La Argentina de 1910
Por Félix Luna Para La Nación
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Los argentinos y los habitantes extranjeros de nuestro país festejaron, en 1910, el primer centenario de nuestra revolución con un optimismo y un orgullo probablemente irrepetibles.
Se comprende: en treinta años, una nación periférica, casi sin Estado, pobre, sin moneda ni exportaciones, se había convertido en la mejor expresión de la civilización europea en América latina.
Apenas tres décadas habían bastado para crear una capital grande y hermosa, un servicio educativo excelente, la más extensa red ferroviaria del continente. La Argentina era el mayor exportador de trigo del mundo y el receptor de copiosas inversiones.
Su babélica composición demográfica iba cobrando perfil propio con el aporte de la inmigración. Y todos estaban convencidos de que, cuando se diera contenido popular a las formas republicanas ya existentes, se habría perfeccionado la identidad de un país que en Europa era sinónimo de orden, prosperidad y posibilidades ilimitadas.
No pedimos tanto para el 2010. Sólo que tengamos un país razonablemente vivible, en paz, justicia y democracia.





