
Inés Lynch
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Ha sido profundamente lamentado el fallecimiento de Inés Lynch, cuya personalidad fue admirada y querida en caracterizados sectores de la sociedad argentina y, muy especialmente, en las esferas vinculadas con LA NACION. Quienes la conocieron, valoraron siempre su inteligencia y su rica sensibilidad interior, así como la fuerza espiritual con que era capaz de afrontar, en determinadas circunstancias, los desafíos de la vida.
Había nacido en Mar del Plata el 7 de febrero de 1943. Cuando su marido, José Ignacio Ezcurra, periodista de memorable trayectoria en LA NACION, viajó para cubrir las alternativas de la guerra de Vietnam, su vínculo con nuestro diario adquirió especial significación moral. Y ese vínculo se ahondó a partir del infausto día de 1968 en que sus compañeros de Redacción recibimos la noticia de que José Ignacio había sido muerto en las calles de Saigón. La conducta de José Ignacio Ezcurra quedó instalada como un símbolo en los anales del periodismo argentino. Inés Lynch estuvo en el centro mismo de esa historia de dolor y ejemplaridad profesional. Viuda a los 25 años, brindó una prueba de su fortaleza moral cuando asumió el destino que le había tocado junto a sus dos hijos: Encarnación y Juan Ignacio Ezcurra.
Tras retomar sus estudios universitarios, Inés Lynch se graduó como arquitecta en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ejerció su profesión con la voluntad y el temple moral que ponía en todos sus actos. En los últimos años, vivió rodeada del afecto de sus hijos y de sus nueve nietos, y de la admiración y el cariño que había suscitado siempre entre sus allegados y amigos.
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