Identidad y alteridad
En la última década del siglo pasado, Venecia y Kassel, en Alemania, fueron los escenarios excluyentes para la legitimación de la estética contemporánea.
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LA mirada retrospectiva al siglo que se fue obliga a detenerse en la Bienal de Venecia y en Documenta de Kassel, mediáticos espacios globalizados que conquistaron el favor del gran público.
Cien años después de su creación fue convocado como curador de la 46a Bienal de Venecia, el historiador de arte francés Jean Clair, director del Museo Picasso de París. En 1982, Clair había formado parte del comité organizador de la Bienal, y, entre sus antecedentes figuraba la curaduría de la exposición Realismos , que incluyó artistas italianos de las décadas del 20 y del 30.
Clair modificó la estructura tripartita que regía desde 1980: suprimió el Aperto -la sección para artistas menores de 35 años, seleccionados por un jurado internacional-; mantuvo en Los Jardines, las muestras nacionales de los países participantes, y delegó en curadores italianos la selección de ese país; presentó un Recorrido del Gusto, que incluyó el análisis de la influencia de la Bienal en el arte de la época y curó la muestra Identidad y alteridad. Un siglo en la representación del cuerpo, que ocupó el Palazzo Grassi.
En las antípodas de su antecesor, Clair propuso para el centenario no una revisión o celebración de la historia de la Bienal, sino una reflexión sobre la modernidad desde sus orígenes hasta la actualidad.
El concepto de alteridad de Clair se remitía a la alteridad que la enfermedad, la vejez y las guerras introducen en el sentido de identidad personal y social. Era lógico que en este tema partiera de las ideas de Lombroso sobre lo "diferente": la locura, la desviación moral, la genialidad. La documentación presentada comenzaba en 1895, fecha en la que confluyeron muchos descubrimientos, que se traducen en la aparición del carnet de identidad, las primeras placas de rayos X, la creación del cine, la radiactividad y la interpretación de los sueños de Freud, entre otros.
Jean Clair puso de manifiesto la sincronicidad de los avances científicos y los de la técnica, siempre en relación con la representación del cuerpo. El tema fue presentado y documentado en soportes diversos: pintura, retratos individuales y grupales, autorretratos, objetos, máquinas, fotografías artísticas y documentales de experiencias corporales, esculturas y video instalaciones.
A comienzos del siglo, la tecnología permitió avanzar más allá de lo visible del cuerpo humano. La ciencia y el arte se hicieron tributarios de esos hallazgos, y si la ciencia construyó una visión positivista, el arte se aventuró en búsquedas de un espiritualismo y ocultismo más allá de lo perceptible. Baste recordar los nombres de Duchamp, Kupka, Kandinsky y Malevich.
El tema fue presentado sincrónica y diacrónicamente en distintas secciones: Arte entre guerras (1915-1945); Arte Totalitario y Arte Degenerado, Ars Moriendi , que presentó documentación "fuerte" al incluir las fotografías de Andrés Serrano tomadas sobre cadáveres de la morgue; y La última década . 1985-1995, que encaraba el interrogante del destino de la especie ante las manipulaciones científicas contemporáneas. Con documentación excepcional (270 obras), Clair logró su propósito: una muestra atípica, vinculada con un tema abierto, que a pesar de su originalidad y del interés intrínseco del material, cortaba el sentido militante de compromiso con lo contemporáneo asumido por sus antecesores. Como en todas las bienales, se presentaron los envíos nacionales -caracterizados por el pluralismo estilístico-.
47ª Bienal de Venecia (1997)
Por segunda vez en el siglo coincidieron las dos megaexposiciones, y en la medida en que la visión curatorial de Germano Celant, responsable de la Bienal, y Catherine David, de la Documenta, fueron diametralmente opuestos, una vez más se verificó el amplio espectro formal y conceptual que suscita el arte contemporáneo. Es precisamente la diversidad conceptual e ideológica la que hace que el espacio del arte esté abierto a la discusión.
Celant y David partieron de premisas muy diferentes en su visión y consiguiente selección de arte contemporáneo. Escribió Celant: "Cada bienal es una formulación o interpretación de un período histórico, interpretación necesaria y temporaria, ya que después de dos años se suplanta por otra posición crítica. Todas las afirmaciones pueden ser refutadas, el punto de vista curatorial es móvil".
