Houellebecq insulta a Hollande pero cree que Francia resistirá
El autor de Sumisión calificó de "insignificante oportunista" al jefe de Estado
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El mismo día en que se produjo el atentado en la redacción de la revista Charlie Hebdo, Michel Houellebecq publicó su novela Sumisión, que imagina a Francia dominada por el poder islámico. El escritor francés se llamó entonces a silencio durante varios días y reapareció en Alemania. Esta vez habló más rápidamente, sin dar la cara, aunque, significativamente, en un medio no francés. Lo hizo en una columna de opinión que publicó ayer el diario italianoCorriere della Sera.
Las opiniones de Houellebecq son, como es habitual, contundentes. "Francia sin necesidad de un heroísmo excepcional", dice en un pasaje del artículo. "Se resiste porque no se puede hacer otra cosa, y porque uno se acostumbra a todo. Y también porque ninguna emoción, humana, ni siquiera el miedo, es tan fuerte como la costumbre. Keep calm and carry on. Mantengamos la calma y sigamos adelante. De acuerdo, haremos eso (aunque, por desgracia, no tengamos un Churchill al frente del país). Contrariamente a lo que se cree, los franceses son más bien dóciles y se dejan gobernar fácilmente, pero esto no quiere decir que sean completamente imbéciles."
Más adelante, Houellebecq culpa directamente al gobierno francés: "La situación lamentable en que nos encontramos tiene responsables políticos específicos". Su blanco son, sin rodeos, François Holland y Manuel Valls: "Es bastante improbable que el insignificante oportunista que ocupa el sillón de jefe de Estado, igual que el retrasado congénito que desempeña las funciones de primer ministro, por no hablar de los «tenores de la oposición» (LOL), salga de esta situación".
Pero las críticas del autor de Las partículas elementales no se limitan a la gestión de Hollande y alcanzan también a Nicolas Sarkozy. "¿Quién ha anunciado recortes de los efectivos de policía y los ha exasperado al no poder cumplir sus funciones? ¿Quién ha explicado durante años que nuestras antiguas fronteras eran un absurdo anticuado, símbolo de un nacionalismo superado y nauseabundo?", se pregunta Houellebecq. "Los gobiernos de los últimos diez años (¿veinte? ¿treinta?) han fracasado penosa, sistemática y fuertemente en su misión fundamental. Es decir, proteger a la población francesa confiada a su responsabilidad."
Houellebecq recuerda además "las operaciones absurdas y costosas" del ejército francés, cuyo "principal resultado" ha consistido en "hundir a países como Irak y Libia en el caos".
Apagar el televisor
Houellebecq reveló también el cambio que se produjo en su ánimo entre los atentados de Charlie Hebdo y los más recientes. "En los atentados del 7 de enero, pasé dos días pegado a las noticias de la televisión, sin poder dejar de mirar. Ahora, el 13 de noviembre, no creo siquiera haberme acercado al televisor. Me limité a llamar a amigos y conocidos que viven en los barrios afectados (y eso es ya muchísima gente)."
Aparte de la referencia a Charlie Hebdo, Houellebecq recuerda también otros antecedentes. "En 1986, París se vio afectada por una serie de ataques con bombas en diversos lugares públicos (fue el libanés Hezbollah, creo, que en el momento se atribuyó la responsabilidad). Me acuerdo de la atmósfera que se respiraba en el metro los días siguientes. El silencio era total en los pasillos subterráneos y los pasajeros se cruzaban miradas cargadas de desconfianza. Eso, la primera semana. Después, rápidamente, regresaron las conversaciones y la atmósfera volvió a la normalidad. La idea de una explosión inminente se quedó en el ambiente y estaba en las cabezas de todos, pero había pasado a un segundo plano. Uno se acostumbra a todo, incluso a los atentados."
La columna de Houellebecq no ofrece demasiadas soluciones. "El descrédito que ahora golpea en Francia a la totalidad de la clase política no sólo es generalizado, sino también legítimo. Me parece que la única solución que nos queda será ir lentamente a la única forma de democracia real; quiero decir, la democracia directa."
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