Jacques Bedel: "Que las artes visuales estén detrás del hip hop es algo que me da náuseas"

El único sobreviviente de los arquitectos que proyectaron el Centro Cultural Recoleta no está conforme con los cambios del espacio; la opinión de un experto en patrimonio y del artista que intervino la fachada
El único sobreviviente de los arquitectos que proyectaron el Centro Cultural Recoleta no está conforme con los cambios del espacio; la opinión de un experto en patrimonio y del artista que intervino la fachada Crédito: Diego Spivacow
Natalia Blanc
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20 de enero de 2019  

La intervención artística en la fachada del Centro Cultural Recoleta, presentada en sociedad el jueves 10, junto con la reapertura del espacio después de 420 días de obra, despertó críticas de vecinos, artistas, conservacionistas y arquitectos en redes sociales y medios. A la preocupación porque las capas de pintura utilizadas en el mural dedicado al amor podrían alterar los materiales originales del edificio, se sumaron las quejas de quienes consideran que la programación actual desvirtúa el sentido que tuvo el Recoleta desde su creación en 1980: un centro para las artes visuales contemporáneas, la experimentación, una vidriera para los artistas del interior.

Como artista consagrado y como arquitecto, y especialmente como autor del proyecto junto con Clorindo Testa y Luis Benedit, Jacques Bedel está indignado por todo lo que se hizo en el Recoleta. En su casa y taller del barrio de Constitución, en medio de una obra y una mudanza, Bedel dice sin vueltas: "Que las artes visuales hayan pasado a estar detrás del hip hop es una situación que me da náuseas".

"Una de las críticas que tengo a la actual gestión es que se ha desvirtuado el espíritu del Centro. Al Recoleta accedían los artistas que no llegaban al gran público", comenta a LA NACION. A fines de la década de 1970, durante la gestión de Ricardo Freixá como secretario de Cultura porteño, Testa, Benedit y Bedel fueron convocados para hacer un proyecto que reuniera varios museos en el predio del antiguo convento del 1700. "En 1977 habíamos ganado el gran premio de la Bienal de San Pablo y éramos el equipo ideal que conocía la problemática desde los dos puntos, como arquitectos y como artistas". De esa idea original se pasó a la creación de un centro autónomo.

Declarado Monumento Histórico Nacional, dentro del conjunto que comprende el antiguo Convento de los Recoletos Franciscanos y el ex Asilo General Viamonte, por el decreto 29.746 de 1948, el edificio del Recoleta no puede remodelarse. Está protegido por la ley 12.665. "La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos tiene la superintendencia del complejo -explica Teresa Anchorena, presidenta del organismo-. Hace dos años, el gobierno porteño nos presentó un proyecto que era más radical. Consensuamos y se cambiaron muchas cosas. El proyecto modificado fue autorizado. Lo que no autorizamos fue la intervención en la fachada. Ahora estamos estudiando el tema. Desde el gobierno dicen que es una pintura reversible y que la fachada puede volver a su estado original. Iremos a evaluar técnicamente. Pero también es importante que el patrimonio esté vivo. Sin duda, esta intervención revitalizó el lugar".

Con respecto a los colores tradicionales que desaparecieron con la intervención diseñada por el artista Yaia, Anchorena comenta: "El rosa y gris de la obra de Testa, Benedit y Bedel correspondían a los colores de la ciudad natal de Clorindo, Benevento, cercana a Nápoles. Sería interesante volver a eso, a modo de homenaje".

Para Bedel, la pintura de colores estridentes que cubre la fachada es "una obscenidad, una falta de respeto al contribuyente". Y agrega: "Algunos dicen que cuando nosotros hicimos el proyecto, también intervenimos el edificio antiguo. Sí, pero lo hicimos respetando el edificio, no mamarracheándolo. Es un edificio público catalogado. Nadie tiene derecho a bastardearlo sin antes, por lo menos, no digo hacer un referéndum popular, pero sí un concurso. Acá hay artistas extraordinarios y no podemos terminar en esto porque creen que es moderno. Si esto es el arte joven, estamos fritos. ¿Por qué no pintamos la fachada de la Iglesia del Pilar también? ¿Por qué no pintamos la Casa Rosada, el Obelisco, el Teatro Colón?".

Como arquitecto, ante la pregunta sobre un posible riesgo a la estructura por las sucesivas intervenciones en la fachada, Bedel responde: "¿Si hay peligro? No. Ojalá se pudra todo lo antes posible. Que se caiga como El retrato de Dorian Gray". Se ríe de su propia humorada y sigue: "Lo peor de todo es que están encantados, creyendo que eso es cultura. Eso no es cultura. Es público y notorio que la cultura es prioridad número 78 en cualquier programa oficial en la Argentina. Esta gente, y hablo de los funcionarios de cualquier pelo y tendencia, no se da cuenta del rédito que tiene la cultura a nivel promoción país cuando está bien gestionada".

En 2014, cuando el Recoleta alojó su retrospectiva La tempestad, Bedel visitó el Recoleta por última vez. "No fui más ni me interesa ir", asegura. "La cultura, para mí, es estimular la mente. Es procesar la información berreta y sacar algo propio. Eso es lo que genera la renovación y el pensamiento crítico. Tirarte en una reposera a pavear con el teléfono es un elogio de la boludez. Están usando la plata de los contribuyentes para generar algo intrascendente. Eso es indignante, al margen de la violación del patrimonio".

Una trayectoria entre el plano y el volumen

  • Profesión: artista y arquitecto
  • Edad: 71 años
  • Origen: argentino

Formó parte del Grupo CAYC, fundado por Jorge Glusberg, junto con Víctor Grippo, Clorindo Testa y Luis Fernando Benedit; con estos dos últimos, a fines de la década de 1970, proyectó el edificio del Centro Cultural Recoleta.

Participó de 14 bienales internacionales de arte, entre ellas, la Bienal de Venecia en 1986 y 1999. En 2017, con la muestra "Ad Infinitum", celebró sus 50 años como artista

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