Golijov, un argentino que busca los ritmos de un mundo tolerante
Participará en el Tercer Encuentro de Pensamiento Urbano, entre pasado mañana y el jueves
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En diálogo telefónico desde Nueva York, el compositor Osvaldo Golijov suena distendido, afable, de muy buen humor. Un estado de ánimo comprensible, dado el excelente momento que está viviendo. A los 47 años, este argentino radicado en los Estados Unidos y catalogado por parte de la crítica como "el secreto mejor guardado de la música contemporánea", sorprendió el año pasado, cuando el Lincoln Center de Nueva York programó un festival dedicado a su obra. "Un tributo más bien extraordinario en el cuidadosamente curado mundo de la música clásica", dijo al respecto Alex Ross en The New Yorker.
El ciclo se llamó "La pasión de Osvaldo Golijov", en alusión al que fue su primer gran espaldarazo internacional: La Pasión según San Marcos , obra realizada en 2000 por encargo de la Academia Bach de Stuttgart, con motivo del 250° aniversario de la muerte del músico alemán. Entretanto, su ópera Ainadamar (presentada en 2003) obtuvo dos premios Grammy y el mismísimo Francis Ford Coppola lo llamó para la realización de la banda de sonido de la película Youth without youth .
"Estoy contento. Cuando me fui del país tenía muchas ganas de aventura. Y realmente la estoy teniendo -dice, entre risas-. Cada vez se pone más interesante la cosa." Golijov dejó la Argentina en 1983. Como parte de su equipaje llevaba años de estudio en el conservatorio de La Plata y clases de composición con Gerardo Gandini. Vivió en Israel unos años, donde estudió con Mark Kopytman. Luego se instaló en los Estados Unidos. Allí siguió estudiando y, con el tiempo, llegó a ser compositor permanente de la Orquesta Sinfónica de Chicago, además de recibir un MacArthur Fellowship y otros premios como compositor.
Al país de origen regresó esporádicamente, más por razones personales que profesionales. En breve estará otra vez por aquí, invitado por la Fundación Szterenfeld. Pero no lo hará para presentar sus trabajos musicales, sino para ser uno de los disertantes del Tercer Encuentro Internacional de Pensamiento Urbano, por realizarse entre pasado mañana y el jueves en el Teatro General San Martín. Una oportunidad para compartir ideas con sus compatriotas que parece entusiasmarlo. "Estoy encantado de que hayan pensado en mí -asegura-. Hablaré un poco de lo que significa trabajar internacionalmente. Es que vivimos en un mundo diferente del de cuatro décadas atrás. Hoy, en ciudades como Nueva York o Los Angeles, llenas de inmigrantes de todo el planeta, es realmente fascinante caminar y ver el grado de civilización que requiere vivir todos juntos... e incluso pasarla bien. Estamos en un mundo de adaptación e intercambio permanente; de encontrar lo común y explorar las diferencias."
Justamente, en estas actitudes se cifra la magia mestiza de la música de Golijov: esa que hace que algunos sectores de la crítica lo miren con recelo, mientras que otros no tienen empacho en asegurar que su obra "aporta una maravillosa nueva vitalidad a la música clásica". En sus composiciones pueden llegar a convivir la música de cámara, la música litúrgica judía, el "nuevo tango" de Astor Piazzolla, la bossa nova, la rumba y el flamenco. El resultado es una amalgama sonora poderosa, vibrante, capaz de conmover a iniciados y neófitos musicales por igual. "Soy un creyente en la posibilidad de una integración orgánica, profunda, trascendental, de las estructuras clásicas con la frescura y la emoción espontánea de lo popular", explica.
-¿Es por eso que, pese a pertenecer al mundo de la música clásica, colaboró con el grupo de rock Café Tacuba, grupos de jazz o con Gustavo Santaolalla?
-Pienso que lo que estoy haciendo tiene más que ver con lo que hubiera hecho Mozart en sus días que con lo que supuestamente hacen los compositores clásicos hoy. Mozart hizo La flauta mágica , que era un musical. Y el Réquiem , que era música religiosa. Hizo también arreglos para vientos que eran el equivalente de realizar la versión bailable de sus obras [risas]. Otro ejemplo histórico: en la época de Verdi, la gente silbaba sus melodías por la calle. ¿Y por qué no? ¿Por qué tiene que ser ésa una época que se acabó y no va a volver?
-Santaolalla dijo que su música no es "ni clásica ni popular". ¿Cómo la definiría usted?
-Es ¡música! Recientemente pusieron una pieza mía para descargar gratis en Internet. No sé cuántos compositores clásicos pueden hoy día lograr que la gente reaccione con fascinación, en vez de decir "no, eso es música de gente con frac o de viejos". Para que en la música haya drama tiene que haber algo que se conecte con lo que uno canta o escucha en la vida. La música clásica que amo es música popular: Beethoven te hace hervir la sangre, Mozart te hace ir al paraíso. Eso es lo que quiero lograr cuando compongo: una obra que esté viva.
-¿Cuál es el saldo de participar en producciones cinematográficas?
-En general, cuando hablás con otros compositores, te dicen que si trabajás en una película nunca te vas a poder expresar. Por el contrario, para mí trabajar con buenos directores de cine es una enorme oportunidad de experimentación, improvisación, creación. Me encanta cuando, durante la realización de un film, se crean grupos semianárquicos. Una comunidad destinada a disolverse que, mientras existe, permite que se generen relaciones y se cree una obra. Es como construir una catedral entre artesanos anónimos.
-La incorporación de textos en español en varias de sus obras, ¿fue una decisión estética o ideológica?
-Es mi idioma. La música no miente. Tenés que escribir en lo que sentís, en lo que fluye. Hice algunos trabajos en inglés, pero muy pocos. Pese a que hablo todo el tiempo en inglés, el lápiz me fluye en español cuando escribo una melodía. No puedo llamar a un amigo americano y preguntarle cómo se acentúa tal o cual palabra. Creo que sí, todo es ideológico. Aunque las decisiones las tomo intuitiva, emocionalmente.
-¿Cuál es su postura frente a la llamada World Music?
-Puede convertirse, como la música clásica o la música pop, en una sucesión de formulitas. La cuestión es transformar las fórmulas, dar vuelta el manubrio de la bicicleta, como hizo Picasso, y transformarlo en toro. Eso se hace con todo: con la World, con la popular, la clásica. Podés elegir y seguir haciendo los clichés o darlos vuelta, hacerlos chocar y sacar chispas.
-Una cuestión de decisión.
-En mi caso fue decir: "Si mañana me muero, quiero dejar la música que escucho dentro mío y no la que les gusta a ciertos críticos". Hay gente que dice: "Ah, pero él usa materiales populares", como si usara chatarra. Yo hago lo que siento; estoy en paz. Si mañana se acaba todo, bueno, sé que hice lo mejor que pude.
Mini bio
El comienzo
- Nació en La Plata, en el seno de una familia judía que había emigrado de Rumania y Ucrania en los años 20. En 1983 viajó a Israel. Además de estudiar en la Academia Rubin de Jerusalén, en los Estados Unidos estudió con el compositor George Crumb.
La actualidad
- Es compositor permanente de la Orquesta Sinfónica de Chicago y enseña en el Conservatorio de Boston. Realizó arreglos para el Kronos Quartet y participó en las bandas de sonido de films de Sally Potter, Alejandro González Iñárritu y Francis Ford Coppola.
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