Germano Celant presentó Futuro, Presente, Pasado, muestra integrada por artistas significativos en el panorama internacional contemporáneo. La inversión que hace Celant del sentido temporal apunta a no atender la diferencia generacional de los artistas, a dejar de lado la valoración otorgada en los últimos años al arte de los jóvenes como portadores de la verdad del futuro, y a privilegiar la "contribución lingüística de los artistas", sin tomar en cuenta la edad. Su concepto de lo contemporáneo dejaba de lado lo cronológico y lo temático y se refería a artistas en actividad, sin distinción generacional.
Setenta artistas de tres generaciones fueron invitados a Futuro, Presente y Pasado : los años 50 estuvieron representados por Agnes Martin y Emilio Vedova. Los años 60 -por la generación intermedia- del Pop Art al minimalismo, el arte conceptual y la nueva generación, que opta por las instalaciones, confirmó el lugar establecido por la mayoría de ellos como referentes de lo contemporáneo: Sol Lewitt, Claes Oldenburg, Gerhard Richter, Anselm. Kiefer, Mario Merz, Tony Cragg, Luciano Fabro, Jeff Koons, Gino de Dominicis, Annette Messager, Ann Hamilton, Rebecca Horn y Marina Abramovic, entre otros. La joven generación nacida a partir de 1960 se distinguía temática y formalmente: humor e ironía en las instalaciones de Maurizio Cattelan y en el desfile de modas de Vanessa Beecroft y boutique de ropa de Marie-Ange Guilleminot.
La Sección Nacional contó con la presencia de 115 artistas de 59 países.
Documenta X (1997)
Catherine David, a diferencia de Celant, fue nombrada como curadora en 1994, de modo que contó con tres años para organizar Documenta X. Encaró su tarea con una visión crítica del panorama del arte en el mundo globalizado y de la influencia inevitable y negativa de los medios. La selección de artistas no atendió al prestigio consagratorio de las estrellas del mercado internacional. El interés de la curadora estuvo centrado en la controversia sobre el sentido del arte, y sus planteos fueron de combativa intensidad. En su discurso, el término "posmoderno" brilló por su ausencia. La pintura de caballete no tuvo lugar y tampoco la escultura tradicional. Sí hubo espacio para el dibujo, la fotografía, objetos, artefactos, instalaciones, videos, animación, cine, arquitectura y performances.
"No me interesa hablar de arte en general, me interesan las actitudes, las prácticas estéticas, ya que constituyen, hoy en día, uno de los últimos espacios de heterogeneidad, de disenso, es decir de lo diferente posible."
La curadora no tomó en cuenta la diferencia generacional en la producción (rasgo común con Celant). David publicó el material teórico que condujo a la selección de Documenta en El Libro , extensa publicación que abarcaba las áreas culturales que fueron modelando el pensamiento y la acción en la sociedad contemporánea. Otra propuesta original de la curadora fue el foro "100 días, 100 huéspedes". Durante los cien días que duraba Documenta, antropólogos, filósofos, políticos, literatos y cineastas abordaron temas de su especialidad y establecíeron diálogos con el público asistente. Para Catherine David, el debate teórico sobre forma y teoría del arte, los libros y los nuevos medios de comunicación que inciden en la cultura contemporánea, no pueden ser ajenos al espacio del arte.
En coherencia con el punto de vista expuesto, se seleccionaron artistas cuya obra partía de una toma de posición sobre el sentido del arte en la sociedad. El belga Marcel Broodthaers (1924-1976) llegó a las artes visuales desde la poesía. Su obra se afirmó en el circuito internacional post mortem. El pintor y fotógrafo alemán Gerhard Richter (1932) presentó Atlas, obra en proceso iniciada en 1962 que reúne 5000 imágenes que van desde 1945 hasta la actualidad. Una revelación fue la obra de la fotógrafa y cineasta Helen Lewitt, nacida en Nueva York y vinculada con Cartier-Bresson. Se proyectaron también los dibujos animados de William Kentridge, artista sudafricano que aborda a través de sus personajes las situaciones políticas de su país. Documenta X presentó obras de cien figuras reconocidas, de artistas valiosos y de desconocidos fuera de las fronteras de su país. Elogiada o criticada, esta edición se atrevió a ir "más allá del arte".
