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Delante de un mural con pirámides se destacaba una figura egipcia, parecida a Cleopatra. Era una escultura de bronce que Edgardo Giménez transformó en una superficie espejada. “Le di un baño con un material con el que se hacían los guardabarros”, explica casi seis décadas después a LA NACION este artista santafesino que marcó un hito en 1967 al convertir en un espacio faraónico el interior de un departamento de Federico Klemm, en Recoleta.



