
¿Es arte los desnudos del Obelisco?
¿Son 450 personas tiradas desnudas en el Obelisco una obra de arte, un experimento de voyeurismo, moda o simplemente las ganas de un artista de llamar la atención?
Después del sacudón que recibió Buenos Aires el fin de semana con el trabajo del fotógrafo norteamericano Spencer Tunick -para el que se quitó la ropa casi medio millar de voluntarios en pleno centro de la ciudad, y cuyo proceso de preparación fue repetido incansablemente por distintos medios-, la pregunta instaló el debate no sólo en ámbitos intelectuales y artísticos, sino también en muchas mesas familiares.
Y como no podía ser de otra manera en el mundo del arte, las respuestas fueron desde una aprobación rotunda hasta una denuncia penal por "exhibiciones obscenas y abuso de autoridad" contra Tunick y el jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, que la autorizó. Para el crítico Jorge López Anaya, por ejemplo: "El trabajo de Tunick es un hecho artístico".
La palabra "hecho" no es casual. "Las fotografías finales son pequeñas y relativamente inofensivas. Lo que cuenta es todo el proceso que lleva a ellas, desde la convocatoria a través de los medios hasta el momento -bastante impresionante- en el que el artista da la orden de desnudarse", explicó, en diálogo con LA NACION.
Justamente fueron las imágenes de todo el operativo las que más indignaron a algunas personas. Porque mientras las tomas finales muestran hombres y mujeres pequeñitos y prácticamente indistinguibles, las corridas que se hicieron del lugar de una toma al de la siguiente y las vestidas y desvestidas recibieron más de un primer plano bastante menos decoroso en medios gráficos y en televisión.
Y el clima de algarabía generalizada -muchos de los participantes eran muchachos que salían de bailar y querían experimentar algo distinto, aunque no particularmente sexual- también fue reflejado.
"Lo que tiene de verdaderamente novedoso es la cantidad de gente y el uso del espacio público. En las bienales pasa gente desnuda al lado de uno todo el tiempo y nadie le da bolilla", confesó López Anaya.
En particular, mencionó a la Bienal de San Pablo, que se está desarrollando en este momento y donde Tunick es un invitado especial. "Allí se exhiben las obras de Vanessa Beechcroft, que son similares a las de Tunick, y ella es considerada uno de los dos artistas más importantes de Italia de este momento", dijo.
Por su parte, Alberto Bellucci, director del Museo Nacional de Arte Decorativo y que ayer comenzó un ciclo de conferencias tituladas "Diálogos del cuerpo y el arte a lo largo de la historia", dijo que al trabajo de Tunick lo incluiría "en el borde de lo que se considera arte, pero definitivamente del lado de adentro".
"Que ya haya denuncias penales no me sorprende: en el siglo XVI el Veronés era llevado a los tribunales por haber pintado "La Cena de Jesús" en actitudes que se suponían paganas". Y dijo que la obra de Tunick podía considerarse arte desde dos puntos de vista: "Por un lado, la obra terminada que tiene ciertos componentes estéticos visuales; pero por el otro es también arte conceptual, que propone ideas y abre la cabeza".
Por ejemplo, como las fotos de desnudos de Tunick se van realizando en lugares simbólicos de distintas ciudades, Bellucci señaló "la forma en que cada lugar del mundo es distinto, pero los cuerpos y las almas que lo habitan, semejantes".
Para Alejandro Corres, vicepresidente de la Fundación Arte BA (que auspició al artista), el trabajo final así como todo el proceso de producción conforman una obra de arte. "Es la forma elegida para expresar una idea de una manera estética que se abre a diversas interpretaciones", dijo.
Más lejos fueron los chicos del grupo "3s": "Es arte puro: las fotos finales y el encuentro de la gente, que es como un happening. Por eso lo organizamos", remató Eliana Facioni, que junto a Constanza Patrón Costas, Julia Converti, Javier Vergara, Luz Bonadeo y Daniela Allerbon trajeron a Tunick al país.
Bastante más crítico se mostró Fermín Févre, ex director del Fondo Nacional de las Artes."Esto es parte de una tendencia que se vivió en los últimos años y en la cual el cuerpo se volvió el último refugio debido a la incapacidad del arte contemporáneo de representar al mundo que nos rodea", señaló.
Remitiéndose a Platón, Févre dijo que lo estético no está separado de lo ético. "Es una obra de arte la que apunta a lo bueno, lo bello y lo verdadero. En este caso yo no lo veo: es sólo una estrategia de marketing", dijo.
Luis Priamo, investigador de fotografía, le dio al tema una vuelta de tuerca distinta. "En la historia de la fotografía, desde principios del siglo XX el planteo sobre si es arte ha sido desestimado, porque inevitablemente se caía en lugares comunes y hacía falta romper con esa tradición que era un remedo de las bellas artes", dijo. Pero, por sobre todo, señaló la importancia de no anteponer la condición de tarea artística a la posibilidad de la censura.
"No se debe prohibir ningún tipo de experiencia de esta naturaleza, y son los artistas mismos los que deben encontrar sus límites. Ya han existido demasiados antecedentes de censura como para que sea considerado", dijo en referencia a las denuncias penales presentadas por el abogado Oscar Igounet contra Tunick e Ibarra.
Américo Castilla, administrador cultural y abogado, recordó que a comienzos de los años 70 fue abogado defensor de la artista Lea Lublin. El Estado condenó por obscenidad a una obra suya en primera instancia, aunque al apelar ganó el juicio. "Lo que argumentamos fue que el desnudo y el erotismo están en nuestra cultura desde siempre. Basta ver los huacos precolombinos", recordó.
Muy pragmático, dio una recomendación para quienes se rasgan las vestiduras tratando de dilucidar qué fue lo de Tunick: ver si existe el reconocimiento de sus pares. Después de exponer en algunos de los principales museos, galerías y bienales del mundo, la respuesta es simple: sí, existe.
En los tribunales
- Tunick y el jefe del gobierno porteño fueron demandados por el abogado Oscar Igounet por "exhibiciones obscenas y abuso de autoridad" ante un juzgado correccional. El fotógrafo norteamericano, que ha llegado a reunir 4500 voluntarios en sus fotos en Melbourne, no tuvo problemas en todos los lugares del mundo en los que trabajó, salvo en Nueva York, donde su caso llegó a la Corte Suprema en el medio de un escándalo. Finalmente, salió favorecido de los tribunales.
Opiniones
Américo Castilla
- Para ver si hay una intención artística hay que fijarse si existe el reconocimiento de sus pares. Después de exponer en algunos de los principales museos y galerías, quedó claro que existe.
Alberto Bellucci
- Está en el borde de lo que se considera arte, pero definitivamente del lado de adentro. Su obra muestra que cada lugar del mundo es distinto, pero los cuerpos y las almas, semejantes.
Fermín Févre
- Es parte de una tendencia que se vio en los últimos años, pero es una obra de arte la que apunta a lo bueno, lo bello y lo verdadero. En este caso yo no lo veo: es sólo una estrategia de marketing.
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