
Gustave Moreau, maestro simbolista
A un siglo de la muerte del artista, el Grand Palais, el Art Institute de Chicago y el Met exponen su obra.
1 minuto de lectura'
HACE más de diez años visité, en compañía del pintor Pérez Celis y del escultor Marino di Teana, el Museo Gustave Moreau en el número 14 de la Rue de La Rochefoucauld, en París. Confieso que Moreau (1826-1898), artista admirado por Gautier y Proust, es también uno de mis pintores preferidos. Al cumplirse cien años de su fallecimiento, el Grand Palais de su ciudad natal ofreció una amplia retrospectiva de su obra, que ahora sigue rumbo al Art Institute de Chicago, y culminará en el Metropolitan de Nueva York.
Moreau era hijo de una acomodada familia y el padre, arquitecto, le enseñó a dibujar desde la niñez. Debido a su exacerbada sensibilidad, el señor Moreau prefirió que su hijo terminase los estudios fuera del colegio, lo que acrecentó la intensa relación del joven con su madre. Ella tocaba muy bien el piano y acompañaba la bella voz de Gustave, que era un aficionado al canto. No debe pues sorprendernos la amistad que lo uniría a Bizet, el autor de Carmen .
Moreau estudió en la Escuela de Bellas Artes con el maestro Picot, por el que conservó enorme estima, al punto que solía firmar como "el alumno de Picot". Cuando fracasó por segunda vez en su intento de obtener el Prix de Rome , abandonó la escuela y se puso a trabajar como copista en el Louvre. Fue allí donde su gusto se inclinó hacia el romanticismo de Delacroix y el clasicismo de Chasseriau. Un viaje a Italia lo puso en contacto con los grandes maestros del Renacimiento, y fue Miguel Angel quien ejerció sobre él la influencia más poderosa.
De regreso en Francia, Moreau comenzó sus envíos al Salon , que atrajeron fuertemente la atención de artistas y de un público reducido pero selecto. Así desfilaron desde Edipo y la Esfinge hasta aquellos inolvidables envíos de 1878, cuando pintó sus versiones de Salomé. Joris K. Huysmans, en su novela A rebours , dio esta interpretación de esos cuadros que escandalizaron a la época: "Ni Mateo, ni Marcos, ni Lucas se extienden sobre el embriagador encanto, sobre la corrupción moral de la bailarina. Queda difuminada, misteriosa, perdida en la lejana niebla de los siglos, incomprensible para los espíritus sensatos y cotidianos, quebradiza para Rubens, el pintor de la carne que la transformó en la mujer de un carnicero flamenco; ininteligible para los escritores, que jamás representaron el excitante encanto de la bailarina, la refinada talla espiritual de la asesina. En la obra de Moreau por primera vez se refleja la talla de esta sobrehumana y extraordinaria figura. No se trata sólo de la bailarina que con voluptuosos movimientos de caderas arranca aclamaciones de frívolo deseo de un achacoso anciano, que somete la voluntad de un rey mediante los giros de su cuerpo y los temblores de sus muslos: en manos de Moreau se convierte en símbolo de la voluptuosidad, en diosa de la histeria inmortal."
Si bien me he detenido en las representaciones de Salomé, justo es consignar que todas y cada una de las obras del Moreau maduro reflejan parecido misterio, parecida sugestión. Pienso en su Galatea observada por el cíclope , en Orfeo en la tumba de Eurídice , en Cleopatra , buen ejemplo de la femme fatale . Pareciera que este último tema obsesionó a Moreau, quizás por su primer gran desengaño amoroso con una mujer casada, fracaso que en su momento le costó la salud.
En su lecho de muerte, el pintor Elie Delaunay ofreció a Moreau la cátedra de profesor en la Escuela de Bellas Artes y en el estudio para aspirantes al Prix de Rome . Entre sus alumnos se destacaron Matisse y Rouault (este último, uno de sus discípulos predilectos). Hasta no hace mucho, los diccionarios de arte moderno incluían a Moreau sólo como maestro de esos genios. Pocos sospechaban entonces que detrás del maestro se ocultaba el gran clásico, cuyo lúcido intelecto apenas podía contener a uno de los más apasionados artistas de todos los tiempos.
En algunos trabajos poco conocidos, Moreau demuestra ser un auténtico precursor del manchismo informalista que deslumbró al mundo a mediados de nuestro siglo. Su obra, una de las cúspides del simbolismo, abrió senderos para muchos exploradores del espíritu que aún hoy encuentran en esa tendencia una inagotable fuente de inspiración.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
- 3
La mayor antología en español de Ray Bradbury: cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y relatos estremecedores
4Los padres terribles: historias reales sobre vínculos rotos

