
En defensa de la mujer
La escritora chilena habla de su nueva novela
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Es un regreso singular el de Isabel Allende a la Argentina. Llegó para presentar su último libro, “Inés del alma mía” (Sudamericana), pero no viajó sola: la prolífica novelista chilena ha venido con su marido, el norteamericano William Gordon, que la acompaña en calidad de novel autor de un thriller, “Duelo en Chinatown” (Ediciones B), para cuya escritura ella lo alentó sin desmayo.
La escritora ha comenzado una gira extenuante. Hasta el mes próximo se prodigará en las presentaciones, en español, en Europa. Y desde noviembre, en inglés, atenderá las de Estados Unidos. Sin embargo, su llegada a Chile, la semana pasada, no pudo ser más satisfactoria: la presidenta del país trasandino, Michelle Bachelet, la recibió en el Palacio de la Moneda, donde ambas conversaron durante dos largas horas.
La novela de Allende se basa en la historia real de Inés Suárez, una costurera española nacida en 1507 y muerta en 1580, que viajó al Nuevo Mundo en busca de aventuras y cofundó el reino de Chile junto con Pedro de Valdivia, de quien fue confidente y amante. Allende, con 35 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y traducida a 30 idiomas, autora de "La casa de los espíritus" y "De amor y de sombra", entre otros títulos, escribió sobre Inés Suárez movida por la necesidad de reivindicarla y echar luz sobre la vida de una mujer extraordinaria.
"Los historiadores sólo mencionan que Inés encontró agua en el desierto, que defendió la ciudad de Santiago y que fue la fundadora de las primeras iglesias, ermitas y hospitales. El resto es fruto de mi investigación. Al estudiar a los conquistadores fueron emergiendo su circunstancia, su tiempo y la escenografía de su vida. Entonces, ya me resultó más fácil imaginarla", contó la escritora a LA NACION.
Cuando Inés Suárez entró en su vida, Bachelet no era aún candidata a la presidencia. "Fue una buena coincidencia presentar el libro en Chile cuando ella es presidenta -dice ahora Allende-. Hay una energía femenina que se nota en el aire del país, en la gestión, en la administración pública."
-¿Se siente satisfecha con la llegada de una mujer a la presidencia de Chile?
-Sí, tengo una enorme satisfacción, pero también una especie de angustia. A los 20 años comencé a darme cuenta de la situación de la mujer y suponía que las cosas cambiarían. Luego vinieron el cambio y el golpe militar, que fue un exceso de machismo y echó para atrás muchas conquistas, modificando el tono de la cultura chilena. Pasaron más de 40 años y se obtuvo mucho, pero aún queda mucho por hacer, y lo conseguido se puede perder. En Afganistán, en muy poco tiempo, las mujeres perdieron sus derechos con el régimen talibán. Las primeras víctimas de la guerra son las mujeres y los niños. Somos el daño colateral. En el caso de los conquistadores, por ejemplo, la violación de las indias era una política.
-¿Con qué aspectos de la personalidad de Inés Suárez se identifica?
-Con la pasión amorosa. Era capaz de ir al fin del mundo y enfrentarse con la raza más aguerrida de América, los mapuches, por amor. Ella no lo hacía por la gloria ni por la fama ni por el oro. Lo hacía porque estaba enamorada de Pedro de Valdivia. Y un segundo aspecto era su afán de fundar. Ella salva las semillas, trae el ganado, planta y pone los cuatro palos de la catedral. Tiene un rasgo práctico y creativo, lo que incluye el don de encontrar agua. Era zahorí. Y ése es un dato real. El ejército de Pedro de Valdivia pudo cruzar el desierto de Atacama porque ella encontró agua. Mi abuelo también tenía ese don.
-¿Por qué los emigrantes de sus novelas tienen la posibilidad de construir una vida mejor, cuando hoy hay millones en el mundo que carecen de esa oportunidad?
-En el mundo hay muchos inmigrantes que pueden encontrar una vida afortunada. Es posible que no haya refugiados con una buena vida, pero los emigrantes la consiguen. Cuando veo en los Estados Unidos la pésima calidad de vida de los inmigrantes latinos, nunca me olvido de que siguen llegando porque en sus pueblos de origen viven peor. Sus hijos serán norteamericanos y tendrán una vida mejor. Yo recorro mucho el país y en muchas partes, en un alto porcentaje, ya son segunda o tercera generación de latinos. Mantienen la lengua y han prosperado.
-¿Pero eso no cambió después del 11 de septiembre de 2001?
-Se les hace muy difícil, pero siguen llegando. Y arriesgan la vida. En los Estados Unidos hay un sentimiento de xenofobia creciente. Con la disculpa del terrorismo y de la seguridad se viola la Constitución. Después de aquel atentado comparto con los americanos el sentimiento de vulnerabilidad. Esa seguridad ingenua de que a ellos no puede pasarles nada se terminó. En la vida diaria, en los aeropuertos, sobre todo cuando uno viaja, se percibe el recorte de libertades. Los opositores a Bush, entre quienes me cuento, vivimos muy conscientes de esto y se denuncia. El gobierno de Bush ha sido nefasto para los Estados Unidos y para el mundo.
-¿Hay en su obra una necesidad suya de entender Chile?
-No es consciente. Escribo sobre Chile porque me resulta muy fácil. Lo llevo adentro. Tengo que investigar los datos, pero no la idiosincrasia. Yo sé perfectamente cómo eran Pedro de Valdivia e Inés Suárez, porque de ahí procedemos. Pertenezco allí, a pesar de que llevo 30 años viviendo fuera de Chile.
-¿Se sintió limitada por la verdad histórica al escribir esta novela?
-Tenía que ser fiel a la historia, que te da mucho, pero también te limita. No podemos olvidarnos de que la historia la escriben los hombres, los vencedores y generalmente los blancos. No están la voz del indígena, la de las mujeres ni la de los derrotados. Hay allí un mundo por explorar. Había 120 españoles que llegaron a un valle central donde calcularon que habitaban unos 10.000 aborígenes. Los españoles fueron un puñado de bribones corajudos que llegaron a un lugar donde había una cultura, y se produjo una masacre brutal. De allí surgieron otra raza y otra cultura. Pero escribir esta historia no hubiera sido posible sin contar la presencia de los mapuches, que siguen siendo una raza invencible que nunca fue derrotada.
-¿Cambió su percepción de la historia a partir de esta novela?
-Siempre tuve el corazón con el indígena, con el derrotado, con el que pasó 500 años de ocupación. Pero al estudiar la historia no puedo menos que admirar lo que este puñado de españoles hizo. Eran increíbles, con un coraje que ni siquiera podemos imaginar. Tenían una ambición brutal. Por otra parte, los mapuches, pueblo guerrero, no eran crueles ni conocían la tortura. Y además tenían tradición oral y una lengua poética.


