Hacia una pintura sin límites
KENNETH KEMBLE, LA GRAN RUPTURA. 1956-1963 Por Jorge López Anaya y Marcelo Pacheco-Editorial-215 páginas-($50)
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Kenneth Kemble. La gran ruptura. 1956-1963 se consagra a la producción artística y teórica de uno de los protagonistas indiscutibles de la historia del arte argentino contemporáneo.
El volumen es la más orgánica sistematización crítica, histórica y documental de la obra de una figura relevante de las poéticas informalistas y objetualistas que hicieron eclosión en nuestro país en las postrimerías de la década del cincuenta. El libro se estructura en torno a dos agudos y pormenorizados estudios a cargo de Jorge López Anaya y de Marcelo Pacheco. Ambos se valen de nuevos enfoques discursivos y marcos científicos adecuados para profundizar en la obra de Kemble fechada entre 1956 y 1963. En ese lapso, el artista realizó un abultado conjunto de trabajos experimentales, desplegados en sucesivas series temáticas, todas de neto corte contestatario y desmitificador.
En el primero de los ensayos, titulado "La gran ruptura", López Anaya analiza, entre otras cosas, las notas que caracterizan el lenguaje artístico de Kemble. Con tono incisivo, el autor destaca que su informalismo no es solamente sinónimo de elaboración matérica de las superficies, negación de la forma y de la imagen, o puro activismo abstracto del gesto. Al incorporar elementos extrapictóricos al cuadro, el artista ponía el énfasis en una "nueva materialidad", sometida a la acción violenta de diversas técnicas de arrastre, laceración y desgaste de los materiales. Las grafías, las rayaduras automáticas y los chorreados azarosos, le conferían a la obra una inusitada carga existencial y catártica. Acertadamente, el crítico agrupa en la misma categoría los relieves, los collages y los ensamblajes con chapas, latas, vidrios y frazadas que Kemble realizó entre 1958 y 1961. Fue justamente esta heterogeneidad de medios expresivos la que situó al artista en el epicentro del debate sobre la crisis del cuadro.
El estudio de López Anaya ampara una serie de tesis importantes que clarifican diversas facetas de la trayectoria plástica del artista. Así, la ruptura encarada por los objetos informalistas de Kemble, Greco y Wells, que proporcionaba una nueva aproximación al fenómeno estético. Si bien el informalismo argentino no fue un movimiento de caracteres lingüísticos precisos y externamente catalogables, las obras pioneras de estos tres artistas fueron portadoras de una regenerada condición "no formal" de la espacialidad abstracta.
López Anaya considera que las obras de Kemble no admiten una fácil decodificación. Esta dificultad estriba en que la mayor parte de su producción se opone a las convenciones pictóricas tradicionales. De hecho, su lenguaje fragmentario pone el acento en una estética de la precariedad, es decir, en un "grado cero" de los materiales. Estos fueron puestos en "código" al ser dotados de una pertinencia expresiva inédita, la cual produjo una nueva instancia estética. Además, el artista fue uno de los primeros en investigar las posibilidades expresivas del blanco y del negro, en algunas pinturas matéricas de gran austeridad y restricción cromática. Estos rasgos vinculaban su obra con ciertas obras del expresionismo abstracto norteamericano, en especial, las de Motherwell y Kline. Para López Anaya, el empleo de materiales de descarte y objetos encontrados, previamente desfuncionalizados por la acción atmosférica y el deterioro, conduce, en el caso de Kemble, a la "deslimitación" del texto pictórico. El más allá de la pintura culminará más tarde con la propagación del cuadro en el entorno.
En el segundo de los textos, denominado "Kemble. Aportes a una vanguardia excéntrica", Marcelo Pacheco reconstruye, a la luz del presente, una trama histórica compleja y diversificada, para ubicar la figura de Kemble en el contexto de una red de intereses comunes a artistas de la talla de Berni, Greco, Wells y Santantonín. Según Pacheco, fue a partir de 1956-57 cuando comenzaron a evidenciarse las especificidades lingüísticas inherentes al discurso pictórico de Kemble. Entre ellas, la diversidad de medios expresivos y la coexistencia de la pintura y el collage contemporáneo. A estas cualidades se suman el ordenamiento de obras en series y la utilización de la superficie del cuadro como un auténtico campo de batalla en el que se confrontan elementos antagónicos. Por otra parte, se advierte en la producción pictórica de Kemble la existencia de tres indicadores formales que se mantienen a lo largo de toda su trayectoria: una constante constructiva, otra decorativa y, finalmente, una economía de la representación, a la vez mínima y máxima.
Completan esta imprescindible edición dos cronologías razonadas (biográfica e histórico-documental) a cargo de Adriana Lauría. A modo de apéndice, se incluyen una antología crítica y un conjunto de artículos y notas de prensa publicados por Kemble, entre 1960 y 1963, en el Buenos Aires Herald, diario en el que ejerció la crítica de arte (Selección y traducción de Florencia Battiti.) Un número importante de reproducciones de pinturas, objetos y vistas de la polémica exposición "Arte destructivo" contribuyen al conocimiento de la obra de Kemble. Igualmente significativas son las numerosas fotografías documentales que acompañan las páginas de los textos.




