Homenaje a los olvidados

En el Museo Nacional de Bellas Artes se presenta una muestra de Clorindo Testa, un merecido tributo a sus ochenta años
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18 de enero de 2004  

Desde hace más de medio siglo, Clorindo Testa se ocupa, sin claudicaciones, de expandir el vocabulario del arte y de la arquitectura. Cuando el informalismo comenzaba a dejar de ser objeto de burlas e ironías, en 1961, obtuvo el Premio Nacional del Instituto Di Tella con una pintura informalista. La recompensa lo convirtió en un joven consagrado. Pero en 1965 fue invitado a participar en el Premio Palanza --el más prestigioso de la época--, y en lugar de enviar sus conocidos cuadros informales presentó cinco heterodoxos "plegados" de tela tomada con broches, de manera que quedara acanalada como una persiana, pintados con colores brillantes. Nunca volvió a ser invitado a ese concurso, había dejado de ser un artista previsible.

En las últimas tres décadas, sin apartarse de su ideología de la austeridad estética, Testa creó lo más notable de su obra. Durante esos años realizó una serie de instalaciones con títulos como Habitar, trabajar, circular y recrearse, La peste en la ciudad y La peste en Ceppaloni, plenas de alegorías.

En La peste en Ceppaloni (1978), quizá la más recordada, exhibió un conjunto de escenas sucesivas y discontinuas en las que relató el drama de la peste bubónica (la peste negra), que entre los siglos XVI y XVII asoló a los pueblos del valle Caudino, entre los que estaba Ceppaloni (tierra de sus antepasados). Utilizó fotocopias, dibujos y pasteles, algunos de grandes dimensiones, para representar los planos de la ciudad, el castillo aragonés construido sobre una fortaleza romana con plantas y cortes, el retrato de Massaniello, líder revolucionario que fue decapitado, y muchas otras escenas y personajes. En 1979 Testa expuso unos tendederos de ropa donde los sobrevivientes colgaban sus ropas lavadas, sin lograr borrar el "rastro?rostro" de la peste. El flagelo se había quedado en el pueblo. Más exactamente, estaba en todos los pueblos; según parece decir Testa, ahora está en todas partes.

Con estas series, Testa actúa como un historiador gráfico, sin embargo, siempre está hablando de alguna otra cosa, diferente de la que parece decir. La peste en Ceppaloni es algo más que el relato de una antigua historia, es un discurso recurrente en su obra: el desarrollo tecnológico que más que liberar al hombre lo llevó a peores condiciones de vida, la contaminación del ambiente y otras situaciones traumáticas similares.

En La peste (y en muchas obras) Testa utilizó un relato antiutópico (de desastres), con intenciones simbólicas, sin pretensiones intelectuales y con humor. Pero más allá de la interpretación del enigma, de la clarificación iconográfica, su obra posee "energía visual", una cualidad necesaria.

Ochenta años

El 13 de diciembre de 2003 Clorindo Testa cumplió ochenta años, pocos días más tarde, en Córdoba --con la curaduría de Laura Batkis--, inauguró una exposición con una instalación inédita que había realizado poco antes. Con el título Crónicas y ficciones sobre algunos planos faltantes de la historia de la arquitectura argentina, recientemente hallados en Ceppaloni por el arquitecto Clorindo Testa, montó un relato adecuado para el edificio elegido, el Cabildo histórico. La historia cuenta la rivalidad --no conocida hasta ahora-- entre el jesuita Andrea Bianchi, arquitecto del siglo XVIII de gran prestigio, y el presbítero Francesco de Ceppaloni.

En esta ficción, el imaginario arquitecto don Francesco perdió todos los concursos --en Buenos Aires y en Córdoba--, que siempre ganó Bianchi. La instalación de Testa muestra los proyectos, hasta ahora "desconocidos", del eterno infortunado. En uno de los diseños exhibidos se puede leer: "Don Francesco de la tierra de Ceppaloni en las Dos Sicilias vine a la ciudad de Córdoba y aquí viví y propuse este dibujo para la Capilla de Ischillín pero se eligió el dibujo de Giovanni Andrea Bianchi que la hizo. Este es mi dibujo que me parece mejor".

En la nstalación, los proyectos de don Francesco aparecen arrugados y convertidos en despojos de papel. Están exhibidos sobre tablones sostenidos por caballetes; detrás de ellos están las pinturas con representaciones de la fachada de la Catedral de Córdoba, de la Capilla de Ischillín y de la Estancia Jesuítica de Jesús María. También está el diseño para la capilla 9 de Julio, provincia de Buenos Aires (en realidad, quien perdió este concurso fue el estudio de Clorindo Testa). Las pinturas al acrílico sobre papel están resueltas con escaso color, casi en grises y negros, trazadas de manera espontánea.

Los proyectos no realizados de don Francesco de Ceppaloni parecen mostrar una historia de la marginalidad, de los artistas y arquitectos que quedaron en el olvido y cuyos rastros se perdieron para siempre. La obra provoca la imaginación del espectador para que construya una "ucronía". En literatura, la ucronía es un relato que especula sobre mudos alternativos, que cuenta los hechos de manera inversa a como sucedieron (como Lo que el tiempo se llevó, de Ward Moore, en la cual el Sur gana la Guerra a la Unión). De manera similar, Testa parece proponer algunas preguntas: ¿Qué aspecto tendrían nuestras ciudades si los concursos los hubieran ganado los arquitectos francescos? ¿Cómo se verían los museos de arte si los concursos, las galerías, los coleccionistas se hubieran inclinado por los pintores y escultores francescos?

A sus ochenta años, Testa, prestigioso y exitoso como pocos en sus dos profesiones (proyectó el Banco de Londres y América del Sud en 1960 y la Biblioteca Nacional en 1961), rinde homenaje a los que quedaron en el olvido, a los que no ganaron ningún concurso. No es azaroso que haya elegido como origen de su arquitecto de ficción la vieja ciudad de sus antepasados.

La historia del arquitecto Francesco de Ceppaloni se exhibe ahora en el Museo Nacional de Bellas Artes, institución que de esta manera brinda un merecido tributo a un creador lúcido, cuya obra aún tiene mucho que decir, cualquiera sea la forma que emplee para hacerlo.

(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Del Libertador 1473, hasta febrero.)

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