
Evelyn Waugh: el irritable humorista
En octubre último se cumplieron cien años del nacimiento del escritor inglés. Pertenecía a una familia de la clase media, pero el éxito de sus libros le permitió hacerse rico y satisfacer su ambición mundana. Retrató como pocos a la nobleza británica entre 1930 y 1950
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Hace ya muchos años, hacia 1987, Margaret Murray nos invitó a Jorge Torres Zavaleta y a mí a conocer a su padre, Lawrence Smith, primer agente literario en nuestro país, protector de los intereses de novelistas y dramaturgos ingleses que solían ser alegremente saqueados sin cobrar derechos de autor. Recuerdo su biblioteca y nuestra conversación mientras tomábamos el té. Hablando de las reputaciones literarias en la Inglaterra de los ochenta, Mr. Smith afirmó: "Hay muchos autores competentes y pocos grandes escritores". A modo de protesta, se nombró a Naipaul, a William Golding, sin reacción aparente. Le dije que estaba leyendo a Evelyn Waugh y fue entonces cuando afirmó: "Ahí tiene usted a un gran escritor". Contó que era amigo del hermano de Evelyn, Alec, quien había visitado Buenos Aires a principios de la década del sesenta y había dado una conferencia para la Asociación Argentina de Cultura Inglesa, probablemente en el salón de Juncal 851.
Evelyn Waugh fue invitado en 1956 por Jaime Potenze, recordado y querido amigo, pero él respondió que no vendría a un país de incendiarios de clubes, bibliotecas e iglesias. Fue inútil explicarle que el gobierno era otro: Waugh sólo nos nombraba en sus novelas como un enorme "distrito rojo" rodeado de palmeras, amenizado por orquestas de música caribeña, y próspera terminal de la trata de blancas organizada por sus perversas aristócratas inglesas. Enamorado de sus prejuicios, hubiese sido para Criterio, la revista anfitriona, un interesante, carísimo y difícil huésped.
Lo que sorprende y cautiva en Waugh es su oficio; afirmaba que la peor forma de pereza en un autor consiste en permitir que salga de su escritorio un texto que esté por debajo de su capacidad. Escribía para divertir y para deleitar, escondiendo, como podía, al irritado moralista que era en realidad. Waugh imitaba y parodiaba con maestría el lenguaje de los grupos de la "Bright Young People" de los años 20, quienes discutían con un mismo estilo y la misma intensidad temas diversos: divorcio, cocina, sexo, decoración, adulterio, antropofagia, moda, muerte. Fue un maestro del diálogo narrativo, con efecto cómico.
Winston Churchill fue su gran admirador, lo fascinaban sus primeras novelas ( Cuerpos viles, Decadencia y caída, Un puñado de polvo) y se dice que solía incluirlas en sus regalos de Navidad. Curiosamente, por uno de los frecuentes caprichos suecos, el Premio Nobel de Literatura lo obtuvo Churchill y no Waugh. En Hombres en armas, Oficiales y soldados y Rendición incondicional, su trilogía de guerra, Waugh reprodujo la jerga castrense y reflejó la burocracia de la época, la feliz inercia de ciertas instituciones estatales y ese perdón infinito que siempre y en todo lugar logran los malos políticos y militares.
Un joven ambicioso
Evelyn Waugh había nacido en Londres el 28 de octubre de 1903. Fue el segundo hijo de Catherine Raban, descendiente de una familia establecida en el West Country que había residido en la India. Los padres de Catherine la enviaron a Inglaterra, donde se casó con Arthur Waugh. Sus hijos la amaban intensamente y, para gran alivio de una familia absorbida por sus propios intereses literarios, ella sólo se preocupaba por su jardín y por la vida doméstica.
Arthur Waugh, el padre de Evelyn, era un editor y crítico literario reconocido, y un aceptable poeta. Anglicano practicante, dirigía la editorial Chapman and Hall y era, según Evelyn, un actor frustrado. Solía leer para su familia, con la autoridad y el encanto de un John Gielgud. Evelyn siempre afirmó que le debía sus tendencias literarias, el acceso a una gran biblioteca y la certeza de ser querido, aun en los peores momentos.
