
Italia hizo punta
Las negociaciones fueron rápidas y bendecidas por Mussolini. El Duce aceleró los trámites para que la representación diplomática de Italia en la Argentina se quedara con la casa de Federico de Alvear, previo pago de 1.200.000 pesos.
La crónica de La Nación del 30 de diciembre del 1926 habla de la generosidad de Alvear que no dudó en cerrar el trato con el embajador Franklin por bastante menos plata de la que había invertido en la casa de Libertador, entonces Alvear, y Billinghurst, construida a su medida con lo mejor de lo mejor importado de París. Además de los motivos personales que apuraron la decisión y lo empujaron a vender una casa que no había estrenado, Federico de Alvear sabía lo que esta operación inmobiliaria representaba para la política exterior de la Argentina y para la populosa colectividad italiana que en menos de tres décadas había cambiado el perfil de la Gran Aldea.
Era lógico que fuera Italia la más interesada en convertir en destino diplomático uno de los más lindos palacios particulares e iniciar así la celebrada embassy row, que inspira esta serie de notas publicadas por La Nación .
Para centenares de miles de italianos el sueño americano a comienzos del siglo XX tenía nombre y se llamaba Buenos Aires. Tampoco es casual que al mismo tiempo que el conde Franklin cerraba el trato con el aristócrata argentino, se firmaba en Washington la escritura de compra de la mansión que sería residencia del embajador italiano en los Estados Unidos. La diplomacia legitimaba omEl sueño americano merecía legitimarse.
Casado con Felisa Ortiz Basualdo, Federico de Alvear, hombre de fina estampa, bombín y polainas, fue el padre de Ana de Alvear, la mujer del inefable Manucho Mujica Lainez. "Mi casamiento me dio por suegro, recordaba Manucho ,a un caballero hondamente enraizado en el clima tan singular del turf. Me acuerdo que, en 1937, cuando todavía no estaba construida la sede de San Isidro, armó sobre dos mesas de bridge con cajas de cigarros de hoja la perfecta maqueta del futuro hipódromo." La arquitectura era una pasión de Federico de Alvear, o, si se prefiere, de todos los Alvear . Sus padres, Carlos María y Mercedes Elortondo, encargaron los planos de Sans Souci , la magnífica propiedad que limita con el río, al francés René Sergent. Su tía Elisa, casada con Bosch, tuvo el privilegio de inaugurar los salones de la actual embajada de los Estados Unidos, en septiembre de 1918 , y su otra tía, Josefína, fue la mujer del embajador chileno Matías Errázuriz y dueña y señora del palacio que hoy es sede del Museo Nacional de Arte Decorativo.
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