En busca de la hermandad
El miércoles último fue presentada en el país la Fundación Centesimus Annus-Pro Pontifice, en un acto realizado en la Universidad Católica Argentina (UCA). Esa fundación fue constituida por Juan Pablo II en 1993 para el estudio y la difusión de la doctrina social de la Iglesia. Para presentarla, vino en un rápido viaje al país -interrumpido por un vuelo a Montevideo-, monseñor Claudio Celli, secretario de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede.
Celli fue segundo de la Nunciatura en Buenos Aires durante unos tres años, hasta comienzos de 1982. Aquí conoció y trató a mucha gente, y en el acto se reencontró con muchas caras conocidas. Al mismo tiempo, recordó emotivos sucesos personales. Dijo que conserva una cruz hecha con un hueso usado para una sopa por la madre de un detenido por cuestiones políticas, que se la dio en agradecimiento por lo que había hecho por su hijo. Celli hizo innumerables gestiones humanitarias, muchas de las cuales pasaron inadvertidas y por las que no buscó ningún rédito político o reconocimiento personal.
Al invitar a profundizar en la formación y a dar una respuesta personal a la doctrina social, el prelado dijo que ésta no debe ser admirada por su estructura interna, sino por el testimonio de las obras. El viernes celebró una misa en la capilla de la Nunciatura, ante un grupo de quienes habían sido sus amigos, jóvenes a los que asistía espiritualmente cuando estuvo aquí. La concelebró con el padre Eduardo Graham, que era uno de esos jóvenes y que abrazó el sacerdocio (Celli lo acompañó el día que entró en el seminario). Expresó también que había ido a Luján a confiar a la Virgen este proyecto y a orar ante la tumba del cardenal Eduardo Pironio, "a reencontrar a un amigo que disfruta ya de la vida de Dios". Citó el texto bíblico de José, a quien sus hermanos llamaban "soñador" y quisieron matar, y cómo, en la Providencia de Dios en la historia, fue quien los salvó a ellos, abrazándolos, cuando estaban a puntor de morir de hambre. Animó a descubrir la hermandad, a buscarla y asumirla.
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En estos días se presentará una nueva edición de "Iglesia y dictadura", libro de Emilio F. Mignone, publicado por primera vez hace veinte años, en 1986. El libro, que cuestiona la actuación de muchos prelados y analiza con referencias históricas las relaciones entre la Iglesia y el Estado en el país, en especial durante el último régimen militar, levantó en su momento sarpullidos en algunos ambientes eclesiásticos, que lo estimaron duro o injusto, al tiempo que otros se encontraron reivindicados. En el velatorio del autor, en diciembre de 1998, el obispo coadjutor de Quilmes, monseñor Gerardo Farrell, expresó que si Mignone había criticado a la Iglesia era porque la amaba. Y en su sepelio, en un cementerio de Luján, Antonio Cafiero, que había compartido con él inquietudes juveniles en la Acción Católica, dijo que vivió no sólo el drama de Mónica, su hija desaparecida, sino el de una sociedad trasegada por el odio.