48ª Bienal de Venecia (1999)
El prestigioso crítico Harald Szeemann fue designado curador de la 48a Bienal de Venecia. Sus antecedentes lo revelan como un hombre interesado y experto en todos los ámbitos de la cultura. En 1957 curó la muestra Pintores-Poetas, Poetas-Pintores; en 1972, Documenta V, y, entre muchas otras muestras, la Bienal de Lyon de 1997.
Las bienales, por su naturaleza misma, encaran esencialmente el problema del arte contemporáneo. En el caso de la 48a Bienal de Venecia, los temas vinculados con el proceso de globalización, inducido por el mercado y favorecido por los medios de comunicación, estaban presentes ya sea como crítica, ya como posibilidad de apertura a un mundo sin fronteras en el cual los intercambios comerciales y las alianzas en el poder esfumarían sensibilidades nacionales.
Esta bienal renovó material y conceptualmente el panorama del arte contemporáneo, modificó el espacio de exhibición y amplió las premisas determinantes del concepto "arte" vigente hasta entonces. Las innovaciones materiales abarcaron la apertura al público de la zona de los Arsenales, 4000 metros cuadrados que se agregaron a los 6000 de las Corderías y al área de los Jardines . Este último ha sido el espacio tradicional de la Bienal, asiento de los pabellones nacionales y base de la estructura originaria de la institución. En esta edición se presentron 170 artistas de 60 países, que respondían a la continuidad del polémico concepto establecido en Venecia desde su inauguración: el de la "territorialidad" del arte -es decir, la presencia de artistas elegidos por el país al que representan en espacios de pertenencia permanente o transitoria- que el proceso de globalización en marcha pone en jaque.
El tema regente de esta nueva cita fue d´Apertutto, un espacio abierto al arte, sin restricciones, que tradujo el criterio abarcativo del curador en la definición y consiguiente selección. Fueron invitados a participar alrededor de cien artistas nacidos entre 1911 y 1975, 60 procedentes de Europa, 22 de Asia, 11 de los Estados Unidos, 2 de Sudáfrica y 3 de América latina.
Szeemann definió su criterio curatorial como "lo opuesto al estrellato museístico", y concluyó deseando a cada uno un hermoso paseo "consigo mismo". El espíritu que animó la bienal, ilustrado por un concierto de tambores de Zhen Chen en los Arsenales, fue el de una fiesta colectiva.
Con predominio de instalaciones, de fotografías -en diversidad de técnicas y soportes-, abundaron también obras en témpera, acrílicos, gouaches, grabados, collages, bordados sobre bastidor, dibujos, óleos, acuarelas, esculturas, proyectos arquitectónicos, videos, video instalaciones y performances.
Louise Bourgeois (1911) abrió el índice cronológico de los participantes. La presencia de esta artista en los eventos internacionales es siempre de gran impacto. En esta ocasión presentó esculturas blandas, en las que el tema del cuerpo femenino fue protagonista. Adepto a la estética kitsch, Wang Du (1956) participó con Mercado de Pulgas , instalación de once esculturas-maniquíes que representaban a personajes de impacto mediático, como Monica Lewinsky. Tim Hawkinson ofreció la multiinstalación Pentecostés , que recuerda cómo los doce apóstoles de Jesús, al recibir al Espíritu Santo, pudieron hablar diversos idiomas. Un óleo de Wang Xingwei, Pobre Viejo Hamilton , muestra a un hombre que amonesta a un niño chino vestido con el uniforme del Ejército Rojo porque, se supone, acaba de romper El Gran vidrio de Duchamp, icono de la modernidad. La reprimenda, a su vez, es observada por el artista inglés Richard Hamilton.
Las ideas de Pierre Restany vertidas en La otra cara del arte fueron el disparador de estas reflexiones. Tanto para el crítico francés como para el suizo curador de la última Bienal de Venecia, la proximidad arte-vida es el punto de partida. Nada de lo humano le es ajeno al arte.





