Marisol Schulz, directora de la FIL de Guadalajara: “La gente se empapa de la cultura del invitado de honor”
Los requisitos que deberá cumplir la ciudad Buenos Aires para su rol estelar en la segunda feria del libro más importante del mundo, con más de dos mil expositores y un millón de visitantes en nueve días
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En el final de su “viaje relámpago” desde México para anunciar en el Teatro Colón, junto con la ministra de Cultura porteña Gabriela Ricardes, que Buenos Aires será la primera ciudad latinoamericana invitada de honor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2027, la directora del evento editorial más importante de Iberoamérica, Marisol Schulz (Ciudad de México, 1957), dice que regresa satisfecha a su país. En otoño, había visitado la Feria del Libro de Buenos Aires. “Soy muy amiga de su actual director, Ezequiel Martínez, y también del anterior, Oche Califa”, comenta a LA NACION.
Schulz tiene el mérito de haber convertido la FIL de Guadalajara –organizada por la Univiersidad de Guadalajara, del estado de Jalisco– en la segunda feria en representación editorial del mundo, detrás de la de Fráncfort, con más de dos mil expositores. En nueve días, la recorren más de un millón de personas. “En 2025 la visitaron doscientos mil niños”, grafica.
Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, se destacó como editora ejecutiva del Grupo Santillana y, en 2011, asumió la dirección de la Feria del Libro en Español de Los Ángeles. Dirige la FIL tapatía desde 2013.
–¿Cómo se gestionó la invitación a la ciudad de Buenos Aires?
–Se acercaron autoridades del gobierno porteño, algo que vi como muy positivo, y me preguntaron qué se requería para ser invitado de honor; les di los requisitos y estuvimos en conversaciones. Fue un acuerdo mutuo. El primer acercamiento tuvo lugar hace dos años, más o menos.
-¿Cuáles son esos requisitos?
–Se contempla la participación de alrededor de sesenta escritores, entre los que también deben incluirse autores de literatura infantil, otros que tengan presencia en la sección FIL Pensamiento, que es como un festival de las ideas, y en otros programas. Independientemente de eso, tienen que construir el pabellón principal de la feria, de 1100 metros cuadrados. Por el modo en que está diseñada nuestra feria, lo primero que ve la gente es el pabellón del invitado de honor. Es el punto central y eso le da una relevancia total. El programa cultural incluye nueve noches de espectáculos en un foro abierto para aproximadamente tres mil personas; un público muy joven, con una edad promedio de 24 años. Y se pide un número de exposiciones de artes visuales, a partir de dos, y de artes performáticas como teatro, ballet; un festival de cine y otro de gastronomía.
–¿Aproximadamente cuál es el costo mínimo de inversión del invitado de honor?
–Cada invitado decide cuánto va a gastar y muchos buscan patrocinios. Por ejemplo, cuando vino Portugal, que hizo una inversión importante, contó con el apoyo de una empresa constructora portuguesa. Calculo que la inversión total, entre vuelos de avión, los requisitos de la feria, el pago de un diseñador del pabellón, los seguros por las piezas de arte, está alrededor de los dos millones de dólares, pero no significa que salgan de una misma bolsa. Sé que Barcelona el año pasado gastó tres millones de euros. La expectativa de la gente que acude a la feria es ver qué trae el invitado de honor, porque abarca toda la zona metropolitana de Guadalajara. La gente se empapa de la cultura del invitado de honor. Este año es Italia y ya se anunció que viajará Alessandro Baricco.
–¿Por qué es la feria en lengua española más importante del mundo?
–Por el monto del negocio editorial, es decir, por la representación que tiene la Feria: 2600 casas editoriales. De esas 2600 editoriales, el área internacional es muy concurrida. Son 64 países que van no solo a exhibir y vender sus libros, sino que también van a hacer negocios. Para la lengua española, el principal negocio editorial está en Guadalajara. Además, el público es muy importante; estamos hablando de prácticamente un millón de personas en nueve días. El pabellón de la Argentina es uno de los más fuertes del área internacional.
–¿Cobran entrada?
