
Humor a la finlandesa
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<b> La dulce envenenadora </b>
Linnea Ravaska, una casi octogenaria viuda de un coronel que vive en una casita en la campiña de las afueras de Helsinki, es la dulce envenenadora de Paasilinna. Acosada por la vandálica visita de su sobrino político Kauko, quien, acompañado de dos secuaces igualmente jóvenes y desalmados, llega en un auto robado para apoderarse de la pensión de la coronela, la situación se desmanda más de lo habitual. Los jóvenes matones se emborrachan, destruyen su casa, la obligan a firmar un testamento a favor del desnaturalizado sobrino y le matan el gato. Linnea decide acabar con el asunto y, tras bañarse en un lago del bosque vecino y maquillarse minuciosamente para corregir el espantoso estado en que la ha dejado la visita de su pariente -"Cuando se trataba de armarse para la batalla, tanto las naciones como las mujeres debían mostrar cierto sentido de la elegancia"-, la coronela decide resistirse. Refugiada en la casa del anciano y galante médico familiar, la anciana recompuesta anda por Helsinki armada con una jeringa cargada de veneno de fabricación casera y una pistola, con la idea de eliminarse antes de ser capturada. Pero el azar de los acontecimientos provoca situaciones desopilantes e inesperadas.
Los finlandeses no son famosos por su sentido del humor, sino más bien por ser un pueblo que vive en penumbras seis meses por año, tomando saunas, golpeándose con varas de abeto, gozando de bienestar económico y con uno de los índices de suicidios más elevado del mundo. Pero Paasilinna, nacido en Laponia en 1942, ha tenido en su país, donde publica un libro por año, un tremendo éxito, que se ha extendido a Europa. Con estilo sencillo y directo, el autor cultiva un grado de ironía cómica y sátira social que más bien identificamos con la tradición literaria inglesa (desde Swift, pasando por Evelyn Waugh, Muriel Spark, Tom Sharpe, entre otros), posiblemente porque Finlandia no es un país familiar para nosotros (salvo por las películas de los hermanos Kaurismäki).
En La dulce envenenadora , Paasilinna arremete burlonamente contra el status quo finlandés, incluyendo el ejército y la burocracia, los jugosos seguros de desempleo, el sentido reinante de la futilidad de la vida y de la inutilidad de trabajar, ridiculizando de paso a rusos y alemanes y particularmente a la juventud finlandesa. La droga, el alcohol, el sida, el vacío moral y vital, la falta de propósito, son los verdaderos protagonistas de la novela: los personajes (muy numerosos y algunos con brevísimas apariciones) no son más que encarnaciones alegóricas, sin profundidad, casi unidimensionales, que Paasilinna emplea para intensificar el flagrante absurdo del mundo que describe. La Finlandia del primer mundo se convierte así en el más perdido de los rincones del mundo incivilizado, en una suerte de corazón de las tinieblas nórdico.
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