Entre la vida diaria y el misticismo

El próximo viernes, la Biblioteca Argentina LA NACION ofrecerá la novela El banquete de Severo Arcángalo , de Leopoldo Marechal, una obra que despliega un complejo universo simbólico
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12 de diciembre de 2001  

Después del silencio que se produjo cuando Leopoldo Marechal publicó su primera novela Adán Buenosayres en 1948 -silencio crítico interrumpido por la inteligente lectura del entonces joven Julio Cortázar, quien celebró "la aparición de un acontecimiento extraordinario en las letras argentinas"-, la publicación de El banquete de Severo Arcángelo marcó un suceso literario y editorial en Buenos Aires en setiembre de 1965. Porque Marechal obtuvo, con su segunda novela, el reconocimiento que la crítica y el público le habían negado hasta entonces: " El banquete -recuerda en un reportaje- fue un boom , en el sentido onomatopéyico de la palabra; y como buen hermano menor, arrastró en sus ondas a ese junior desdichado que fue Adán Buenosayres ". Reportajes, notas críticas y periodísticas, fotografías -como la ya clásica foto que apareció en la tapa de la influyente revista Primera Plana- ubicaron a Marechal en un lugar central del sistema literario argentino: El banquete de Severo Arcángelo se agotó rápidamente en librerías, y las reediciones se multiplicaron desde su aparición.

En el Prólogo de la novela, aparecen algunas de las claves que permiten comprender este boom literario. Se trataría de una novela de aventuras, o de suspenso, que promete reparar una injusticia: el rescate de su héroe Adán Buenosayres del Infierno en el que Marechal lo había abandonado en su novela anterior. El banquete de Severo Arcángelo se propone entonces, ya desde su Prólogo, como "una salida", como un "ascenso" trascendente desde lo caótico y lo diverso hacia la Unidad. Adán Buenosayres concluía con su protagonista detenido en las puertas del Purgatorio y El banquete de Severo Arcángelo concluye con la llegada de su otro héroe, el periodista Lisandro Farías -el "Padre de los Piojos y Abuelo de la Nada"-, al Paraíso, que no es otro que el banquete, o también, un lugar llamado Cuesta del Agua. Sin embargo, la novela no narra el banquete -al que los no iniciados no podrían acceder- sino los preparativos de ese banquete, los pasos iniciáticos que sus treinta y tres comensales tienen que dar para participar en la ceremonia. Estos preparativos están liderados por Severo Arcángelo, un empresario metalúrgico de Avellaneda quien, después de haber depurado un pasado sórdido, se propone la organización de la empresa mística. Para ello, reúne a una serie de personajes que bordean la locura mística, el grotesco y la conspiración, como los de la Sociedad Secreta liderada por el Astrólogo en Los siete locos de Roberto Arlt. Sin embargo, mientras que en Arlt la sociedad secreta se proponía alterar un orden económico y social, en Marechal los treinta y tres iniciados constituyen una metáfora de la condición universal del Hombre, ya que una de las claves teológicas de la novela es la vinculación entre "la vida ordinaria" -que los personajes abandonan para poder participar del Banquete- y la etapa final de la teoría de las edades del hombre como una historia cronológica de la decadencia.

Como en toda su obra, en El banquete de Severo Arcángelo se reencuentran las bases de la poética de Marechal y de su concepción del mundo: el universo platónico, el simbolismo del viaje como metáfora de la existencia humana, la noción del hombre como un ser trascendente y los significados proféticos de la Biblia. Sin embargo, muchas y variadas pueden ser las interpretaciones sobre las claves simbólicas de la novela. Ninguna de ellas logra agotarla o explicarla por completo, pero cada una de las interpretaciones abre una vía de acceso válido, aunque parcial, para la lectura.

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