
Extraña belleza
Este año, varias muestras rinden homenaje en Nueva York a la fotografía de moda, una expresión que limita con la performance y que seduce a artistas como Cindy Sherman
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Hay días en los que una sospecha haber estado suscripta a todas las revistas de moda equivocadas. Una partecita de tu mundo se derrumba, o tal vez una gran parte.
Una visita al Centro Internacional de Fotografía puede ser la causa de un día así. El Centro inauguró un ciclo de exhibiciones de fotografía de moda llamado "2009 Año de la Moda" con cuatro muestras sinérgicas. Su punto culminante es una fascinante colección de fotos de la etapa de Edward Steichen en Condé Nast (1923-1937), cuando ese pionero prácticamente inventó la fotografía de moda y los retratos de celebridades.
Encabeza el cuarteto una embestida del presente: una chispeante y enérgica selección de la fotografía de moda de los dos últimos años. Con pocas excepciones (casi siempre de la revista W ), los despliegues más impresionantes proceden de revistas que son europeas, oscuras o ambas cosas. Weird Beauty ("Extraña belleza") ofrece una actualización inmediata de la fotografía de moda como una expresión colectiva de rápida evolución. Es una expresión tan esotérica como el arte abstracto, y tan sorprendente como una esbelta y sibilante serpiente en el monótono jardín de la realidad cotidiana. El alfa y omega de esta tarea cooperativa son el diseñador de ropa y el fotógrafo; en el medio se sitúa la participación crucial de los editores y los diseñadores gráficos, los peinadores y maquilladores, los escenógrafos y productores, los modelos y, especialmente, los estilistas.
La instalación alterna de todas las maneras posibles lo artístico con lo comercial. Predominan las telas cortadas y montadas sobre madera, pero imágenes selectas se repiten en grandes impresiones enmarcadas. Hay repetidas apariciones de las luminarias principales del género, especialmente Steven Klein, pero también de Solve Sundsbo, Miles Aldridge y el equipo Mert Alas y Marcus Piggott, junto con la participación única de algunos artistas, incluyendo a Cindy Sherman (quien actuó también como estilista). A su vez, hay fotógrafos que se mueven con fluidez entre las galerías de arte y las revistas de moda, como Juergen Teller y Philip-Lorca diCorcia.
Los relatos varían desde las fantasías banales hasta las más agresivas expresiones de la tradición cultural estadounidense. Las insinuaciones y los estereotipos sexuales son incesantes: Betty Boop, la muñequita, la devoradora de hombres, perra, santa, juguete sadomasoquista. También abundan los inquietantes cambios de género. En varios casos, ropa -y ropa interior- femenina es lucida por bellos jóvenes. La vestimenta de la mujer o el hombre promedio tiene poco lugar aquí.
La fotografía de moda es, como otros han señalado, prima del arte performático. La intención es cautivar e intimidar con lo más fabuloso que sea posible aglutinar en un pequeño espacio de papel ilustración. Hacerlo implica explotar las últimas tendencias culturales con la astucia de un parásito. Las obras exhibidas aluden a Matthew Barney y el apropiacionismo; a éxitos del cine y la TV, como Amas de casa desesperadas ; a la temprana fotografía experimental y a los gigantes de la fotografía de moda.
Casi todas estas imágenes refinan y destilan una incomodidad con el cuerpo que permea la vida real. Siempre formalista, Sundsbo proyecta sobre sus modelos líneas y puntos blancos y negros típicos del Op-Art .
En This is Not a Fashion Photograph ("...sta no es una foto de moda"), una pequeña muestra paralela compuesta primordialmente por la colección del Centro, se dispusieron unas 70 fotografías de la vida real tomadas por Berenice Abbott y Lisette Model, entre otros. La muestra revela la influencia de la fotografía realista sobre la fotografía de moda, pero también deja claro que ambos géneros son inseparables.
Edward Steichen - In High Fashion: The Condé Nast Years, 1923-1937 ocupa casi toda la planta baja. Steichen (1879-1973) empezó como un pintor que más tarde se dedicó a la fotografía. Junto a Alfred Stieglitz y a los secesionistas fotográficos luchó por conseguir que el medio fuera aceptado como arte. Pero durante la Primera Guerra Mundial tomó fotos aéreas para los aliados y se sintió cada vez más atraído por lo que denominaba fotografía "útil" o comercial. Stieglitz y compañía lo consideraron un traidor.
En imágenes tomadas sobre todo para Vanity Fair y Vogue , Steichen estableció las convenciones de la fotografía de moda y de los retratos. Sacó a los modelos del estudio, hizo más íntimos los relatos, usó recursos inesperados como máscaras, realizó alusiones al arte. Incluso parece haber creado una protosupermodelo, la imponente actriz Marion Morehouse, una joven con un rostro y una cabeza dignas de Brancusi. Hoy sus fotos parecen anticuadas, casi tan distantes de la fotografía de moda contemporánea como los films mudos respecto de las películas actuales.
La cuarta muestra exhibe el archivo recién adquirido de Martin Munkacsi, reconocido como el fotógrafo que consiguió que las modelos se movieran. Llegó a Nueva York en 1934 e impulsó los mejores años de Harper´s Bazaar .
Luego de estas muestras, habrá una retrospectiva de Richard Avedon en mayo. También en 2009, el Centro se ocupará de la relación entre la fotografía de moda y el arte contemporáneo.
© LA NACION y The New York Times
[Traducción: Mirta Rosenberg]
FICHA
. Weird Beauty: Fashion Photography Now; Edward Steichen - In High Fashion: The Condé Nast Years, 1923-1937; This is Not a Fashion Photograph y Munkacsi´s Lost Archive en el Centro Internacional de Fotografía (1133 Avenue of the Americas, Nueva York).