–Cobramos una entrada simbólica de alrededor de dos dólares, con descuentos a estudiantes, pensionados, niños. La sección FIL Niños es muy importante para nosotros, tenemos alrededor de veinte talleres simultáneos, que no son talleres de lectura, sino talleres de juego alrededor de la lectura.
–¿Qué tipo de negocios se hacen?
–Compraventa de derechos y venta de catálogos a bibliotecarios de Estados Unidos. Tenemos un convenio con la American Library Association, y participan alrededor de doscientos bibliotecarios que compran catálogos.
–¿Qué situación atraviesa la industria editorial en México?
–Está resarciéndose de un problema fuerte que fue la pandemia. Ha vivido momentos duros. Y hay momentos muy duros para la industria independiente. De hecho, hay toda una movida ahorita porque una de las grandes empresas editoriales independientes, Ediciones Era, decidió suspender actividades. Esto ha generado una pequeña revolución interna, tanto en la industria como en el propio gobierno porque se tomaron ciertas medidas por parte de la presidencia. Puso en alerta a mucha gente.
–¿La sociedad mexicana es muy lectora?
–No mucho; es un país muy grande, con 120 millones de habitantes, en el que hay que promover mucho más la lectura. La población lectora está afincada en ciertos sectores.
–¿Hay alguna tendencia literaria actual?
–Hay una que creo que es internacional, sobre todo en español, que son los libros de escritoras mujeres. Hay todo un abanico de grandes escritoras. No es que no existiera antes, sino que ahora se promueve mucho más y es más accesible. Estas chicas que escriben muy bien saben que tienen ahora un eco en la industria editorial que a lo mejor antes no tenían. Y también a veces en la industria audiovisual. Una de las grandes producciones de Netflix en este momento, en México, pero a nivel internacional, está basada en la novela Mal de amores de Ángeles Mastretta. Los editores están buscando nuevas voces.
–¿Los autores necesitan a un agente literario para tener éxito?
–No necesariamente. Por lo menos en México no. Y creo que es al revés. Una vez que ya empiezan a tener éxito, los agentes literarios los buscan. Eso es muy de nuestra cultura. Si estuviéramos en Estados Unidos, sería al revés.
–¿Existe una asimetría entre España y América Latina en el mundo de los libros?
–Creo que se está moviendo esa asimetría y que América Latina está dando con mucha fuerza más batalla que nunca, en términos de nuevas voces de autores importantes. Digo, la propia Samanta Schweblin al ganar el Premio AENA y la importancia que tiene Cristina Rivera Garza. Latinoamérica está en un muy buen momento y tiene mayor representación en España.
–¿Cómo te sientes cuando la prensa dice que eres una de las mujeres más poderosas de México?
–Es horrible: van a creer que soy de verdad una millonaria. Lo atribuyo a que la FIL de Guadalajara es muy importante, ese es el porqué. Viene siendo una entidad cultural que cada día marca más en el mundo. Pero soy una persona que nunca en su vida se ha sentido poderosa y que viaja en transporte público.
–¿Qué cambios hubo en la Feria con tu dirección y qué aprendiste en estos años?
–Son casi quince años porque llevo quince ferias. El aprendizaje es total y todo el tiempo. Tengo un equipo muy bueno. Mi papel ha sido internacionalizar la feria y buscar que cada día sea más conocida. Con mi equipo tenemos una especie de antena parabólica, tratando de saber por dónde va el consumo cultural o el consumo editorial. Es una empresa con una plantilla importante de personas que trabajamos todo el año promoviéndola, vendiéndola, organizando las más de tres mil actividades que se desarrollan en nueve días.
–¿Cómo empezó tu relación con los libros?
–Crecí en un ambiente donde se hablaba de libros y de lecturas. En casa se leía en voz alta, los abuelos me compraban libros; fue una relación natural desde la infancia. Desde chica comencé a escribir cosas que aún no publico. Luego trabajé como redactora en revistas universitarias y en la prensa, y de ahí me pasé a la edición.
–¿Qué representa la inteligencia artificial (IA) para el mundo editorial?
–Es una amenaza, pero que, bien utilizada, puede ser una gran herramienta, claro que no para escribir literatura. Se nota mucho la falta de lo humano en los textos escritos con IA, que también carece de la capacidad de discernimiento y decisión.


