La belleza
Lucen vestimentas sorbias (un pueblo eslavo reconocido como minoría nacional en Alemania), danzan al ritmo de una música ancestral; aún están en jardín de infantes. Cuando sean adultos, de este momento recordarán apenas lo que les muestren las fotos que tomaron sus padres o alguna de esas imágenes internas –polaroids de la memoria– que congelan un gesto, la luz a través de una ventana, el bordado de un vestido. Pero ahora, a la edad que tienen y con el universo desplegado ante cada paso que dan, están viajando en el tiempo, habitando las escenas de un cuento, viviendo cada uno de los pasos y movimientos que dan con una intensidad prístina, única, demasiado bella para ser tan fugaz. Viven en Dresde, y todavía no saben de los bombardeos que en 1945 (más que el pasado, para ellos) redujeron la ciudad a puro escombros. La atrocidad del mundo no los toca, y esa es una variante de la belleza.
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