
Heridas de familia
EL BUEN DOLOR Por Guillermo Saccomanno (Emecé)-152 páginas-($ 12)
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EXISTE una herida de familia que es preciso enfrentar y exorcizar para llegar a un acuerdo con la propia vida. En su última novela, escrita en clave autobiográfica, Guillermo Saccomanno se lanza sin concesiones a bucear el origen de ese dolor. Y lo hace, claro, a través de una historia.
En la primera parte, contada en segunda persona, el narrador repasa sus primeros años junto a sus padres y a su hermana en la casa de su abuela, una italiana aferrada al rencor sordo del inmigrante que ha sido forzado a renunciar a sus raíces. La abuela destila un veneno que descarga sobre su yerno. Sastre de día y aspirante a escritor de noche, anarquista con vocación por el arte y la aventura, el padre del narrador soporta la sistemática humillación que le inflige la suegra ante la resignada pasividad de su mujer. Mientras, ve fracasar sus proyectos uno a uno. "Los ideales no dan producto", le reprocha la abuela, reclamándole un aporte mayor. A pesar de las estrecheces, el padre se las arregla para mantener unida a su familia y para cultivar una tácita complicidad con su hijo quien, como él, sueña en secreto con otra vida. La interminable agonía de la abuela, que se descompone de a poco en su cama, presa de una demencia senil, imprime en el nieto la marca de la pobreza y de la enfermedad, que lo perseguirá en la vida adulta.
La segunda parte encuentra a aquel chico unos treinta años más tarde, ya escritor, en el intento de narrar la muerte de su abuela al tiempo que asiste a la enfermedad que derrumba a su padre. En esta segunda parte, escrita en tercera persona, la historia se universaliza: el protagonista, G., sale de sí mismo para descubrirse en el dolor de otros. Durante una breve estadía en una ciudad balnearia, G. accede a acompañar a una amiga que se dispone a arrojar al mar las cenizas de su hijo muerto. Este rito íntimo del que G. es testigo condensa su propio sentimiento de pérdida y de algún modo también lo libera.
El tercer y último capítulo retoma la historia donde la había dejado el primero, y se concentra en el padre, cuya salud se desmorona a raíz de un despido: por causas políticas pierde su puesto en la oficina de prensa de la Municipalidad, un empleo que había terminado con los apuros económicos y hasta le había permitido consumar su vocación de escritor con una novela policial.
A través del registro ascético y casi documental de la primera parte -frase corta que evita cualquier preciosismo-, el narrador describe el degradante periplo de ese hombre enfermo a quien, junto con su hermana, acompaña a través de frías salas de hospital, mientras se interroga sobre aquello que lo une y lo separa de él. La figura del padre encarna la médula de ese dolor al que alude el título: lo que pudo ser, lo que debió ser, pero no fue. Sin embargo, lo mejor del padre alimenta la semilla que trae el hijo. Como escritor, es él quien le presta voz a la existencia de su progenitor y es él también quien inicia la tarea de reconstruir la historia como un medio -quizá el único- de conjurar esa herida familiar. De otro modo, seguiría pesándole, hasta sofocar no sólo su vida sino la de los que vienen después. De hecho, el autor dedica esta novela, que bien puede ser entendida como una acto de purificación, a sus propias hijas.
Creador de una obra sólida - Bajo Bandera , Animales domésticos y La indiferencia del mundo, entre otros títulos-, Saccomanno había nutrido relatos anteriores con la materia de esta novela, que encuentra aquí su expresión más amplia. Hay una tensión que recorre todo el libro y que no se resuelve: el intento doloroso de asumir la propia historia choca con el rechazo a admitir la existencia de una justificación que permita aceptar lo vivido. Esta contradicción tan humana como insalvable lleva al narrador a una desgarradora lucha interior que se refleja en el tono urgente y descarnado de la escritura. Saccomanno concibió una perfecta obra de cámara en tres movimientos comunicados entre sí abiertamente, pero también secretamente. Con áspera belleza, indaga en temas como el dolor, la muerte y el destino. Si hay libros escritos con la propia sangre, éste es uno de ellos.




