En sus marcas
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Dos años llevan esperando. Dos años de contención, retiro, tapabocas, a veces miedo, otras fastidio. El Oktoberfest estuvo en gateras hasta que este año, en Munich, se desató. Cerveza, atuendos tradicionales, música, más cerveza. Y atracciones de feria. Y juegos como el que se avista en esta foto, uno de esos dispositivos solo aptos para vísceras resistentes y espíritus templados (o, en todo caso, audaces). Allá están los participantes, chicos y chicas con ganas de desafiar el vértigo: en segundos habrá movimiento, gritos, esas carcajadas en las que el miedo es parte del asunto. Se supone que la risa es una de esas pocas, definitivas, cuestiones que nos separan del mundo natural. Risa, lenguaje, cultura. Y sus derivados, que a veces descienden en las tinieblas de la crueldad, el homicidio, la guerra. Y otras ascienden, en versión sagrada o profana, a esa cita imprescindible: la fiesta.
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