
¿Era Santo Tomás un monstruo?
La dura crítica que John Carey hizo de la figura de Santo Tomás Moro, basándose en la biografía del Lord Canciller escrita por Peter Ackroyd, provocó una controversia internacional. En este artículo, se pasa revista a los comentarios sobre el tema que aparecieron en distintos medios europeos y en los que, en general, la figura del mártir humanista aparece bajo una luz más equilibrada y favorable.
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LA crítica literaria que John Carey hizo del libro The life of Thomas More (La vida de Tomás Moro), escrito por Peter Ackroyd, perturbó y disgustó a muchos de quienes leyeron la versión original inglesa. Su efecto, sin embargo, fue muy limitado porque esos lectores tuvieron acceso a otras críticas y sabían que esa biografía figuraba de manera estable entre los libros más vendidos. Los lectores -si eran cultos- fueron capaces de percibir la animosidad, que había estado al acecho, en términos que fueron comunes hasta el siglo XX, porque el libro que más influyó, después de la Biblia, en la formación de la mente de los anglófonos fue The book of Martyrs (El libro de los mártires), de John Foxe. Esta obra, para justificar la Reforma, oscureció la imagen no sólo de John Fisher y de Thomas More sino de San Bernardo e incluso de San Francisco de Asís.
Ahora bien, con el propósito de demostrar que John Carey va a contrapelo de los críticos literarios de Ackroyd, citaré diversos juicios, incluyendo los de distinguidos historiadores de la Inglaterra de la antigua época de los Tudor. Y puesto que apareció en el Sunday Times , comencemos por el diario The Times del 26 de febrero de 1998. El título es "Murió al servicio del Rey, pero, ante todo, de Dios".
Antonia Fraser admira la tesonera vida del, en su opinión, improbable santo, que despertó la ira de Enrique VIII, y he aquí un pasaje representativo: "Por un lado está el hombre seglar, a flote en las sombrías aguas del Estado; por el otro, está el hombre espiritual que, cuando renunció al Gran Sello en mayo de 1532, trató de pasar el resto de la vida preparando su alma al servicio de Dios. La proeza de Ackroyd es hacernos comprender cómo ambas cosas pudieron ser verdaderas".
Peter Gwyn, en el diario The Daily Telegraph del 28 de febrero, "aclama una descripción seria y sensata de una figura mal interpretada en grado sumo". Dos pasajes demuestran cómo su crítica contrasta con la de John Carey: "...lo que tenemos aquí es una biografía extremadamente seria y casi enteramente venturosa de una de las personalidades más interesantes y atractivas de la historia inglesa" (primera columna). Para él, Moro era ambicioso, talentoso, y estaba resuelto a dejar estampada su marca, y a hacer el bien, en los asuntos prácticos del mundo. Pero Ackroyd va más allá y sostiene que eso no representaba ningún dilema para el profundamente religioso Moro, ya que para éste, la vida terrenal era tan sólo "una obra en la que uno actuaba lo mejor que podía, pero que se desdibujaba hasta volverse insignificante en comparación con la vida ultraterrenal" (columnas 3 y 4).
El domingo 1º de marzo fue testigo de varias críticas autorizadas. Las siete columnas de Hugh Trevor-Roper en el diario The Sunday Telegraph concluyen destacando que el retrato que pinta Ackroyd es solidario con Moro, aunque no esté exento de críticas.
Las dos páginas que dedicó Peter Stanford en el Independent on Sunday contienen párrafos significativos como éste: "para los católicos, Moro es un mártir que perdió la cabeza porque se negó a anteponer las necesidades de Enrique VIII a las del Papa. Para los abogados, Moro fue un Lord Chancellor de elevados principios que sintetiza la estructura mental de su profesión. Y para los liberales, simboliza al hombre de conciencia que prefirió morir antes que someterse a la voluntad de un tirano".
En The Observer Review , Tim Adams entrevista a Ackroyd y resume la esencia de su libro. Ackroyd se halla en una cruzada individual para desenterrar el mundo (o la sensibilidad) que, según cree, hemos perdido, y al que define en términos generales como católico: "Esta es una nación con una historia de 1500 años de catolicismo sobre el cual se extendieron apenas unos 300 años de protestantismo... Los ingleses sienten una gran afición por todo lo que sea ceremonioso, dramático, retórico y emocional. Y esto ha sido sistemáticamente suprimido durante 300 años o más. Pero eso no significa que aún no esté allí... Observemos el funeral de Diana: un acontecimiento absolutamente medieval".
