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Cuando a los diez años perdió una pierna, Joanna Pawlik pasó años con vergüenza, escondiendo su cuerpo con ropa holgada y prótesis, intentando pasar desapercibida. Hoy, desde el arte, hace lo contrario. Cuando la performer polaca se pone a bailar con sus bastones canadienses y se sostiene en un pie, hace arte, sí, pero también política: su obra es un acto de resistencia frente a la marginación. El cuerpo femenino con discapacidad expuesto a la mirada ajena se convierte tanto en un medio artístico como en una herramienta de crítica social.



