
La cárcel de los celos
El próximo viernes la nueva Biblioteca La Nación presentará Un amor de Swann , de Marcel Proust, una de las novelas que integran el monumental ciclo de En busca del tiempo perdido , obra capital del siglo XX
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El amor que busca la posesión física y espiritual del ser amado se convierte rápidamente en una tortura alimentada por los celos y termina, como todos los espejismos, en una decepción. Esa es una de las revelaciones que llevarán a Proust a recuperar, a través del arte, el tiempo pasado o perdido. Un amor de Swann , la obra que ahora ofrece la nueva Biblioteca La Nación , anticipa, como en una obertura, los grandes temas de A la recherche... , entre ellos, el de la fugacidad de la pasión.
Los seres humanos estamos hechos de dos materias efímeras y volátiles: nuestra conciencia, pronta a dispersarse en mil detalles, y el deseo, incesantemente renovado. También por eso, somos inasibles y traicioneros, aunque nos propongamos de buena fe la fidelidad. Por eso también, tratamos de convertir en prisioneros a los que amamos o a aquellos que, por uno u otro motivo, despiertan nuestro interés. Así como Swann, y más tarde el narrador, buscan capturar a las mujeres amadas, Madame Verdurin, la burguesa que mantiene un salón supuestamente elegante, no tolera que sus "fieles", los habitués de su casa, la "traicionen" y frecuenten tertulias aristocráticas. La libertad y el tiempo son enemigos invencibles de una conciencia imperialista. Una especie de impulso irrefrenable nos lleva a devorar a nuestros semejantes para que, una vez conquistados, los desdeñemos. Pero la conciencia y el deseo evaden cualquier vigilancia, para angustia de los que aman y paradójicamente están cautivos de sus ansias de posesión. Proust analizó de un modo exhaustivo y preciso en su obra las múltiples variantes de esa pasión esclavizante.
En busca del tiempo perdido está formada por un ciclo de novelas cuyos personajes cambian de un volumen a otro mostrando que la naturaleza contradictoria del ser humano está hecha de metamorfosis. Un amor de Swann es la segunda parte de Por el sendero de Swann (la primera es Combray ; la tercera, Nombre de países. El país ) y narra la relación entre Swann y Odette de Crécy. El es un rico y refinado judío, quizá el único, exceptuando a los Rothschild, aceptado por la alta sociedad de su tiempo. Odette, en cambio, es casi lo que los franceses de la Belle Epoque llamaban una demi-mondaine , una cortesana de alto nivel, que circula por salones burgueses en ascenso.
Charles Swann es uno de los personajes con los que Proust se encarnizó sádicamente, al que más hace sufrir, al que sigue implacablemente en su deterioro. ¿Por qué? Se trata de un amateur inteligente, cultivado, que dice escribir un libro sobre Vermeer der Delft, el pintor preferido de Proust. La elegancia de sus maneras y su ingenio hacen que la aristocracia francesa, representada sobre todo por la duquesa de Guermantes (en la juventud, princesa de Laumes), busque su compañía y le perdone su sangre judía. Swann, devorado por la pasión de Odette, por el esnobismo y la pereza jamás escribirá su obra sobre Vermeer. Swann es lo que Proust podría haber llegado a ser, si no hubiera descubierto el poder redentor de la escritura, quizá por eso lo castiga duramente. La madre de Proust era judía pero su padre lo había hecho educar en la religión católica, por lo tanto, Marcel era judío a medias. Los Proust eran ricos y, durante la juventud, el fascinante Marcel tenía un éxito mundano considerable.
Para crear su personaje, Proust se inspiró en un judío, Charles Haas, espiritual, atractivo, miembro del Jockey Club. Swann cae en todas las trampas que Proust logró evitar por medio de la creación. Mientras que Swann (al igual que Hass en la realidad) considera que lo único interesante es la vida, más aún, afirma que la vida es una novela y termina derrochándola en amores, salones y colecciones de objetos, Proust escribe una novela sobre la vida. Mientras que Swann, el esnob, queda preso del prestigio de los títulos aristocráticos que parecen resistir el paso del tiempo, Proust aprende que sólo el arte, por ejemplo el de las catedrales, con sus vitrales animados por los personajes de quienes descienden los Guermantes, asegura la inmortalidad. Por lo tanto, encierra a sus amores y a los nobles en el ritmo de sus frases que desafían con sus comparaciones y metáforas el ataque del tiempo. Las páginas de Un amor de Swann están sembradas de experiencias en que el perfume de una flor, una frase musical (la de la sonata de Vinteuil) provocan el despertar de la memoria involuntaria que conserva, preservados para siempre, privilegiados instantes del pasado.
Un amor de Swann nos enseña así las leyes que rigen el nacimiento y la muerte de la pasión, pero también el modo de guardar su memoria, liberada de las urgencias y las miserias de la carne.
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