Hasta 1914, Waugh asistió a una escuela diurna, en Hampstead; la guerra estalló ese año y, para desconsuelo de la familia, su hermano Alec ya estaba en edad de alistarse. En 1917 Evelyn ingresó en una public school llamada Lancing; la publicación de The loom of Youth de Alec Waugh (según interpretaciones diversas, "La amenaza de la juventud" o "El telar de la juventud") impidió el ingreso de Evelyn a Sherborne, donde había estudiado Alec, quien había reconocido y denunciado la frecuencia de las prácticas homosexuales en los colegios ingleses, a las que él mismo no había sido ajeno.
Lancing, según Evelyn, era un colegio "de atmósfera eclesiástica" que le traía malos recuerdos: tenía trece años cuando entró en ese colegio, la comida era escasa y mala, en invierno hacía un frío casi mortal, no le gustaban sus maestros y extrañaba a sus padres. En su madurez, afirmó no recordar una sola palabra de griego y haber estudiado latín sin placer; pero estaba de acuerdo con que la formación clásica es el único método para lograr la construcción lógica de una oración, conocer el origen de las palabras y, en consecuencia, usarlas mejor.
La verdadera diversión comenzó en Oxford. Había ganado una beca en Historia y escribía para revistas estudiantiles. Allí hizo amistades que serían tan largas como su vida (Cyril Connolly, Christopher Sykes). No obstante cierta frivolidad, sus excesos alcohólicos y las bromas pesadas, Evelyn trabajó duramente en su libro sobre Dante Gabriel Rossetti, el pintor prerrafaelista. Dejó Oxford con deudas y sin un título. En una penosa conversación con su padre, Evelyn llegó a transferirle sus deudas y a convertirlo en su acreedor. Para ganarse la vida eligió la docencia, actividad que no le interesaba y de la que fue despedido a raíz de una borrachera. Opinaba que la enseñanza era para las clases medias el equivalente del servicio doméstico para las bajas: una confesión de impotencia e ineptitud. Decadencia y caída deriva de esa experiencia. Al poco tiempo entró como periodista en el Daily Express de donde también fue echado.
Se comprometió con Evelyn Gardner, "She" Evelyn desde entonces, con quien contrajo un matrimonio desastroso que duró sólo un año. Cuerpos viles y otros textos pesimistas y de humor cruel se originan en esos malos tiempos. Obtuvo un divorcio civil y luego la anulación religiosa. Nancy Mitford, la aristocrática novelista, compartió por un tiempo con los Waugh su pequeño departamento en Islington y su amistad con "He" Evelyn duró toda la vida.
Después de su divorcio el escritor comenzó a viajar con la desesperación de un fugitivo. Logró un contrato para escribir sobre la coronación de Haile Selassie en Abisinia, fue a Africa y a la Guyana Inglesa. De estos viajes quedan Gente remota y Etiquetas. Dice de este período: "De 1928 a 1936, no tuve posesiones que no cupiesen en una valija". No obstante, Waugh fue hasta el fin de sus días un viajero insoportable; en realidad, sospecho que lo que le gustaba era estar en Inglaterra, mejor aún, en su casa, pero nadie viaja sin consecuencias: de estos molestos desplazamientos surgieron Merienda de negros, Un puñado de polvo y, en 1947, Los seres queridos, sátira sobre las costumbres funerarias estadounidenses.
El caballero rural
Su conversión al catolicismo fue tal vez el hecho más importante en la transformación espiritual de Waugh, o al menos ésa fue su aspiración. "Inglaterra fue católica durante novecientos años, protestante por trescientos años, y agnóstica en este último siglo. Las raíces del catolicismo están enterradas, casi al ras de la tierra, en cada aspecto de la vida inglesa: su historía, topografía, leyes, arqueología, todo revela sus orígenes católicos", escribió. El padre Martín d’Arcy, jesuita, convirtió a Waugh y lo recibió como católico, en presencia, entre otros, del duque de Alba, embajador español. Waugh quería una religiosidad en la que predominaran la razón y la autoridad papal, y en la que se limitara al mínimo la emoción; abominaba la trajinada frase de Pascal "El corazón tiene razones que la razón no comprende". En agradecimiento a su mentor jesuita, escribió en 1935 la biografía de un mártir católico, Edmund Campion, torturado y asesinado por no renunciar a su fe en 1581, durante el reinado de Isabel I. Era manifiestamente franquista, un deshonor para sus amigos intelectuales, y detestaba en forma casi cómica a los comunistas.