Además, en el mismo diario, Anthony Julius presenta la crítica del libro. Extraemos dos pasajes de las cinco columnas que redactó: "Ackroyd relata la historia de Moro con imaginativa simpatía e impecable erudición... Como los mejores mártires, Moro no eligió el martirio. Renunció al cargo de Lord Chancellor sólo cuando no tuvo más remedio. Evitó enfrentarse con Enrique hasta que el enfrentamiento fue inevitable. Esquivó la persecución sin escabullirse; el martirio no tenía ningún encanto para él. Mantuvo su mordaz sentido del humor mientras esperaba el momento de su ejecución".
A juicio de John Carey, "el Tomás Moro retratado al nuevo estilo por Ackroyd atraerá muy poco a los devotos del Santo". Pero Moro no necesita defensores, y su único título para la canonización fue el martirio. Además, el pronóstico de Carey es refutado de plano por las cálidas críticas literarias del libro de Ackroyd en la prensa católica. En la publicación The Tablet del 14 de marzo de 1998, Anthony Kenny lo elogia diciendo: "Esta nueva biografía, sigue la historia de la vida de Moro hacia donde conduce, y la coloca en un contexto histórico y no teórico... El carácter de Moro está delineado con solidaridad y sensibilidad; la imagen presentada se parece más a la que esbozó Roper que a la que perfiló Foxe... Hasta los propios admiradores de Moro encontrarán que algunos de los juicios vertidos por Ackroyd son sorprendentemente favorables".
En la edición del 20 de marzo del Catholic Herald , sor Anne Murphy elogia también la solidaria biografía escrita por Ackroyd.
Mi último testigo hasta ahora es Robert Nye, cuya crítica literaria, aparecida en The Scotsman del 2l de marzo, lleva el título "A saint to swear by" (Un santo por el cual jurar). Después de citar algunos pasajes de La vida de Tomás Moro , Nye expresa: "Comentarios como éste indican un extraño grado de empatía. He aquí a un hombre moderno que se empeña en internarse en la mente de un hombre del pasado, y que logra su propósito. Paradójicamente, una imagen imborrable de Moro surge de toda esa insistencia y empeño en demostrar que no tenía ´personalidad´ alguna en el sentido moderno".
Tomás Moro es honrado en el calendario anglicano el 6 de julio como "un mártir en aras de la conciencia". Su actitud de liberarse del despotismo de una dictadura hizo también que fuese elegido como patrono inspirador por parte de organizaciones seculares como el Collége d´Europe , de Brujas (Bélgica) y la École Nationale d´Administration , de París (Francia). Aquellos aspirantes a ocupar altos cargos políticos lo respetan porque, aun cuando era un fiel servidor y funcionario del Estado, fue capaz de incurrir en desobediencia civil y de valorar la conciencia por encima de su propia vida. Mucho difiere eso de la hipocresía olfateada por la suspicaz nariz de John Carey, quien reconoce que Ackroyd no utiliza ese término, pero entonces, ¿por qué debería un excelente escritor omitir un vocablo tan claro si tuviera algún fundamento para utilizarlo?
Cualquier lector imparcial y desprovisto de prejuicios que recorra las páginas de La vida de Tomás Moro , de Peter Ackroyd, se dará cuenta de que el crítico literario John Carey cambia el retrato cuidadosamente delineado de una persona muy humana -a veces, demasiado humana- a la cual convierte en "una figura detestable" y "un verdugo implacable". Dos de los comentarios de John Carey que comienzan con la frase "se decía que" nos retrotraen a las versiones de que Moro había sido obligado a dedicarse a la profesión legal, y de que había intervenido en actos de tortura contra los sospechosos de herejía. Ahora Ackroyd aborda inequívocamente esas dos leyendas, una de las cuales provino de Erasmo -quien desdeñaba el derecho consuetudinario de Inglaterra- y la otra, de los primeros reformistas, que odiaban a Moro como defensor de la fe.
El "monstruo sagrado" creado por Carey contrasta de manera muy neta con la compleja, desconcertante y enigmática aunque atrayente personalidad que muchos otros lectores encontraron en La vida de Tomás Moro , de Peter Ackroyd.
Por Germain Marc´hadour
Para
La Nacion
- Angers, (Francia), 1998
(Traducción de Luis Hugo Pressenda)
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