La cosecha
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En buena parte del mundo las cosechas se siguen haciendo a mano. A mano y a espalda: bolsas de arpillera rebosantes de frutos, semillas u hojas, cargadas sobre los hombros de quienes acaban de arrancarlos de la tierra o de los árboles. La humanidad cambia pero no tanto; el gesto del hombre que suelta su carga de dátiles en esta foto remeda al que habrán hecho sus antecesores y los antecesores de ellos, y así hasta el comienzo. Este es un breve instante de felicidad, al norte de un Sudán arrasado por la guerra. Porque si el gesto del cosechador es arcaico, también lo es el de la mano que empuña el arma, la ceguera del odio, la espiral infinita de la violencia. Desde abril el país africano se desangra. Y mientras algunos mueren bajo las balas, otros los lloran y los niños desfallecen de hambre, están los que insisten –eso también es ancestral– y pese al espanto ríen, reparan, cosechan.
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