
La comunión podrá darse en la mano
Cambio de hábito: la nueva práctica fue decidida por motivos de higiene y para unificar las prácticas con países vecinos.
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A partir del jueves, día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Asunción de la Virgen, los católicos podrán recibir la comunión en la mano, modalidad que se ha extendido ya a la mayoría de los países del mundo.
Así lo resolvió la Conferencia Episcopal Argentina, que recibió la autorización de la Santa Sede para retomar una práctica que era moneda corriente en los primeros mil años de la era cristiana.
La decisión se fundamenta en razones teológicas y pastorales que indican que "no existe ninguna indignidad para que el laico pueda tocar la Eucaristía con sus manos".
El cambio de rito no será obligatorio para los fieles, sino que tendrá carácter voluntario. Al acercarse a comulgar, cada uno optará por tomar la hostia con la mano o, como la práctica actual, recibirla en la boca.
Sin embargo, pese a la autorización de la Santa Sede y a la resolución de la Conferencia Episcopal, la modificación generó controversias. Ayer, el obispo Juan Rodolfo Laise dio a conocer un comunicado en el que anuncia que no incorporará a su diócesis el cambio.
Adultez e higiene
Los fundamentos para adaptar una práctica que ya fue incorporada por muchas conferencias episcopales fueron expuestas en la última asamblea de obispos por el presidente de la Comisión de Liturgia, monseñor Gerardo Sueldo.
El obispo afirmó que constituye un signo de adultez que el cristiano reciba el don de Dios con las manos y él mismo se lo lleve a la boca.
Las razones incluyen motivos de sensibilidad frente a la higiene y el contacto con la saliva de los fieles.
Actualmente se corre el riesgo de que la mano del sacerdote, al tocar involuntariamente la lengua del que se acerca a comulgar, pueda transmitir a los fieles alguna enfermedad contagiosa o un simple resfrío.
El cambio de rito se sustenta, también, en la necesidad de unificar las prácticas que ya se aplican en países vecinos.
"Nos encontramos circundados por países que ya han aceptado el uso de las dos praxis", señaló monseñor Sueldo, en abril último, a sus compañeros obispos.
"El limitarnos a la comunión en la boca llama la atención y genera confusión, tanto en los fieles que participan de celebraciones en nuestro país, como en nuestros fieles que lo hacen en el exterior", dijo, al sostener un argumento que, tras aprobar la medida, los obispos enviaron a todas las parroquias de su diócesis.
El nuevo rito
La incorporación de la nueva práctica no modificará en las celebraciones litúrgicas la tradicional procesión para comulgar.
Quienes deseen recibir la hostia en la mano deberán realizar un gesto de veneración ante el ministro del altar, inclinando la cabeza.
Para recibir la Eucaristía tendrán que apoyar la mano izquierda sobre la derecha y responder, como siempre, amén.
Luego se ubicarán en un costado y comulgarán tomando el pan consagrado con la mano derecha y llevándolo a la boca, a la vista del sacerdote o ministro del altar.
El rito se aplicará a partir del jueves en forma unánime en todas las diócesis y prelaturas del país.
La Comisión Episcopal de Liturgia instruyó a las diócesis sobre la necesidad de preparar y acompañar esta nueva forma de recibir la comunión con una adecuada catequesis.
El retorno a la práctica primitiva de la comunión
La Argentina es uno de los últimos países en adoptar la práctica que permite a los fieles recibir la comunión en la mano.
Tal posibilidad fue admitida el 29 de mayo de 1969 por el papa Paulo VI, que decidió conservar la práctica tradicional de la comunión sobre la lengua, pero al mismo tiempo autorizar a recibir la Eucaristía en la mano en aquellos países cuyas conferencias episcopales hicieran el pedido a la Santa Sede.
Los primeros países en aplicar el rito fueron Bélgica, Francia, Alemania y Holanda, a los que se sumaron, entre otros, Bolivia y Uruguay.
La Iglesia chilena adoptó la modalidad en 1973 y tres años después se puso en práctica en Inglaterra, España y México, entre otros países. Desde el año 1977 se recibe la comunión en la mano en los Estados Unidos y en 1986 el rito fue incorporado por la iglesia peruana.
Los motivos del cambio
La práctica de dar la comunión en las manos de los fieles dejó de aplicarse alrededor del siglo XI, por diferentes motivos.
Uno de ellos fue la preocupación por impedir abusos y evitar actos irrespetuosos o de profanación.
Influyó, también, el hecho de abandonar el uso preferido de pan no fermentado y pasar a utilizar hostias redondas y delgadas, que no desprendían tantas partículas y se adherían mejor a la lengua.
A ello se sumaron razones vinculadas con la vida interna de la Iglesia al promediar el Medioevo. El clero pasó a dominar en forma exclusiva todo lo relacionado con la liturgia y los laicos dejaron de tener la participación activa de los primeros siglos de la Iglesia. Allí comenzó a difundirse el criterio de que sólo las manos consagradas del sacerdote podían tocar el Cuerpo de Cristo.
Se hizo cada vez más grande la separación entre el sacerdote y el pueblo, como lo demuestra el propio espacio arquitectónico que comenzó a proyectarse en los templos, donde el altar y el presbiterio se mantenían alejados de la nave.
Así pasaron otros mil años, hasta que la Congregación para el Culto Divino, por instrucción del papa Paulo VI, dio autorización a las conferencias episcopales para que puedan retomar el rito abandonado de comulgar en la mano.
Para el magisterio de la Iglesia, la nueva forma posible de comulgar no constituye exclusivamente la renovación de un rito.
"Puede ser la oportunidad para que los cristianos renueven el sentido de la dignidad que han recibido de Dios por puro amor", concluye el instructivo catequístico enviado a todas las parroquias.
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