
Elogio de la discreción
Con la misma sencillez con que vivió Rogelio Yrurtia, fueron celebrados los cincuenta años de la creación del museo que lleva su nombre en Belgrano C.
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EL 9 del actual el Museo Yrurtia cumplió medio siglo de vida. A pesar de la importancia de la fecha, no hubo grandes festejos:la ceremonia tuvo la sencillez de aquella otra con la que se inauguró la institución, cuando el escultor y su mujer, la pintora Lía Correa Morales, aún vivían.
Escondida en la zona más apacible de Belgrano C, a metros de las barrancas, la antigua casa del matrimonio es uno de los rincones más secretos y encantadores de la ciudad. Como el Fernández Blanco y el Larreta, el hoy Museo Yrurtia ocupa un edificio que se cuenta entre los mejores ejemplos del estilo neocolonial, arquitectura que en la década del 20 respondió a todo un movimiento de recuperación de los valores hispanoamericanos.
Por esos años, Rogelio Yrurtia (1879-1950) compró la residencia de fines del siglo XIX que existía en la esquina de Blanco Encalada y O´Higgins. La remodeló con ayuda de un arquitecto y, por cuenta propia, diseñó el jardín, un pulmón verde con detalles andaluces, intimista y colorido, en el que sobresale el Combate de box , obra del escultor.
El interior, lleno de objetos preciosos -muebles ingleses, franceses, españoles y flamencos, tapices, alfombras, cuadros cuzqueños, pinturas de Malharro, Della Valle, Correa Morales, Sívori y otros-, conserva un número muy importante de obras de Yrurtia, quien, a pesar de su hispanofilia, trabajó en la línea de Rodin y de Bourdelle.
Fuera de los límites del caserón, las esculturas de Yrurtia jerarquizan el paisaje porteño. El Monumento-Mausoleo a Rivadavia, en la plaza Miserere; el Monumento a Dorrego, en la esquina de Viamonte y Suipacha, y el Canto al trabajo, en la plazoleta que se encuentra frente a la sede Paseo Colón de la Facultad de Ingeniería, figuran entre los más destacados ejemplos de estatuaria pública de la ciudad.






