Fiesta y ladrillos para el Mamba
El jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, casado con la pintora Silvia Rivas, fue uno de los 420 comensales que se sentaron a la mesa del Mamba
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El jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, casado con la pintora Silvia Rivas, fue uno de los 420 comensales que se sentaron a la mesa del Mamba, el lunes por la noche, para celebrar el tramo final del nuevo proyecto que convertirá el viejo edificio ladrillero de San Juan al 300 en la piedra angular del polo sur cultural que ambiciona Aníbal Ibarra. Un desgarro en la pierna justificó la ausencia del jefe de gobierno porteño, pero su secretario de Cultura lo reemplazó a la hora de los discursos.
"Esta es la manera como deben hacerse las cosas", dijo un locuaz Telerman, quien confirmó que sólo faltaba conocer el nombre del estudio que pondrá en marcha el proyecto donado por el arquitecto Emilio Ambasz, para ampliar la superficie de exhibición y unir la planta actual con la del museo del cine, tal como anticipó la directora Buccelatto. Desde su creación, el Mamba peregrinó en busca de una sede propia. Un paso adelante fue la mudanza, en los años ochenta, al edificio de cuño ladrillero que fue de Piccardo, aggiornado por Santiago Sánchez Elía, con el apoyo de la Asociación de Amigos. Los amigos vuelven a ser protagonistas. Esta vez, bajo la presidencia del joven coleccionista Juan Vergez, con el invalorable apoyo de Marion Helft, quiere acelerar los tiempos. Además de recaudar fondos, la comida -matizada con baile y bel canto de la troupe liderada por Peter Mac Fairlane- fue una oportunidad propicia para ofrecer ladrillos virtuales de la futura obra. Una tarea hecha a la medida de la cómica Juana Molina, que recibió las primeras donaciones de Jacobo Fiterman, presidente de Arte BA; de la empresaria Frances Reynolds Marinho y del publicista Ramiro Agulla. Mientras tanto, Enrique Olivera, Emilio Cárdenas, Juan Cambiaso, Gino Bogani, Miguel Riglos, Teresa Zavalía, Liliana Porter, Carlos Gorriarena, Ana Giesso, Mónica Melhem, León Churba, Eduardo Costantini, Adriana Rosenberg y Gloria César disfrutaban la exquisita terrina de centollas de Martha Katz.



