Entre el misterio y la ironía
Raúl Alonso en el Palais de Glace; el personal mundo de Silvina Benguria en Sara García Uriburu, y la retrospectiva de dibujos de Osvaldo Attila
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Más de un centenar de obras del maestro dibujante y pintor Raúl Alonso nos depara esta megamuestra organizada y curada por Ignacio Gutiérrez Zaldívar de Galería Zurbarán, al tiempo que nos presenta un espléndido libro de su autoría sobre el artista homenajeado, a diez años de su muerte, acaecida en 1993.
Raúl Alonso nació en 1924 en Buenos Aires y era hijo del pintor español Juan Carlos Alonso (1886-1945), director de Caras y Caretas y de Plus Ultra, y de quien se exhiben varias obras.
Como era de suponer, Raúl desde niño manejó con destreza el lápiz conducido por la mano maestra de su padre. Luego de haber visitado los países mediterráneos europeos, así como Inglaterra, Bélgica y Holanda, a los que más tarde se sumarían países de América, se destacó como artista gráfico y como ilustrador, dejando testimonios de su genio dibujístico en libros de Manuel Mujica Láinez, Claudel traducido por Victoria Ocampo, y los de Girri que han pasado a ser famosos: "Los diez mandamientos", y "Amatoria". Cabe señalar que obtuvo los máximos galardones que se otorgan a un dibujante en nuestro país.
Pero sería poco feliz demorarnos tan sólo en sus magistrales dibujos. Raúl Alonso era pintor en toda la extensión de la palabra. Incomparable creador en el pastel, también se mostró de muy alto vuelo a la hora de manejar el óleo sobre tela o las acuarelas y tintas sobre papel. Fiel al dictado de Ingres: "El dibujo es la probidad del arte", construyó todo su andamiaje a partir de esas sólidas conquistas. Desde sus obras más tempranas hasta las más tardías, Raúl Alonso se mantuvo fiel a la exigencia de la calidad, que es la suprema aspiración de todo arte. Tan sólo que la probidad del oficio no es condición suficiente, aunque necesaria; para llegar a la jerarquía del gran artista, además se precisa estar tocado por el ángel de la inspiración. Para que ese ángel nos visite hay que estar en estado de gracia estética, lo que implica la gracia ética. Atento, Raúl Alonso supo atrapar ese misterio que lo visitaba con frecuencia haciéndole como Jacob confesar su nombre.
En muchas instancias, el nombre es el desnudo parcial o total de la mujer, en otros son planos o columnas o complejos laberintos que hubiesen encantado a Borges.
Interesa destacar que el clima de Alonso es invariablemente misterioso, delicado, susurrante; nunca alza la voz de sus pinceles o de sus lápices.
Un importante grupo de pinturas y alguna escultura de sus amigos se despliegan para homenajear a este caballero de las artes. Manteniéndose todas estas obras en el más alto nivel, recuerdo los nombres de Guillermo Roux, Juan Carlos Liberti y Mara Marini, entre otros. Se trata de una muestra para ser visitada en más de una oportunidad.
(En el Palais de Glace, Posadas 1725, hasta el 28 de septiembre.)
El reino de la fantasía
Hay artistas que por sus modalidades estilísticas son muy difíciles de ubicar; ni clásicos o románticos, ni lineales o tonales. Prefiero ubicarlos bajo el rótulo de personalistas, esto es, pertenecientes a una corriente que denomino "Personalismo". Ello alude al "per sonare" del dispositivo de las máscaras actorales de épocas antiguas cuando el teatro era al aire libre. De allí "persona" y "personalidad". Lo que sobresale en el caso de estos creadores son las características cuya clave reside en sus respectivas personalidades.
Es a esta categoría de pintores a la que pertenece Silvina Benguria. Podremos indicar que su obra es figurativa, que despliega escenas urbanas, playeras o de puertas adentro, que están pintadas con acrílico sobre papel, pero poco y nada habremos avanzado para transmitir nuestro entusiasmo al lector aproximándolo a la degustación de estas obras. Lo de Silvina se inscribe primordialmente en el terreno de la fantasía. No es mentalista, ni sentimentalista; el centro psíquico de donde emanan estos hombres y mujeres lo imagino situado en la zona eléctrica que nos rodea pero que no se puede ver.
Gordas y galerudos responden a sus propias leyes tocados por un humor tan fino como irónico. A veces se añade a la dimensión de lo grotesco con algún collage que enfatiza una coronilla.
¿Adónde nos quiere hacer llegar Silvina Benguria? En primer lugar a la buena pintura; sabemos con Picasso que las ideas no se pintan, lo que se pinta es la pintura. Y aquí hay pintura de la mejor ley. Hay gran dominio formal y artesanal. Silvina sabe pintar y no lo oculta. Sus equivalencias plásticas aluden a la anécdota, pero no se demoran en ella. De inmediato saltamos al trampolín de lo pictórico y dibujístico que nos conduce a la dimensión de lo trascendente como debe ser. Poco importa si se trata de tragedia o de comedia; lo que importa es incursionar en aquel mundo del ensueño del que nos habló Shakespeare y que rodea nuestras vidas.
Asomarse a esta muestra es darse un baño de fantasía conducidos por una guía experta.
(En Galería Sara García Uriburu, Uruguay 1223, hasta el 13 de septiembre.)
Lección de dibujo
Hemos dicho y repetido que en nuestro país se encuentran algunos de los mayores creadores en el mundo del arte contemporáneo; bien entendido que por contemporáneo nos referimos a aquello de mayor calidad de esta época y no, como creen los advenedizos, aquello de más novedoso que a menudo ingresa en la categoría de lo mediocre.
En el más alto nivel de creatividad artística ubicamos esta magnífica retrospectiva de los dibujos de Osvaldo Attila. Desde la figura humana hasta el caballo, Attila nos deslumbra con sus juveniles carbonillas en las que se autorretrata hasta las técnicas mixtas donde carbonilla y tintas se entremezclan. Sabemos que tan luego Miguel Angel le huyó al caballo a diferencia de Leonardo, cuyo célebre corcel fue fundido en nuestra época a partir de dibujos y planos que se conservaban. Attila sorprende no sólo por su maestría lineal sino por la fuerza expresiva de sus trabajos. En "Y ahora qué?", del Museo de Quilmes, hay una mano en escorzo que desafía los imposibles. Incansable en su labor docente, Osvaldo Attila nos regala esta muestra como una lección de dibujo que conviene tener presente.
(En el Museo Sívori, Av. Infanta Isabel 555, hasta el 28 de septiembre. )
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