Geometrías y narraciones narración

Graciela Hasper y Román Vitali en Ruth Benzacar, Silvana Lacarra en el Fondo de las Artes, con exposiciones de excelencia
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12 de septiembre de 2004  

El conjunto de pinturas, dibujos y pavimentos que Graciela Hasper presenta en la galería Ruth Benzacar no deja de remitir al arte abstracto histórico (y en particular a la abstracción argentina de los años cincuenta). Pero esta recuperación de la pintura no figurativa está liberada del trascendentalismo espiritual de los pioneros, de la utopía de la forma de los concretos, y del formalismo que preconizaba Clement Greenberg. Lo que predomina en su obra es el eclecticismo, la contaminación y la ironía propios de esta época.

En las obras expuestas existe una intencional tendencia a la inestabilidad del espacio visual y a la ruptura con la coherencia de la composición. Es evidente el interés por subvertir cualquier referencia a la autonomía visual de la abstracción modernista con sus referencias a la Gestalt y la Buena forma. Las composiciones no tienen ningún patrón constante, ninguna estabilidad.

Una gran pintura, de 190 por 290 centímetros, está compuesta con ritmos concéntricos desplazados y fragmentados por el color; otra tela es el resultado del trazado libre de grandes líneas curvas entrelazadas y superpuestas; en algunas telas predominan las grillas desplazadas y los cuadrados o rectángulos con leves irregularidades. Una obra, con el título Carteles de Bailanta, es una irónica composición abstracta de rectángulos; pero estas formas no están pintadas, son fotografías reducidas de afiches callejeros de Metrópolis, El Picaflor, Social Rivadavia y otros establecimientos que se anuncian como "cabarete", bailable, discotheque, dance, etcétera.

Completan la excelente exposición un conjunto de pequeños trabajos y dos pavimentos de cemento con formatos y diseños similares a los de las pinturas.

Graciela Hasper nació en Buenos Aires en 1966, comenzó a exponer de manera individual en 1990. Fue becaria de la Fundación Antorchas para trabajar en el taller coordinado por Guillermo Kuitca.

Penumbras

En el Nuevo espacio de la galería Ruth Benzacar, con el título Brumas, Román Vitali presenta una exposición plena de sugerencias insólitas y de notas de humor. Con el mismo material que utilizó para realizar sus obras anteriores -cuentas de acrílico facetadas, encastradas o enhebradas con hilo-, realizó los objetos que remiten a una narración de apariencia infantil. Casi todo se refiere a la visión; el tema fue sugerido por una campimetría computarizada que realizaron al artista (un examen del campo visual que mide la visión lateral).

Sobre esta base, Vitali ejecutó Vestuario (2004) un traje de payaso en una percha de cuentas acrílicas, que ostenta un conjunto de grandes ojos figurados con lentes. Un bosque de trazos geométricos está compuesto con luces fluorescentes de color; también hay flores y plantas; una alfombra de "pantera rosa" con larga cola cubre el piso. Una ciudad (Ciudad Arequito) del mismo material, iluminada con fibra óptica, muestra todas las casas en las que vivió el artista.

En el acceso a la sala, dos representaciones de la campimetría de Vitali, de cuentas de acrílico, reciben a los espectadores y hablan con ironía de los peligros latentes, de las "brumas", de las penumbras a las que puede quedar reducida la percepción visual.

Roman Vitali (1969) nació en Arequito, cerca de Rosario. Desde su primera muestra personal en el Centro Cultural Rojas, en 1995, realiza sus obras con piezas de encastrar, de material plástico y color brillante.

(En Ruth Benzacar, Florida 1000, hasta el 9 de octubre de 2004)

Rigor y sensibilidad

Con el título Cuarto punto, expresión que proviene de la geometría (la medición por puntos del arco de la circunferencia), Silvana Lacarra presenta una muestra -la más madura de su producción- en el Fondo Nacional de las Artes.

Las obras, formalistas y rigurosas, están construidas con madera y la fórmica. En algunas de ellas predomina el plano (como en la pintura); en otras impera el volumen con curvas moderadas (como en la escultura). En todos los casos el diseño posee bordes rectos y la estructura se funda en la llamada "stripe painting", pintura de bandas (o franjas) paralelas. Los colores son de tonalidad pastel (marrones, verdes, rojos, azules y negros, seleccionados en el catálogo de ventas de la fórmica).

El material escogido y la geometría simple, presuponen una vocación abstracta radical. El uso de la fórmica -un material de baja condición "social"-, responde, entre otras cosas, a la negación de cualquier evidencia pictórica y de toda marca de la mano humana. Las bandas paralelas aseguran la inexistencia de referencias subjetivas. Desde este punto de vista, las obras de Lacarra son monumentos a la pura ausencia (de incidentes, de arabescos, de material pictórico). En todos los casos poseen un notable refinamiento y un sereno y poético sosiego.

Silvana Lacarra nació en Bragado, provincia de Buenos Aires, en 1962; presentó su primera muestra individual, con trabajos geométricos de madera y fórmica, en 1999. Con el título Catorce unidades mixtas, hace poco más de un año, realizó una excelente exposición con objetos tridimensionales en la galería Dabbah Torrejón.

(En Fondo Nacional de las Artes, Alsina 673, hasta fines de septiembre)

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