodismo LA NACION/ Di Tella.

Ante esa realidad, Fuchs comenzó a articular un puente directo entre el ámbito universitario y los creadores escénicos. Tras desarrollar experiencias exitosas en Los Ángeles y en México (junto a la UNAM), la iniciativa sumó este año su capítulo porteño en alianza con la Universidad Di Tella. La llegada a Buenos Aires no es casual. La ciudad cuenta con un circuito independiente hiperactivo y, sobre todo, con un público joven dispuesto al riesgo estético.

“A diferencia de lo que ocurre con el teatro isabelino, que nos llega siempre mediado por traducciones contemporáneas, el Siglo de Oro presenta una trampa: es teatro en nuestro idioma, pero en un español tan lejano que muchas veces aleja al espectador. Había que perderle el respeto al texto para recuperar su vitalidad”, explicó Galperín, que fue la responsable de elegir a los dramaturgos y directores que se encargarían de las adaptaciones y la puesta en escena. “Tenía que lograr que esas compañías, que esos dramaturgos, se interesaran. Porque me podían decir que no les interesaba el Siglo de Oro”, agregó.

Entre tantas opciones de la escena porteña, Galperín se inclinó por Tenenbaum y el dúo integrado por Lolo y Lauti por varias razones: “Porque los conocía bien; porque en los dos casos habían trabajado con teatro reversionado y, al mismo tiempo, ninguno tenía vínculos previos con el Siglo de Oro. A mí me interesaba que tuvieran irreverencia respecto de ese teatro y que solo lo aceptaran si les parecía que les generaba algo para decir hoy”.
Dos miradas, dos lenguajes
Así, Tenenbaum tomó una obra singular dentro del repertorio del XVII —una comedia poco habitual que aborda el malestar conyugal y el divorcio— y reescribió la pieza por completo. Al traducir los conflictos amorosos y las crisis vinculares al lenguaje del presente, el texto original sobrevive a modo de cita, canciones y referencias. Su puesta no solo adapta la anécdota, sino que tematiza el propio vínculo que mantenemos hoy con el Siglo de Oro.
“Cuando empezamos con el proyecto le pedí a Karina que me pasara obras que ella pensara que me iban a interesar, porque el universo del Siglo de Oro es inabarcable –contó Tenenbaum a LA NACION-. Y entonces se le ocurrió Los malcasados de Valencia porque termina con dos divorcios, que era una rareza para la época. Por supuesto que era un problema el traspaso a la actualidad porque, justamente, la rareza de la época es algo que hoy no es tal. Ahí apareció el tema de que hay una embarazada y es un tabú, aun hoy, el divorcio de una embarazada. Yo quería hacer una comedia y me parece que estas comedias de enredo viajan muy bien en el tiempo. En este caso, además es teatro musical, con música y canciones”.
Para la autora de Un millón de cuartos propios, entre otros títulos, lo más atractivo y desafiante de las adaptaciones es “partir de un universo que ya existe” porque “eso permite que uno no se quede encerrado ni en sus propios universos ni en la actualidad”. “A mí me seduce todo lo que me haga viajar al pasado. Me gusta que el público vaya al teatro y quiera saber cómo termina la obra. No me interesa que vean una pieza de museo ni que intelectualicen el teatro. Para lograr eso había que reescribir la obra entera. Entonces, conservé la textura del español original en las letras de las canciones de la banda protagónica. Es un grupo de está de gira y hace música del Siglo de Oro en la actualidad”.

Lolo y Lauti, en cambio, apostaron por mantener el texto en verso de El mágico prodigioso, de Calderón de la Barca. La intervención es drástica desde el dispositivo escénico: un despliegue visual impactante, iluminación hipnótica y estética pop extrañan la palabra calderoniana, generando un contraste humorístico y provocador donde el clasicismo dialoga con la sensibilidad contemporánea.
“Este proyecto fue un desafío enorme para nosotros. Tuvimos una etapa de investigación larguísima, parecida a rendir libre Literatura española. Leíamos obra tras obra, pero no terminábamos de enganchar con ninguna, nos costaba atravesar la barrera del lenguaje –reconoció el dúo-. En un momento cambiamos el eje de la búsqueda: en vez de concentrarnos en el texto, empezamos a buscar imágenes, que también tenía más sentido para nosotros que venimos de las artes visuales. Ahí fue clave una especie de curso intensivo que nos dieron Karina y Bárbara. En el Siglo de Oro nacen las salas de teatro como las conocemos hoy, en reemplazo de las troupes itinerantes que armaban en la plaza del pueblo. Y con las salas fijas se desarrolla también la escenografía, los trucos, la espectacularidad. Entonces investigamos las obras más espectaculares, con más trucos escénicos, y así llegamos a El mágico prodigioso. Lo primero que nos enamoró fueron las imágenes. Lo segundo, que era una comedia con un núcleo trágico (el martirio de dos santos) y eso nos volvió locos”.
Los artistas se propusieron “despojar” el texto original “de todo lo que nos mareaba: los criados graciosos, los enredos, los duelos de espada, los cientos de páginas”. Cuentan: ”De las 200 páginas originales nos quedamos con 20. Pero cuando dejamos la trama desnuda, nos encontramos con algo que no esperábamos: entendimos que la obra original ya era una comedia extravagante y maricona en potencia. Nosotros sólo tuvimos que desempolvar las plumas que estaban ocultas en el texto hermético”.
Para agendar
Hoy y mañana, desde las 20, en Fundación Cazadores (Villarroel 1438, Chacarita). Entradas: $30.000, para las dos obras y con consumición. En venta por Alternativa Teatral.



