El Vaticano dice que la New Age contrasta con la fe cristiana
Sostiene una idea de Dios vaga, impersonal
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ROMA.- Angeles, energía cósmica, vibraciones, terapias alternativas, luz, amor. Pensamiento positivo, mantras, chakras, reiki, feng-shui, yoga, la magia de Harry Potter. Aunque parezca increíble, de todo esto y mucho más se habló ayer en el Vaticano, que presentó un documento que advierte sobre los peligros de la New Age, un movimiento que engloba diversos fenómenos incompatibles con la doctrina cristiana.
"Para un buen católico está bien hacer yoga, escuchar música relajante, el horóscopo por radio o leer Harry Potter, pero hay que saber discernir por dónde pasa la verdad cristiana", dijo monseñor Michael Fiztgerald en la conferencia de prensa que acompañó la presentación de este crítico texto sobre la New Age.
"Este movimiento se ha adaptado muy bien a las leyes del mercado y su difusión se debe en parte justamente a su atrayente oferta económica", denuncia el documento, que define la New Age como "la etiqueta para un producto creado sobre la base de la aplicación de las reglas del marketing a un fenómeno religioso".
Elaborado después de dos años de trabajo por el Pontificio Consejo de la Cultura y el Pontificio Consejo para el diálogo interreligiosa, titulado "Jesucristo, portador del agua viva", esta "Reflexión cristiana sobre la New Age" -un librito de 80 páginas- no es en verdad un documento oficial, sino un "informe provisional". Una suerte de guía para que sacerdotes, obispos y todos aquellos comprometidos en la pastoral "puedan explicar de qué modo el movimiento New Age difiere de la fe cristiana".
La era de Acuario
La expresión New Age tomó su nombre de la "nueva era de Acuario", una edad basada sobre la armonía, la comprensión y el amor que iba a venir después de la era de Piscis, identificada con la dominación del cristianismo. En las últimas décadas, el pensamiento New Age, con sus prácticas y terapias esotéricas, se ha vuelto muy popular en el mundo occidental, y también entre muchos cristianos que aprecian aquellos valores que tienen que ver con la libertad, la autenticidad y la autoestima. "Los primeros símbolos de este movimiento fueron el famoso Festival de Woodstock, de 1969, y el musical "Hair", que expuso los temas principales de la New Age en la emblemática canción "Aquarius"", afirma el texto.
Tras reconocer la fascinación que ejerce esta tendencia, fruto de la sed de espiritualidad que hay en un mundo cada vez más caótico, como explicó el cardenal francés Paul Poupard, el Vaticano sentencia que "dada la visión que subyace en la religiosidad de la New Age, es difícil conciliarla con la doctrina cristiana".
Lo esencial del documento está en el capítulo IV, titulado "La New Age y la fe cristiana en contraste". Allí se dice claramente que en este mundo marcado por el relativismo religioso "es necesario poner guardia contra el intento de situar la religiosidad de la New Age en el mismo nivel que la fe cristiana".
Y se enumera, punto por punto, y en forma de pregunta, lo inaceptable que hay en todo lo que es New Age: que el concepto de Dios es muy vago, una energía impersonal; que Cristo es considerado uno entre tantos sabios; que la salvación depende de cada uno, no del amor de Dios; que la verdad tiene que ver con vibraciones, correspondencias cósmicas, armonía, éxtasis y otras experiencias placenteras; que se confunde meditación con oración; que no se considera el concepto de pecado; que se ve el sufrimiento o la muerte como algo autoimpuesto, un karma negativo o la incapacidad de aprovechar plenamente nuestras capacidades; que cree que el futuro es escrito por las estrellas.
Antes, al repasar los puntos principales de este fenómeno, el texto subraya que "uno de los elementos recurrentes de la "espiritualidad" New Age es la fascinación ejercitada por manifestaciones extraordinarias", como por ejemplo los ángeles, que "se han convertido en el pilar del nuevo mercado de libros e imágenes".
El bien, el mal y el amor
Aunque utiliza tonos suaves -jamás utiliza la palabra "condena"-, el documento ataca también las enseñanzas de la New Age que indican que "no existe distinción entre el bien y el mal", por lo que nadie es condenable ni necesita del perdón, ya que "creer en la existencia del mal puede crear sólo negatividad y miedo".
La respuesta a la negatividad, según la New Age, es el amor, "que es energía, una vibración a altísima frecuencia, y el secreto de la felicidad, la salud y del éxito es poder encontrar una sintonía o el proprio lugar en la cadena del ser".
Luego de subrayar que la New Age "tiene una marcada preferencia por las religiones orientales y precristianas, porque las considera incontaminadas de distorsiones judeo-cristianas", el texto explica por qué este movimiento ha tenido tanto éxito.
"Independientemente de las cuestiones que trata y de las críticas que provoca, la New Age es un intento de dar un poco de calor en el mundo tan duro y despiadado en el que vivimos. Como reacción a la modernidad, actúa sobre todo en el nivel de los sentimientos, de los instintos y de las emociones", afirma, sin dejar de hacer al final una autocrítica. Como admitió el cardenal Paul Poupard, "la Iglesia debe preguntarse por qué millones de individuos han buscado satisfacer afuera su sed de espiritualidad".





