
Henri Cartier-Bresson supo captar el instante y su eternidad
Registró con su cámara hechos salientes de la historia mundial en el siglo XX
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Henri Cartier-Bresson, uno de los grandes maestros del fotoperiodismo del siglo XX, falleció, a los 95 años, en su casa en Isle-sur-la-Sorgue, en el sudeste de Francia.
El artista, que iba a cumplir 96 años el 22 de este mes, había pedido que su muerte fuera informada después del sepelio, que se efectuó ayer. En los últimos días, no se alimentaba y se fue debilitando lentamente; falleció el lunes último.
Con el ojo atento a captar el meollo de los acontecimientos en el instante preciso, Cartier-Bresson registró la Guerra Civil Española en 1937, la liberación de París en 1944, la conmoción en la India tras el asesinato de Gandhi en 1948, la marcha del ejército comunista de Mao y su victoria sobre los nacionalistas de Chiang Kai Shek en 1949. Y dejó su impronta al fotografiar los rostros de pintores como Pablo Picasso y Henri Matisse; escritores como Paul Claudel y Ezra Pound, o líderes políticos como Charles de Gaulle y Fidel Castro, entre muchísimas personas anónimas en sus múltiples viajes.
"Posee el don privilegiado de penetrar en la intimidad del gesto sin violencia alguna, sin la intimidación del invasor, calladamente, fijando en sus imágenes al hombre que vive, simplemente", escribió Alicia D´Amico en LA NACION, al comentar una muestra de 150 fotos suyas enviadas por el Museo de Arte Moderno de Nueva York y expuestas en Buenos Aires en el Centro de Arte y Comunicación (CAYC), en 1971.
Dos años después, Cartier-Bresson cortó de raíz con el reportaje fotográfico y volvió a sus amores primeros: el dibujo y la pintura, a los que había dedicado esfuerzos antes de volcarse a la fotografía al adquirir una máquina Leica en Marsella, en 1931.
"Que uno utilice la máquina de fotos o el lápiz no importa mucho, es lo mismo, pues lo único importante es la mirada. Lo único que cambia es el instrumento -decía-. La foto es un instrumento de la mirada que capta maravillosamente lo intuitivo inmediato, mientras que el dibujo es más una meditación, una grafología."
Henri Cartier-Bresson nació en Chanteloup, al este de París, hijo de un industrial, el 22 de agosto de 1908. Cursó el secundario en el liceo Condorcet, de la capital francesa, y estudió pintura en la academia André Lothe. Pasó un año como cazador en Costa de Marfil y al volver a Francia, en 1931, se dedicó a la fotografía y publicó su primer reportaje gráfico profesional. En 1932, hizo sus primeras exposiciones en Nueva York y en Madrid. Recorrió luego México, Estados Unidos, España en guerra. Asistió a la coronación de Jorge VI de Inglaterra, en 1938; registró tomas en Africa y fue asistente de directores de cine como Jean Renoir y Jean Becker. Incorporado al ejército francés, de 1940 a 1943 permaneció prisionero de los nazis en Alemania. Luego inmortalizó con su cámara la liberación de París.
En 1947, fundó, con Robert Capa, David Seymour y George Rodger, la innovadora agencia de fotoperiodismo Magnum, organizada en forma de cooperativa, con sedes en París y en Nueva York. Por la agencia, de la que se retiró en 1966, recorrió Birmania, China, la India, Indonesia, la Unión Soviética, Indonesia, Japón.
El momento decisivo
Su primer libro fue editado en Nueva York, en 1952, con el título "El momento decisivo". El decía que tomar una foto es captar intuitivamente, y le parecía que una foto no se puede explicar, no le interesaba hacer una glosa de ella. "Es muy difícil mirar, captar la proporción. Es una interrogación perpetua, un goce del ojo, una exaltación maravillosa."
Siempre usó el blanco y negro, y fue enemigo del color y del uso del flash. Rehuyó ser fotografiado y pensaba que el fotógrafo "tiene que caminar en puntas de pie y tener mano de terciopelo y ojos de águila". Para poder observar, decía, hay que ser discreto y pasar inadvertido: "No olvidemos que los pescadores no agitan las aguas en las que pescan."
En 2000, creó una fundación con su esposa, Martine Frank, para reunir su obra. Aunque él no le daba especial importancia. En silencio, sin estridencias, se fue el maestro que decía: "La foto es para mí el impulso espontáneo de una atención visual perpetua, que capta el instante y su eternidad".