En abril de 1937, Waugh se casó por la Iglesia católica con Laura Herbert, una joven aristócrata. Fueron a vivir al campo a una gran casa, "Piers Court", que tenía sectores del siglo XVII, muy evocativos para Evelyn y poco manejables para Laura. Vivirían allí veinte años y engendrarían una numerosa familia. Waugh adoraba su papel de caballero rural, en la medida en que pudiese satisfacer cada tanto su naturaleza mundana; sus visitas a Londres le permitían almorzar con Nancy Mitford o Ann Fleming e intercambiar chismes literarios y de los otros. Era un anfitrión aceptable, siempre que no descubriese, en medio de una cena, que debía tomar una ducha o volver a su escritorio. Un tanto mortificada por estas extravagancias, Laura fue espaciando las reuniones sociales.
En 1939, Evelyn fue a la guerra y se convirtió en un preciso, minucioso, valiente oficial, compañero de Randolph Churchill, en Bosnia,Yugoslavia. Allí se soportaron mutuamente y ayudaron a los guerrilleros de Tito. Waugh siempre estuvo en desacuerdo con la entrada de los rusos en Alemania y con el papel protagónico que se les dio al final de la guerra. El destino de las naciones cautivas de la posguerra lo horrorizaba. Desaparecida la irritación de la convivencia en su escondrijo de Yugoslavia, Evelyn dedicó a Randolph Churchill Rendid más banderas.
En 1950 festejó el Año Santo y hasta Laura le reconoció una manía misionera y un estado de exasperación mística un tanto embarazosa. Por entonces, Waugh se describía así: "Creo que el principal deber de un hombre consiste en pelear por su Rey cuando los funcionarios y diplomáticos han logrado poner en peligro a su país: yo lo hice. Crié y eduqué a mis hijos y pagué los impuestos que no pude evitar. Aprendí y ejerzo un difícil oficio, con cierto éxito". En 1951 fue propuesto Lord Rectorship de la Universidad de Edimburgo; pero finalmente se designó para ese cargo a Sir Alexander Fleming.
Waugh, muy conservador en materia plástica, era coleccionista de cuadros y muebles victorianos. Como si quisiera irritar a todo el mundo, informaba que la decadencia de la pintura había comenzado con los impresionistas franceses y recibido su golpe mortal con las canalladas de Picasso y de su agente y promotora, Gertrude Stein.
Evelyn tomaba alcohol y comía en exceso. Consumía bromuro y cloral, para su insoportable insomnio. En un solitario viaje a Ceylán olvidó sus píldoras y le comunicó a Laura, por carta, que tenía una familia entera instalada en su cerebro, que lo amenazaba sin cesar y no lo dejaba dormir. Laura, desesperada, logró hacerlo volver desde el puerto más próximo y lo hizo internarse. Las adecuadas dosis de cloral lograron que "la familia" lo abandonara. Esta experiencia se expresaría en una gran novela: La penosa experiencia de Gilbert Pinfold (1955).
El novelista mantuvo una oposición encarnizada contra los escritores "progresistas" y de izquierda, entre ellos Auden e Isherwood, y una gran fidelidad a Graham Green, Chesterton, P. G. Wodehouse, Sommerset Maugham, Muriel Spark, Nancy Mitford y Elizabeth Bowen, por el estilo y uso de la lengua de esos autores y, en algunos casos, por el catolicismo compartido.
Murió súbitamente a los 63 años, en su casa, rodeado por su familia, víctima de un ataque cardíaco. En su funeral, celebrado en Westminster Abbey, el sacerdote repitió una palabra que le cuadraba muy bien: fidelis: fiel a su patria, a su Iglesia, a su familia.
Han pasado cien años desde el nacimiento de Evelyn Waugh, pero su visión jovial y sangrienta de gentes que conocía muy bien, sus deliciosos canallas, su patriotismo reflexivo, sus excesos y su lucha contra el tedio y la tristeza espiritual lo convierten en un autor de relectura necesaria.


