Entre la fe y la razón
El autor estadounidense Mark St. Germain visitó el país para ver la puesta argentina de su obra, en la que escenifica un encuentro imaginario entre Freud y C. S. Lewis
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Para celebrar las cien funciones de La última sesión de Freud , los productores del espectáculo invitaron a Buenos Aires al autor de la obra, el estadounidense Mark St. Germain. Fascinado con su primera visita a la ciudad ("Deberían declararla capital mundial del teatro"), el dramaturgo programó un próximo viaje para conocer el Colón y ver producciones locales. En esta oportunidad, según contó a adn cultura, sólo tuvo tiempo de recorrer el Museo Nacional de Bellas Artes.
En La última sesión ..., St. Germain recrea un encuentro imaginario entre Sigmund Freud y C. S. Lewis. El creador del psicoanálisis convoca al joven académico a su estudio de Londres, justo el día en el que Gran Bretaña anuncia su participación en la Segunda Guerra Mundial. La excusa es El regreso del peregrino , primer libro de Lewis, quien varios años más tarde escribirá Las crónicas de Narnia . Pero enseguida queda claro que lo que Freud quiere es preguntarle acerca de su conversión: cómo y por qué pasó de ser un ateo convencido a un fervoroso creyente. Con diálogos brillantes, cargados de humor e ironía, la reunión transcurre dos semanas antes de la muerte de Freud.
La obra de St. Germain se estrenó en Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Londres, Madrid, Tokio, Estocolmo y México, entre otras ciudades. En la puesta local, dirigida por Daniel Veronese, Jorge Suárez interpreta a un Freud enfermo pero dispuesto al enfrentamiento intelectual y Luis Machín, a un Lewis enérgico que no se deja amedrentar por su célebre contrincante.
-¿Los personajes que aparecen en el escenario son tal como los imaginó cuando escribía la pieza?
-Cuando escribo, suelo imaginar los personajes, pero de un modo indefinido. Por lo general, un buen director y un buen elenco completan la idea inicial. La producción argentina es maravillosa y muy diferente de otras que he visto. Algunos creen que estos hombres deben ser fríos, conservadores, reservados. En esta puesta son muy pasionales y se ve cómo afloran los sentimientos en escena. Los actores no tienen miedo de mostrar las emociones. En un momento sentí que el enfrentamiento entre ellos era como una pelea de toros. Se miran cara a cara y se genera una conexión única y conmovedora.
-¿Por qué eligió reunir a estos dos personajes?
-Leí el libro The Question of God , del psiquiatra Armand M. Nikolai, donde contrapone a Freud con Lewis. Dice que no hay evidencia real de que se hayan reunido alguna vez, pero sí que un joven de Oxford se encontró con Freud dos semanas antes de su suicidio. ¿Por qué no pensar que podría haber sido Lewis? Me interesaron porque son dos hombres que defienden sus creencias de manera muy intensa.
-¿Le interesaron por lo que fueron o también porque debaten cuestiones sobre las que quería reflexionar?
-La existencia de Dios, el sentido de la vida, la muerte son temas que interesan, pero de los cuales no se habla con frecuencia. La obra hace que uno se ponga a pensar y discuta sobre ellos.
-¿Por qué le interesaba discutir sobre la existencia de Dios, tema que articula la obra?
-Creo que para estos dos hombres, Dios es muy importante. Para Lewis, porque él cree fervientemente que Dios existe. Freud, aunque era ateo, escribía y reflexionaba muy a menudo sobre Dios. Hablaba demasiado sobre Dios para ser un no creyente. Tenía una lucha interna. Como no podía intelectualizar el concepto de Dios, no podía hacer el salto emocional hacia la fe.
-¿Qué materiales consultó durante el proceso creativo? ¿Leyó títulos que ellos escribieron o libros sobre ellos?
-Leí una docena de libros; la mitad sobre Freud y la otra sobre Lewis. Es fácil entender cuáles eran sus posturas y creencias, pero no tanto descubrir cómo eran como personas. Lewis era muy joven, hay menos bibilografía sobre esa etapa de su vida. No quería escribir nada que no pudiese ser comprobado históricamente.
