“La Argentina debe vender un sueño”

Para el pensador francés, el país tiene que aprovechar su buena imagen en el exterior
Juana Libedinsky
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21 de agosto de 2001  

Cuenta Guy Sorman que cuando el premio Nobel Anatole France visitó Buenos Aires, a principios del siglo XX, estaba desolado porque nadie iba a sus conferencias sobre literatura francesa. “Diga que va a hablar de los argentinos”, le sugirieron. Así lo hizo, y su visita fue un éxito.

“Es que, como nación, a nadie le gusta tanto que la analicen como a ustedes. Por eso me dicen que soy el psicólogo oficial de la Argentina”, afirmó el intelectual francés en su visita al país con motivo de un congreso agropecuario.

Sorman, profesor del Instituto de Estudios Políticos de París y doctor honoris causa de la Universidad de Córdoba, acaba de publicar “El progreso y sus enemigos”, que en breve se editará en Buenos Aires.

En diálogo con La Nacion confesó que lee un libro por día, solo viste diseñadores japoneses, se apasiona por el arte argentino de los 60 y nada le molesta tanto como la nueva “religión verde” que sacude al planeta.

–¿Por qué considera que son tan malos los ecologistas?

–Es que en términos de clonación, desechos nucleares o transgénicos se ve una hostilidad hacia el progreso en el nombre de un chamanismo verde que pone a la naturaleza por encima del hombre. Durante 2000 años de tradición judeocristiana fue al revés; por eso, aunque traten de disfrazarlo de controversia científica, es una revolución religiosa.

–¿Cómo afecta a la Argentina?

–Ustedes tienen una posición envidiable porque su movimiento verde es muy débil. Y así debe permanecer para seguir entre las naciones más avanzadas en biotecnología. El presidente De la Rúa me dijo que en la Argentina no hay entrepreneurs; yo le respondí que sólo tenía que mirar al sector agropecuario para encontrarlos.

–¿Entonces, por qué siempre hay tantas dificultades para exportar?

–Todos se quejan del proteccionismo europeo y las cuotas, pero la Argentina no puede exportar porque no es una marca registrada. Lo que debe hacer es vender un sueño: cuando voy a McDonald’s no es porque quiera comer una hamburguesa, sino porque quiero compartir el sueño americano; compro autos alemanes o muebles escandinavos por la misma razón. Pero, ¿cuál es el sueño argentino? No hay producto que lo venda, y en un mundo globalizado sólo se sobrevive con un marketing inteligente.

–¿Y eso cómo se logra?

–La Argentina debe aprovechar la buena fama que todavía tiene en el exterior. Al ciudadano medio europeo, por ejemplo, no le interesa la crisis económica, no ve cómo lo puede afectar. Pero sí mantiene la idea de que la Argentina es un generador de artistas como Jorge Lavelli o Alfredo Arias que pueden traer una dimensión más extrema de la cultura que le hace falta a Europa occidental. Es ridículo que limiten la imagen del país al tango y no aprovechen las cosas nuevas y maravillosas que están creando. Deberían ponerle una moratoria al tango por unos años porque no nos divierte más.

–¿Qué hace usted para divertirse?

–Para mí, la jardinería moderna es la forma de arte superior. No me refiero a la copia de jardines franceses como Versalles, que son aburridísimos, o los de tipo inglés, que hacen en Mar del Plata, tan predecibles, sino la jardinería creativa donde se encuentran los nuevos Picassos. Pero, además, es una cuestión ideológica: como heredero del Iluminismo, yo amo los jardines porque muestran el dominio del hombre sobre la naturaleza. Algo salvaje como el Amazonas no me mueve un pelo.

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