En La Boca de todos
La retrospectiva de Quinquela descubre facetas desconocidas del artista que conquistó la escena internacional pintando su barrio.
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A Quinquela Martín (1890-1977) lo conocí por primera vez cenando en casa de mis padres, en compañía de su amigo Juan de Dios Filiberto. En el comedor de casa colgaba un cuadro pequeño, obsequio del maestro, debo suponer por alguna consulta médica. En aquella oportunidad, me atreví tímidamente a mostrarle a Quinquela algunas telas por mí manchadas. El maestro opinó sobre ellas con benevolencia. Con el andar de unos pocos años, tuve la osadía de exhibirlas en la Galería Peuser y fui duramente atacado por la crítica. Dos artistas solamente se acercaron para alentarme; el uno, mi contemporáneo Tomás Maldonado y el otro Benito Quinquela Martín. Por suerte no hice sufrir mucho más a los críticos ya que una fuerte vocación literaria se apoderó de mí, y la Musa celosa de la pintura me abandonó por completo. Aún así, había quedado sellada una amistad con Quinquela que duró hasta la desaparición del maestro. Muchas fueron las oportunidades en que lo visité en su taller de La Boca. Recuerdo una con Cecilio Madanes con motivo de la genial idea de Cecilio de llevar adelante la empresa teatral en Caminito y que contó con la bendición de Quinquela.
Conocida es la historia, que le oí narrar de sus propios labios, de sus orígenes en la Casa Cuna donde había sido expuesto con finos pañales. Menos conocida quizá su anécdota española cuando, en vísperas de la inauguración de su muestra madrileña, encargó el prólogo para el catálogo de la misma a su amigo, nuestro compatriota Ghiraldo. La discrepancia tajante con el entonces cónsul (quien prefería el prólogo de un crítico español) derivó tras no limitadas asperezas en la renuncia de su modesto cargo en el consulado, ya que Quinquela se negó a modificar su ya cursado pedido Tuvo aquel prólogo de Ghiraldo, que costó el puestito a Quinquela, el vaticinio de considerarlo "hombre nuevo americano". Se trata de un concepto de origen paulino (lo supiera Ghiraldo o no) cuando en una de sus epístolas San Pablo recomienda: "Revestíos del Hombre Nuevo", referencia a la nueva conciencia cristiana.
Además de formidable artista, Quinquela fue benefactor de su barrio con sucesivas donaciones que culminaron en el Lactario, la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela para niños que puede visitarse, donde pintó murales y cuadros para todas las aulas, el Teatro y su magnífico Museo, en buena medida formado en base a canjes de sus propias obras. Los artistas argentinos de la Escuela de París lo miraban de reojo hasta que acudí con la insobornable Raquel Forner a ver una obra de Quinquela y con sus sinceridad nunca desmentida hubo de decirme: "En verdad es un gran artista".
Como otros artistas de repercusión popular (Molina Campos) hubo mucho que bregar para que fuesen admitidos en los cenáculos de los más "cultos". Entre las muestras retrospectivas de Quinquela merece ser recordada la que hace una treintena de años se hizo en este mismo Palais de Glace (1974) en vida del maestro, con motivo de su premio del Fondo Nacional de las Artes. También la del Museo Nacional de Bellas Artes de 1991 organizada por la Fundación Pettoruti. Esta muestra supera en extensión y en riqueza a todas las anteriores. Consideremos que además se puede ver la colección completa de las aguafuertes, que colocan a Quinquela en una perspectiva que muchos ignoraban. Por su jerarquía algunos de estos grabados son comparables a las cárceles de Piranesi.
No es fácil ubicarlo estilísticamente a Quinquela. Para James B. Mason, curador de la Tate Gallery de Londres, por su intensidad solo se lo puede comparar con un pintor moderno, Vincent Van Gogh. Recordemos que Van Gogh murió a los 37 años, de tal modo que su producción, pese a su febril inspiración, mal podía acanzar la magnitud del maestro boquense quien llegó a los 87 años de ininterrumpida labor. De allí que lo que aquí se muestra es en verdad apabullante, tanto por cantidad como por calidad. Los murales lo ambientan con comodidad en el Art Deco, pero bien entendido que se trata de un Art Deco muy personal, un paisaje boquense en que las figuras parecen atornilladas a las telas, resultado quizá de haber sido él mismo carbonero y estibador, haciendo entregas de bolsas de la carbonería de su padre adoptivo Chinchella, con cuyo nombre firmó hasta 1920. Escenas portuarias, de fragua, fogatas, el todo envuelto en estallido de colores a los que se mantuvo fiel en casas boquenses, en el trolebús y en su propio ataúd. Perderse esta muestra de Quinquela es laguna irreparable para quienes amen al arte y al pueblo del que somos parte inalienable. Belleza y bondad van aquí de la mano, como lo quiso Quinquela.
( En el Palais de Glace, Posadas 1725, hasta el 5 de noviembre. )
De pinceles y versos
Las pinturas de Juana Butler son en las palabras del poeta Enrique Molina: "imágenes que hacen señas bajo la superficie, polarizan sueños, azuzan la imaginación de descubrirlas para, inmediatamente, tomar nuevas e imprevistas apariencias". No es casual que un poeta de la estatura de Enrique Molina dé en la tecla para captar esos sueños de la imaginación que Juana Butler va revelando a lo largo de años de fructífera e inspirada labor.
Sus técnicas son diversas; lo que prevalece es la sensación de mundos captados en hondura que arremolinan colores en la superficie, colores siempre delicados, nunca estridentes que se van ensamblando a través de formas donde en algunas instancias prevalecen las rectas, en otras las curvas, siempre armoniosamente en sus contenidas gamas.
Aunque se preste a malos entendidos, podemos afirmar que Juana Butler es una poeta del pincel. Sus evocaciones de mundos perdidos, de antiguas pirámides, de torres y de ciudades evanescentes, están puestas al servicio de un oficio de rara probidad y honda sabiduría anímica. Su arte merece nuestro respeto y nuestra admiración.
( En la Galería Hara Bana Studio, Ricardo Rojas 491, hasta el 29 del actual )
Mara Marini es artista de amplia y reconocida trayectoria. A su originaliad y buen gusto une la formación de haber asistido a la Brera de Milán, lo que es una acertada explicación de la excelencia de sus dibujos. En esta oportunidad ha querido regalarnos con una serie primordialmente dedicada a las cartas de la baraja francesa, al punto que ha hecho imprimir estas imágenes en juegos de cartas que son otras tantas joyitas para los amantes del poker o del bridge. En los más de los casos los dibujos van acompañados con collages multicolores, lo que resulta placentero para el contemplador. Temo que podría llegar a distraerme jugando con los naipes de Mara y que esa distracción podría llegar a hacerme perder un grand slam, doblado y redoblado. Aún así, tendría el consuelo de que la gran ganancia está reservada a esta nueva conquista del arte de Mara Marini.
( En Galería Lo Scarabeo, Vicente López 1661, hasta el 30 del actual. )
Solidario
Es imposible pensar en La Boca sin asociarla con el pintor que eligió La Vuelta de Rocha como fuente de inspiración. Las escenas portuarias tienen en su caso un fuerte tinte autobiográfico, al pintar contaba también su vida y el tránsito de la pobreza del hogar paterno a la fama internacional. La amistad con el presidente Alvear y el halago del público no lo alejaron jamás de su gente: levantó en su barrio un lactario, y una Escuela de Artes y Oficios.