-¿Qué fue lo que más lo sorprendió de sus vidas?
-La conversión de Lewis no fue un hecho emocional. No es que él en un momento se sintió salvado o llamado. Fue una decisión. Él asegura que tuvo una epifanía. Yo pienso que fue una epifanía intelectual. Decidió empezar a creer. En el caso de Freud, es muy interesante la relación que tenía con su hija Anna. En la obra, pongo en boca de Lewis una pregunta que se hizo Nikolai cuando escribía su libro. "Anna es una mujer inteligente y respetada. ¿Por qué nunca se casó?" Nikolai cuenta que le aconsejaron no volver a hacer esa pregunta. Nunca sabremos qué pasó entre ellos y cómo era realmente esa relación. Me limito a los hechos y dejo que cada uno saque sus conclusiones.
-¿Tiene un método de trabajo o esta obra tuvo un proceso propio?
-La investigación llevó más tiempo que la escritura. En este caso, un año y medio. Una vez que terminé esa etapa, me llevó dos meses escribir la obra. No hubiera podido terminarla en tan poco tiempo si no hubiera dedicado tanto a leer materiales sobre sus vidas. Por lo general, trabajo en más de un proyecto a la vez y divido el día en dos: la mitad para la investigación y la mitad para la escritura.
-Los diálogos son brillantes y verosímiles. ¿En qué se basó para construirlos?
-Eran dos hombres brillantes, así que es natural que generaran esas ideas. Fue un placer escribir diálogos para ellos. No usé sus palabras, pero intenté que cada idea que ellos expresan pudiera ser respaldada por un concepto de sus respectivas teorías.
-¿Piensa que a esa altura de su vida Freud no estaba convencido de no creer y necesitaba reforzar ese concepto para sostener toda su obra?
-Es que se estaba muriendo y necesitaba ver a alguien como Lewis porque quería comprobar que tenía razón, que estaba en lo cierto en cuanto a su postura sobre la religión. No quería creer; quería confirmar su creencia acerca de no creer.
-Fue guionista de una serie televisiva exitosa como Los Cosby . ¿Esa experiencia le sirvió para escribir teatro?
-Escribí obras teatrales, guiones para televisión y cine, y son tres géneros completamente diferentes. Al escribir una obra, uno piensa en el escenario; cuando hace un programa de televisión, importa más lo visual; y en el cine, todo debe ser grandioso.
-Dirigió un documental sobre perros de celebridades de Hollywood. ¿Cómo surgió esa idea?
-El gremio de escritores de televisión y teatro estaba en huelga. No podía escribir guiones. Entonces, decidí filmar un documental, para aprovechar el tiempo. Conocía a Richard Gere y Glenn Close, y había visto cómo se relacionaban con sus mascotas. También al diseñador Isaac Mizrahi, que dice que su perro es la única "persona" que no quiere nada de él. La película es muy íntima y tiene historias conmovedoras, como la de un famoso compositor de música para películas y su mujer que adoptaron un chico con un grado severo de autismo. Cuando le regalaron un perro, el niño empezó a acariciarlo y gracias a eso pudo superar su dificultad para el contacto físico. También hubo algunos que dijeron que amaban a sus perros más que a sus hijos. Eso lo cortamos.
-Escribió un libro para chicos, Three Cups . ¿Por qué quiso dirigirse al público infantil?
-Un amigo me dijo que tenía una idea para un libro, basada en una historia real. Nunca había escrito para chicos y me pareció una buena causa. Trata sobre un nene que recibe tres tazas para el día de su cumpleaños y queda muy desilusionado. Después le dan una mensualidad, con la consigna de que la reparta entre las tazas, que tienen las siguientes leyendas: "ahorro", "consumo" y "caridad". Es una historia sobre las decisiones que tomó este chico a medida que iba creciendo. Yo quería resaltar el valor de dar, de ser solidario.
-¿Sabe qué hizo el chico en la historia real?
-Creció y se recibió de contador.
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