
Enigmas de Freud en Nueva York
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La interpretación del asesinato
Por Jed Rubenfeld
Anagrama/Trad.: Jesús Zulaika/537 páginas/$ 49.50
Dos misterios presiden La interpretación del asesinato , primera novela de Jed Rubenfeld. Uno se basa en un hecho real: la única visita de Sigmund Freud a Estados Unidos en 1909, en compañía de su entonces discípulo Carl Jung. El otro aborda un informe policial en Nueva York que se inicia con el caso de una joven torturada y estrangulada en un dormitorio del rascacielos Balmoral. Primero un forense y luego el detective Jimmy Littlemore se ocupan de la investigación. Ambas tramas se entrelazan cuando la adolescente Nora Acton es víctima de un ataque similar. Como la chica parece no recordar nada sobre la agresión, el alcalde le pide a Freud que intervenga para ayudarla a recuperar la memoria y éste delega el tratamiento en el flamante doctor Stratham Younger, un discípulo estadounidense. Younger colabora en la investigación desde su perspectiva médica y es el narrador de gran parte de la novela.
La interpretación del asesinato , cuya acción se desarrolla en una semana, sobresale por una minuciosa reconstrucción de época, con un fresco de la alta sociedad neoyorquina. El marco histórico, siempre tratado con moderación, incluye un panorama de las teorías psicoanalíticas de principios del siglo XX. Rubenfeld es un experto en Derecho Constitucional y ha escrito una tesis sobre Freud quien, durante su permanencia en Estados Unidos, debió enfrentar una infame campaña en su contra orquestada por tres prestigiosos neurólogos miembros de la escuela somática, según la cual "toda enfermedad nerviosa se debe a una anomalía neurológica, no a causas psicológicas". Otro elemento importante en la obra gira alrededor de la progresiva ruptura entre Freud y Jung: sus discusiones ficcionalizan situaciones que se habrían dado en la realidad. A través de las conversaciones y sesiones terapéuticas va surgiendo un diccionario elemental de términos clínicos como histeria, neurosis, represión, transferencia, sadismo y masoquismo. De la mano del inconsciente y ya en terreno literario, se propone un tercer enigma relacionado con Hamlet y se ofrecen diferentes soluciones. A la interpretación edípica de Freud sobre la incapacidad para actuar del príncipe, se contraponen las explicaciones de Goethe y de Jung. Los titubeos del personaje de Shakespeare para consumar su venganza obsesionan a Stratham Younger, que aporta su propia hipótesis.
Los diversos materiales de la novela están balanceados con habilidad y garantizan una secuencia en la que no falta la previsible historia de amor entre Nora y Stratham. A pesar de un arranque filosófico ("No hay misterio en la felicidad"), la obra pronto desciende a niveles más convencionales y se conforma con diseñar un digno entretenimiento cultural. El suspenso se sostiene, pero el desenlace decepciona por tres motivos: las expectativas acumuladas a lo largo de tantas páginas no terminan de colmarse; se infiltra un resignado fastidio por las intrincadas idas y venidas en la trama; y, por último, se advierte una manipulación tramposa en la presentación de algunos datos esenciales. Estos defectos son usuales en los policiales de extensión desmesurada y seguramente serán disculpados por los devotos del género. Los aficionados a los temas psicoanalíticos, en cambio, notarán que, en el enfrentamiento entre Freud y Jung, Rubenfeld toma partido por el primero: saca a relucir los trapitos sucios del suizo mientras conserva una imagen impoluta del austríaco.
Felipe Fernández
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