
Gran carnaval popular
EL FANTASISTA Por Hernán Rivera Letelier-(Alfaguara)-200 páginas-($ 29)
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El Fantasista es la última novela de Hernán Rivera Letelier (Talca, Chile, 1950), una de las grandes voces de la narrativa chilena actual y, con Roberto Bolaño, la más notable revelación de la prosa de ficción chilena después de José Donoso. Entre sus libros se cuentan Fatamorgana de amor con banda de música , La reina Isabel cantaba rancheras , Himno del ángel parado en una pata ... Es ésta, que sepamos, la octava de sus novelas.
El espacio en que transcurre El fantasista es, como ocurre en otras de sus obras, el desierto salitrero de Chile. La circunstancia esencial de la fábula, localizada en los primeros años setenta, poco después del golpe militar de Pinochet, la constituye el partido de fútbol que juegan los campamentos de Coya Sur y María Elena, que han estado históricamente enfrentados. Es el último partido de Coya Sur porque la demolición del poblado es inminente.
Días antes del partido aparece allí un extraño sujeto, a quien acompaña una mujer; se trata de un malabarista del balón, un "fantasista", cuya presencia alienta las mejores expectativas de Coya Sur, que ipso facto lo considera un hombre providencial, el que hará posible un triunfo legendario para un pueblo condenado a la extinción inminente: "Ha llegado el Mesías de la pelota blanca", comentan las voces populares.
La novela cuenta el desarrollo de la vida en la oficina, como se conoce también a estos poblados, desde la llegada del malabarista hasta la celebración del partido. Y es éste el principio y el fin del texto, que reposa en un estilo de premisas carnavalescas -entendiendo el término en el sentido ya clásico de Bajtin-; esto es, basado en la desjerarquización de lenguajes y roles sociales, la parodia, la exaltación erótica, la plena comparecencia de lo grotesco, los personajes tiernos o desmesurados, la elocución disparatada y espectacular -incluyendo el gusto por la hipérbole-, la alegría de la vida, de la fiesta popular.
El relato corre a cargo de un narrador colectivo (que incluye un narrador singular, orientado hacia un "tú" sin nombre), regularmente punteado por el locutor de los eventos deportivos, el excéntrico y cuasi loco Cachimoco Farfán, cuya voz narra, en transcripción directa, el partido. Ese narrador refiere las vicisitudes y circunstancias que atraviesa el pueblo en la semana previa al partido. La fértil imaginación del autor chileno teje con esos elementos una historia divertida, llena de tipos pintorescos y acontecimientos extraordinarios.
Rivera Letelier pertenece a esa corriente "popular" de la literatura latinoamericana que explota con acierto la urdimbre de los usos colectivos -sus mitos y mitificaciones, su palpitante vitalidad-, tanto conceptual como verbalmente. Esa corriente arranca de la novela indigenista, pasa por Juan Rulfo y alcanza a García Márquez (cuya ascendencia sobre Rivera Letelier es notoria) y, también, a cierto Borges, sin descartar sus vinculaciones con la literatura gauchesca y, en este caso, con determinadas tradiciones chilenas.
La onomástica (Cachimoco Farfán, Cocata Martínez, Expedito González, Pata Pata, Choche Maravilla, casi siempre precedidos los nombres del artículo "el"), la comicidad y lo grotesco, visibles en la misma índole de los sucesos, las situaciones paradójicas, jalonan las secuencias de la novela (repárese en la inverosímil jerga del locutor deportivo, Cachimoco Farfán).
Lo que no queda claro, en cambio, es si El fantasista logra trascender su materia y estilo, tan singulares. Va, sin dudas, mucho más allá del fútbol -como ha declarado el propio autor-, pero ¿trasciende su propia poética carnavalesca para iluminar ciertas categorías arquetípicas de la condición y de la historia humana? ¿Es un homenaje que salva del olvido, como ocurre en otros textos del autor, a toda una colectividad? El propio escritor ha confesado que gozó mucho escribiendo la novela. "Fue -dijo- como si estuviera levitando".



