
En busca del resto perdido
CAZADORES DE HUESOS EN LA PATAGONIA Por John Bell Hatcher-(Zagier & Urruty)-Trad.: Irai Rayén Freire-320 páginas-($ 30) EN EL CORAZON DELA PATAGONIA Por Hesketh Prichard-(Zagier & Urruty)-Trad.: I. R. Freire y S. Zaiger-352 páginas-($ 30)
1 minuto de lectura'
Hay que domesticar a la Patagonia, sacarle el estado salvaje, se decía desde distintos sectores en los años de pasaje entre el siglo XIX y XX, y cada uno lo resolvía a su manera. Roca aplicaba una política ofensiva allí donde Alsina había intentado un plan de integración para asentar la supremacía del blanco en territorio indígena. Bailey Willis, geólogo y autor de Un yanki en Patagonia , buscaba napas de agua para reproducir en el desierto patagónico la senda del progreso que había ayudado a abrir en el oeste norteamericano. Francisco P. Moreno hacía las exploraciones que contribuyeron a trazar los primeros mapas del territorio para ejercer soberanía sobre la naturaleza indómita. Clemente Onelli, que acompañó a Moreno en varias de esas expediciones, apelaba a su cultura de europeo para darle a la Patagonia un lugar entre los referentes del mundo civilizado: en su libro Trepando los Andes comparaba el volcán Lanin con el Fusiyhama -que Pierre Loti describió en su viaje por Japón-, el desierto patagónico con el Sahara, el Nahuel Huapi con los lagos de Italia, el río Limay con el Ganges, las mujeres tehuelches que se bañaban en el río (a las que él espía, dice, con unos anteojos de viaje que le hubieran venido muy bien a los ancianos que espiaban las abluciones de la casta Susana en el baño bíblico) con las mujeres que poblaban las visiones de Antonio el Ermitaño.
Los dos libros con los que la editorial Zagier & Urruty acaba de inaugurar su colección de obras sobre la Patagonia inéditas en castellano se inscriben en ese contexto, en ese momento en el que el territorio es visto como promesa de futuro, de progreso. Cazadores de huesos en la Patagonia, de John Bell Hatcher, narra las tres expediciones en busca de restos fósiles que la Universidad de Princeton hizo entre 1896 y 1899 por una región que, a partir de los trabajos de Florentino Ameghino, empezaba a generar interés entre los científicos del mundo. En el corazón de la Patagonia es el relato del viaje que Hesketh Prichard hizo entre septiembre de 1900 y mayo del año siguiente, enviado por el diario británico Daily Express . Cada uno de estos relatos encarna a su manera ese discurso de la promesa, contribuye a conformarla.
Prichard parte en busca de un animal desaparecido hace millones de años, el milodonte, al cual se creía entonces pertenecía el pedazo de piel recientemente encontrado en una caverna patagónica. Ese pedazo de piel había dado lugar a una polémica entre Francisco Moreno y Florentino Ameghino que En el corazón de la Patagonia reproduce en un apéndice final: mientras el primero niega rotundamente la hipótesis de la supervivencia de la bestia hasta aquellos días, el segundo deja abierta una posibilidad. La contienda es interesante para ver distintas formas de acercamiento al objeto de estudio, distintas retóricas del saber: lo que en Moreno es reposada puesta a prueba de hipótesis, en Ameghino aparece como esa intuición exaltada que puede conducir a la verdad más oculta o al simple disparate.
Como Prichard no encontró restos del animal -intriga que el autor se encarga de destruir desde las primeras páginas- se dedicó en cambio a hacer observaciones acerca de las cuencas lacustres, de los recursos naturales aprovechables en la Patagonia y de los rubros que habría que mejorar para que esos recursos puedan, en efecto, ser aprovechados. Como si escribiera para un lector interesado en las posibilidades comerciales de la región -lo que también incluía, entonces, la preocupación por las divisiones finales del terreno que harían Argentina y Chile una vez que lograran resolver su conflicto limítrofe- más que para un lector, científico o no, preocupado por las huellas de un animal supuestamente desaparecido hacía añares.
Los componentes altamente literarios del relato que el autor descartó con esa elección fueron retomados con el tiempo por otros escritores británicos. Arthur Conan Doyle parece haber tomado algo de Prichard para armar al doctor Challenger de su libro El mundo perdido , ese científico obsesionado por encontrar iguanodontes y tigres de dientes de sable extinguidos. Y en Patagonia , Bruce Chatwin justifica su pasión infantil por el territorio a partir del pedazo de piel de milodonte que su tío abuelo había mandado desde el Estrecho de Magallanes y que su abuela tenía guardado en una vitrina. En algún momento de su libro, incluso, concede hacer una mención al relato de "un tal Mr. Prichard".
Cazadores de huesos en la Patagonia , el otro libro de esta colección, es en realidad una compilación de los extractos narrativos de la obra en siete volúmenes que la expedición de la Universidad de Princeton, comandada por John Bell Hatcher, hizo por la actual provincia de Santa Cruz. El libro de Hetcher tiene la precisión del relato naturalista, la ironía del diálogo de salón y la emoción de la crónica de supervivencia.
A lo largo de ese viaje -en el que él y sus ayudantes llegaron a recolectar toneladas ( sic ) de fósiles que iban enviando regularmente a Nueva York para que fueran estudiados- Hatcher dialoga y discrepa con Ameghino, con Moreno y con Darwin, quien unos sesenta años antes había hecho las primeras observaciones geológicas sobre la región. La cuestión con Darwin no le resulta simple: por un lado admira la vigencia de sus observaciones y agradece lo que hizo por allanar el terreno de científicos posteriores; por el otro, se ve obligado a encontrar la forma de oponerse a las observaciones darwinianas que asentaron la imagen de la Patagonia como tierra estéril, carente. Cosa que resuelve, en gran parte, mirando como miran los buenos coleccionistas: inquisitiva, reveladoramente. Las dos páginas finales de su relato -en las que sugiere mirar las mesetas patagónicas con un cambio de perspectiva: menos como una planicie monótona que como un cúmulo de cráteres extintos, de cañadones profundos y de rocas sedimentarias en las que se encuentran restos de una vida animal de lo más variada- son una de las diatribas más acertadas que se hayan escrito hasta ahora contra el mito de la nada patagónica.
1- 2
Balance positivo: Arco cierra con alto protagonismo de las galerías y los artistas argentinos
- 3
“Vende humo”: Marcelo Birmajer critica a Yuval Noah Harari y a otros intelectuales israelíes por el “silencio” ante la guerra
4Del libro a la pantalla: las adaptaciones que marcarán el cine y el streaming en 2026


