
Entre el vuelo y la caída
DESDE LAS ALTURAS Por Chang-rae Lee-(Anagrama)-Trad.: Jesús Zulaika-395 páginas-($ 69,70)
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En su tercera novela el escritor coreano-americano Chang-rae Lee (1965) presenta uno de esos personajes elusivos, extranjeros de sí mismos y del mundo que los rodea, que ya comparecían en sus narraciones previas. El espía desconcertado en medio del diario ejercicio de simulación que protagonizaba su aclamado debut En lengua materna , al igual que aquel anciano emigrante japonés que escondía detrás de una fachada circunspecta un pasado de oprobio y restallante horror en la magnífica Una vida de gestos , ya prefiguraban a Jerry Battle, un casi sesentón que sobrevuela su vida encaramado en una avioneta, reacio a asomarse a los paisajes de dolor que la circundan.
Lee prueba su magisterio en la confección de un personaje espinoso y huidizo, que no anhela la empatía con el lector y que, sin embargo, acaba conquistándolo. La escritura elusiva y reticente, pero también extraordinariamente observadora, construye ante los ojos del lector una vida que, bajo una apariencia de apacibilidad y mentiras piadosas, esconde sótanos donde se agazapa la desolación. Como el propio narrador, el lector descubre, a medida que la novela avanza hacia su desenlace, que la frontera entre el vuelo y la caída, "esa frontera que Jerry Battle se obstina en soslayar", es mucho más sutil de lo que hubiese podido imaginar.
El protagonista se las ha ingeniado para sobrellevar una existencia pacífica, sin llegar a comprometerse demasiado con las personas que lo rodean. Como cuando entretiene sus ocios pilotando, Jerry mira el mundo olímpicamente desde una atalaya. Nada parece perturbar esa especie de ataraxia o beatitud, ni siquiera las diversas catástrofes familiares que se desatan a su alrededor. Jerry ha internado a su padre, enfermo y desmemoriado, en una residencia de ancianos; su mujer, Daisy, de origen coreano, falleció muchos años atrás, en circunstancias todavía no dilucidadas, después de padecer un crudelísimo trastorno maníaco-depresivo; durante más de veinte años, Jerry ha compartido sus días con Rita, una portorriqueña que se encargó de la crianza de su prole y que ha terminado por abandonarlo, tras comprobar que jamás la convertirá en su esposa. Sus hijos, por lo demás, afrontan situaciones de ruina material o física: Jack, que ha heredado el negocio paterno, se ha endeudado hasta merodear la bancarrota, en su afán inmoderado por ampliarlo; Theresa, una profesora universitaria razonablemente sarcástica, acaba de quedarse embarazada y de descubrir que padece cáncer.
Este cúmulo de infortunios no logra, sin embargo, quebrar la máscara de impasibilidad de Jerry, que ha logrado poner en hibernación sus afectos hasta el extremo de contagiar al lector cierta impresión de inhumanidad. Quizá sea un monstruo de egoísmo y candidez (si la contradicción es admisible), pero ha llegado a aceptarlo como una forma de supervivencia o rutinaria felicidad.
Pronto se descubre, sin embargo, que bajo esa coraza protectora se esconde un nido de amarguras. La narración divagadora de Jerry se sobresalta de vez en cuando con pasajes envenenados de hiel: la rememoración de su difunta esposa y de un hermano desaparecido en la guerra de Vietnam, las visitas a la residencia donde su padre se halla internado, las conversaciones irónicas o tensas con sus hijos terminan por hacer aflorar ese dolor que permanecía oculto, amordazado de cautelas emocionales.
Desde las alturas no alcanza el mismo nivel que Una vida de gestos . Quizá su solución sea más convencional, quizá aquí y allá la tensión del relato decaiga al fijar exclusivamente el foco de la narración en un personaje que reprime sus emociones, quizá la respiración de la frase no posea cualidades tan morosas. Así y todo, en su distanciadora y a la vez caritativa aproximación a un personaje que ha hecho de la anestesia moral un antídoto contra el fracaso íntimo, Chang-rae Lee se sigue revelando como uno de los escritores americanos más atractivos de las nuevas generaciones.
© ABC y LA NACION
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