La Biblioteca Nacional
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Hablar con José Edmundo Clemente es caer en dos temas reiterativos e ineludibles: su Salta natal y la Biblioteca Nacional, al frente de la cual estuvo más de veinte años, de los cuales dieciocho acompañó a Borges.
-Como Borges estaba casi ciego _recuerda Clemente_, me decía: "Haga lo que crea conveniente".
- Borges se transformó en el símbolo por excelencia de la Biblioteca.
-Más bien era su metáfora. Antes y durante deiciséis años, yo había sido jefe de la Biblioteca de Obras Públicas, cuando era un ministerio como la gente y no la dependencia gacetillera en que se convirtió después. En 1955, luego de la Revolución Libertadora, me llamó el doctor Atilio Dell´Oro Maini, para que acompañara a Borges (con quien habíamos trabajado juntos en Emecé) en la dirección de la Biblioteca Nacional, porque, me dijo, necesitaba alguien de mucha confianza al lado de un ciego.
- Y desde ese día de 1955 empezaste a pensar en el proyecto del nuevo edificio de Libertador y Agüero, que Borges no quería.
-Es cierto. Pero no lo quería por una cuestión sentimental; no deseaba abandonar el barrio Sur. Sin embargo, yo, como bibliotecario egresado de la Facultad, era el técnico y entendía que ese edificio, construido para otros fines, no daba más. Entonces empecé a buscar un terreno. La Nación sólo tenía tres en la Capital: el actual asentamiento de la Biblioteca, la Sociedad Rural y el Parque Centenario. Fui a verlo a Frondizi, gran presidente, gran señor _y yo no soy radical sino conservador; creo ser el último_ y él me dijo: "haga lo que pueda pero no me toque la Sociedad Rural". ¡Fijate cómo terminó después! El problema era que el predio donde se alzó luego la Biblioteca había sido el de la residencia presidencial, allí había muerto Eva Perón y parecía intocable. Entonces, hablé con Monjardín, que presidía la Cámara de Diputados, y como soy un experto en burocracia, le expliqué qué hacer. "En estos días _le dije_ se va a tratar la ley de presupuesto. A continuación del artículo 40, que es cuando los diputados y senadores, después de haber acomodado a su provincia, a su mujer, a sus amantes, a sus amigos, ya están tranquilos y dejan hacer, ponga estas líneas: "Destínase a la Biblioteca Nacional el predio comprendido entre Las Heras, Libertador, Austria y Agüero"". Y salió por una ley (la 15796 del 28/12/60), vamos a ser sinceros, medio trucha. Pero la Biblioteca Nacional es del Estado e inamovible. Siempre conté con el apoyo del periodismo, a veces en contra de los treinta y tantos ministros de Educación con quienes llevé una lucha titánica.
- Algunos no sabían nada.
-Y otros sabían menos. Levantar el edificio de la Biblioteca fue una tarea faraónica, se tardaron veintitantos años; en eso se me fue la vida, pero lo logré. La inauguró Menem. Nadie me felicitó, nadie me nombró, nadie me dio la mano. No me quejé, estaba contentísimo, orgulloso; era "mi edificio", "mi biblioteca". Yo la hice. Incluso salvé los árboles que iban a ser talados. A veces voy y los abrazo, también son míos. Hace casi dos décadas que me retiré del manejo de la Biblioteca; nunca he intervenido en nada, nunca me han consultado tampoco. He visto muchos desaciertos pero quiero rescatar la Plaza del Lector, que permite admirar la perspectiva del edificio desde la Avenida Las Heras. En cambio, las reuniones multitudinarias, los cien actos por semana están dentro de las cosas absurdas. La Biblioteca tiene una finalidad específica, mientras se concrete, está bien. Todo lo demás es adjetivo.
¿Cual es la finalidad específica?
-La investigación, la conservación de los libros, el repositorio legal. La Biblioteca _esencialmente humanística_ es la memoria del hombre y eso se debe proteger. En el proyecto para el cual se llamó a concurso no había biblioteca estudiantil. Estas tienen que estar provistas por las propias escuelas o las grandes instituciones: la Facultad de Derecho, la Biblioteca del Maestro, la Facultad de Ciencias Económicas, las bibliotecas públicas populares y municipales... Y si hacen falta más, el Gobierno de la Ciudad lo debe solucionar. A los queridos chicos, que vienen a veces con sus apuntes o a buscar algún dato y que suelen arrancar las hojas de los libros, démosles la biblioteca que necesitan y basta. En última instancia habría que inaugurar un anexo, como teníamos en la calle México, para los estudiantes. Esto lo hemos hablado con Josefina Delgado, la actual subdirectora, persona seria y muy agradable. La Biblioteca Nacional debe custodiar el material intelectual del país y ser la memoria de la Nación y de la humanidad.



