“El viaje como experiencia transformadora”: un puente cultural entre España y la Argentina
Una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes, surgida a partir de un intercambio con la Universidad de Granada, permite rastrear los vínculos entre artistas de ambos países durante medio siglo
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Lobo de mar se titula el retrato de un hombre con sombrero y pipa realizado por 1894 por Joaquín Sorrolla y Bastida, comprado por Eduardo Schiaffino en Buenos Aires a fines del siglo XIX para que integrara el flamante acervo del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). “Fue la primera obra de arte español en la colección, que hoy se cuenta entre las más relevantes de arte español fuera de Europa”, señala ahora frente a esa pintura Patricia Corsani, una de las tres curadoras de una muestra que registra una historia muy particular: la de los vínculos entre artistas de España y la Argentina durante medio siglo a partir de 1880.

Todo comenzó gracias a un marchand catalán, José Artal, que organizaba salones en Witcomb. No sólo presentó allí aquella pintura de Sorrolla y Bastida sino también pinturas de otros ya entonces famosos como Fernando Álvarez de Sotomayor y Zaragoza, Eduardo Chicharro y Agüera y Manuel Benedito, que despertaron curiosidad en la escena porteña. “Eran los cuatro artistas más importantes del momento en Madrid. Muchos argentinos, influenciados, vieron esas obras y quisieron viajar para contactarlos”, asegura Paola Melgarejo, otra de las integrantes del equipo curatorial que se completa con Florencia Galesio.

“Esta muestra despliega una lectura inédita –observa Andrés Duprat, director del MNBA, sobre este proyecto nacido a partir de un intercambio de investigadores impulsado por la Universidad de Granada, en Andalucía-. Por primera vez, se ponen en relación obras de argentinos y españoles contemporáneos, del período 1880-1930, desde la perspectiva del viaje como experiencia transformadora”.
![Hermenegildo Anglada Camarasa, "La Chula [Sevillana]", ca. 1913](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/hermenegildo-anglada-camarasa-la-chula-sevillana-AKGZOS62WBAGZBTEJHULQZWAQM.jpg?auth=026e8369541ecdcb8cb959a488b77c1a7f5d54d8b9797b4644d20eb1a9dcd612&width=420&height=763&quality=70&smart=true)
Dos años de trabajo demandó reunir más de sesenta obras del patrimonio del museo y de otras instituciones, de unos cuarenta autores: artistas argentinos que viajaron a Europa y pintores hispanos que visitaron este país en busca de inspiración o para participar en exhibiciones. Además de pinturas, esculturas, grabados, objetos y fotografías hay múltiples documentos que ofrecen contexto de época hasta la Exposición Iberoamericana de Sevilla, inaugurada en 1929, donde la Argentina montó un pabellón que propuso la fusión de la herencia europea con la raíz americana.

Entre estos últimos hay catálogos originales y fotografías como la que presenta a Schiaffino, fundador y primer director del MNBA, posando con un disfraz de moro en Granada en 1906. O la que reúne a Chicharro con varios alumnos, entre los cuales se contaron el mexicano Diego Rivera y el rosarino Augusto Olive, y modelos que según las curadoras pueden reconocerse en retratos realizados por los tres. La exposición incluye Gitana (1908), pintura de Chicharro que integra la colección del museo.

A su lado cuelga Cabeza de niña (1890) de Emilio Caraffa, nacido en Catamarca en 1862. “Se había formado en Córdoba, Buenos Aires, Nápoles y Roma, cuando llegó a Madrid –explica Melgarejo-. Ahí tuvo mucha influencia de Mariano Fortuny, como muchos argentinos de esa generación, pero no se formó con él. Estuvo en Madrid y Vigo, donde lo visitó otro español que admiró sus acuarelas, Francisco Pradilla. Tanto de Fortuny como de Pradilla hay obras en la exposición”.

Al llegar a España, los artistas argentinos se concentraron en registrar las costumbres, los trajes típicos y los paisajes. Buscaban igualar por ejemplo el uso de la luz en las escenas de playa de Sorolla y Bastida, maestro de Chicharro, con las cuales el valenciano ganó fama internacional a fines del siglo XIX. Dos de ellas permanecían guardadas en las reservas del MNBA y ahora vuelven a exhibirse. “Una vez por año, Chicharro los llevaba a pintar al aire libre –observa Corsani-. Sobre todo, a Ávila y a los alrededores. Ahí les daba alojamiento y un lugar para trabajar”.

Entre 1906 y 1907, señalan las investigadoras, una generación de artistas argentinos muy jóvenes llegó a París en busca del “arte nuevo”. Entre ellos estaban Rodolfo Franco, Gregorio López Naguio, Roberto Ramaugé, y Tito Cittadini; varios de ellos se hospedaban juntos en la Rue de Bagneux. “Viajar en barco era relativamente barato, se podía pagar con un mes de trabajo como obrero –asegura Melgarejo-. El problema era alquilar el taller, y subsistir con el frío. Por eso se agrupaban. Es un período de mucho compañerismo todos los latinoamericanos que estaban allá”.

Ellos se acercaron a un maestro que hablaba la misma lengua: Hermenegildo Anglada Camarasa. Además de enseñar en la Academia Vitti en Montparnasse, les daba clases en su atelier de Montmartre, en la Rue Ganneron. “Cuando estalló la guerra, Anglada estaba en Mallorca y ellos lo siguieron –agrega la curadora-. A la isla también fueron otros argentinos: Francisco Bernareggi ya estaba ahí desde 1903, Cesáreo Bernaldo de Quirós hizo viajes entre ese año y 1914, y se sumaron Ernesto Riccio y Octavio Pinto. También pasó por la isla la familia Borges, que se quedó viviendo en Ginebra cuando la guerra los encontró en Europa”.

Otro español que tenía su atelier en Montmartre era Ignacio Zuloaga. Si bien no daba clases hizo una excepción con Jorge Bermúdez, quien llegó a París en 1909. “Todos los otoños Zuloaga viajaba a Segovia, donde se dedicaba a representar bailarinas, toreros y gitanas–relata Melgarejo-. En 1911 y 1912, Bermúdez pudo acompañarlo y aprender a pintar con él”.

Esos dos artistas españoles participaron de la Exposición Internacional del Centenario en Buenos Aires, en 1910. “Fueron las dos grandes estrellas en la Argentina –asegura esta investigadora-. Zuloaga tuvo su propia sala, presentó 36 obras en el pabellón español. Y Anglada se presentó en el pabellón internacional. Los dos ganaron los primeros premios y Sotomayor, que estuvo muy en contacto con la Argentina, una medalla de oro".

Algunos argentinos, en tanto, buscaron a su regreso al país recrear escenas, paisajes y personajes en provincias como Salta, Catamarca y Jujuy. Y sumaron a las técnicas aprendidas con esos maestros, según las curadoras, “su propia perspectiva sobre la geografía local y el arte nacional”.

La experiencia europea también transformó la mirada de otros como Norah Borges y Antonio Berni. En 1925, este último se instaló en Madrid gracias a una beca del Jockey Club de Rosario. Realizó recorridos por Andalucía y Castilla y León, y permaneció un mes en Toledo. Tres años más tarde exhibía en la capital española una serie de bodegones, paisajes y toreros, como uno aportado por la galería Sur de Montevideo para esta muestra que inspira a viajar.

Para agendar:
Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930), hasta el 2 de agosto en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473). De martes a viernes, de 11 a 19.30; sábados y domingos, de 10 a 19.30. En mayo habrá visitas guiadas los miércoles, sábados y domingos a las 18. Entrada gratis.
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