
La ciencia, el arte y el lugar de la imaginación
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ENTREVISTE al profesor Jacob, premio Nobel de Medicina, hace unos años. La publicación de su cuarto libro, El ratón a la mosca y el hombre , que leí con mucho interés, me indujo a volverlo a ver. Me recibió en el mismo lugar donde lo había hecho antes: en el Instituto Pasteur, donde trabajan hoy, entre investigadores y empleados, más de tres mil personas. Al entrar en su despacho, más bien exiguo, me encontré nuevamente con las abundantes plantas verdes, testigos silenciosos de un hombre siempre alerta, curioso y amante de la vida.
Conversar con el profesor Jacob es muy enriquecedor no sólo porque es un eminente científico sino porque se interesa por las distintas facetas del ser humano. "El científico -explica- pasa de la esperanza al desconcierto, de la exaltación a la melancolía. Lo que dirige su espíritu a veces no es la lógica sino el instinto, la intuición".
-¿Cuál es el papel de la imaginación en un descubrimiento?
-La imaginación tiene un papel preponderante. Tome un ejemplo: el descubrimiento de la penicilina por Fleming. Algunos dicen que fue fruto del azar pero, en realidad, fue la imaginación la que captó el azar. El azar favorece sólo a los espíritus preparados.
-¿Existe en la ciencia un estilo como en la literatura y en la pintura?
-Por supuesto. Piense en el caso de Luis Pasteur: evidentemente, poseía un estilo excepcional, algo irresistible, que lo llevaba de un campo a otro -diría- con la actitud de un conquistador. Pasó de la química a la cristalografía, luego al estudio del mundo vivo en su aspecto menos conocido. Disimetría molecular, fermentación, generación espontánea, estudios sobre el vino, las enfermedades del gusano de seda, la cerveza, las enfermedades virulentas, los virus, las vacunas, profilaxis de la rabia, etcétera.
-Doctor, usted habla en su libro de la diferencia entre la ciencia y el arte. ¿Podría sintetizarnos su punto de vista?
-El trabajo científico está ligado inexorablemente a la idea de progreso, mientras que en arte eso no existe. Una verdadera obra de arte no será nunca superada. Beethoven no supera a Bach, ni Picasso a Rembrandt. En tanto que Einstein sí supera a Newton. El científico describe el mundo exterior, en el cual objetos y acontecimientos existen independientemente del espíritu. El artista, en cambio, describe un mundo interior, donde objetos y acontecimientos no tienen ninguna realidad, sino que aparecen como puras construcciones del espíritu humano. El autor de una obra de arte es único, irremplazable. El autor de un descubrimiento científico es intercambiable. Sin Flaubert, no habría Madame Bovary ; sin Mozart, no existiría La flauta mágica . Por eso los científicos no utilizan casi nunca para describir su actividad palabras como creación o creatividad. Emplean más bien la palabra descubrimiento. Se descubren cosas que ya existen, lo que hace el científico es encontrar la manera de revelarlas... Pero hay un punto de encuentro entre el arte y la ciencia: la imaginación. "Lo que hoy está probado fue antes imaginado" decía William Blake. En la fase imaginativa de la búsqueda científica, en la formación de las hipótesis, el científico funciona como el artista. Sólo que luego, cuando intervienen la prueba crítica y la experimentación, la ciencia se separa del arte y sigue un camino distinto. Una obra artística no se asemeja a una hipótesis científica. Pero en ambas la imaginación es la fuerza motriz, el elemento creador.
-¿Qué piensa acerca de los límites de la investigación científica?
-Ese problema es relativamente reciente. El siglo XVIII no encaró la posibilidad de tales límites. Estaba convencido de que tarde o temprano, la ciencia resolvería todos los interrogantes que se plantean al hombre. Hoy uno se da cuenta de que hay preguntas que no conciernen a la ciencia y que ésta se niega a encarar, como por ejemplo: ¿Cúal es el sentido de la vida? ¿Cómo empezó todo? ¿Qué hacemos en la Tierra? No veo qué clase de progreso científico lograría contestar esas preguntas. Le tocan más bien a la religión, a la metafísica, a la poesía. El descubrimiento más importante de este siglo de investigación y de ciencia es, probablemente, el comprobar la dimensión de nuestra ignorancia acerca de la naturaleza. Cuanto más aprendemos, más intensos se vuelven nuestros enigmas.






