La crisis no perdona a los escribanos
Exceso de registros, concentración de profesionales y escasa demanda, los obstáculos por vencer
1 minuto de lectura'
Los escribanos... Unas pocas pinceladas bastan para graficar la situación actual de quienes ejercen esta profesión. Hay, en la actualidad, una fuerte concentración de profesionales en las instituciones bancarias -preferentemente, las que financian las operaciones inmobiliarias-. También se aprecia -y no es secreto entre los escribanos- que las responsabilidades se expanden, aunque no al ritmo de la retribución monetaria. Entre ellos, además, hay quienes se acusan de ejercer una competencia desleal a la hora del cobro de honorarios, y constituyen un reclamo de todos las crecientes dificultades para vivir sanamente de la profesión.
En la Argentina, hoy trabajan 8000 profesionales, entre titulares y adscriptos de registros notariales. La mitad de ellos concentrados en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.
Uno de los temas clave para quienes ejercen esta profesión es el de los registros notariales . Se trata -por decirlo de algún modo- de la habilitación que se le da a alguien para trabajar de escribano. Y no son fáciles de obtener: la propiedad de un registro le corresponde al Estado, que los concursa cuando quedan vacantes por muerte, jubilación o destitución de su titular.
"En este momento, en la ciudad hay un concurso de 17 vacantes de registro, pero hay mas de 200 postulantes", comenta el escribano Agustín Braschi, presidente del Colegio de Escribanos de la Capital Federal.
Pocos registros
En cuanto al número de registros, éste depende de la cantidad de habitantes.
Continúa Braschi: "Hasta el cambio del status jurídico de la ciudad de Buenos Aires regía la ley que estipulaba un registro cada 10 mil habitantes. Eso fue quedando de lado y no se cumplió. De haberse tomado en serio, en la Capital Federal tendría que haber sólo 250 registros, y hay casi 2000".
El criterio que se impuso, entonces, fue el de relacionar la necesidad de nuevos registros con el movimiento económico. Esto llevó a que, sólo en la Capital Federal, el número de escribanos se triplicara, o más, en los últimos 30 años. El resultado, en un contexto recesivo, fue una caída del trabajo.
"La traza del índice que refleja el consumo de elementos que utilizan en la profesión los escribanos, como hojas de protocolo, de actuación notarial y de certificación de firmas, es paralela a la del PBI: sube y baja de la misma manera", dice Braschi.
El escribano Gustavo Torrado Mosconi, por su parte, opina que el ejercicio profesional cambia vertiginosamente.
"Está desapareciendo la profesión liberal por los altos costos de mantenimiento de los estudios -explica-. Por otra parte, hay mucha competencia desleal en el cobro de honorarios y varios clientes eligen al profesional por lo que les cobra y no por las garantías que les ofrece."
Torrado Mosconi agrega que hay una notable merma en el trabajo y que no se percibe un movimiento económico mínimo como para que puedan sobrevivir todos los registros existentes.
"Nuestra profesión está reflejando los vaivenes económicos de la sociedad en su conjunto: no somos una isla -dice el escribano Francisco José Rocca, vicepresidente primero del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires-. El mayor problema es que frente a una situación económica que no es la ideal, el ejercicio profesional se precariza y hay una enorme presión para que se bajen los honorarios. Pero, como es de imaginar, esto tiene el límite del decoro. Lo que se hace es reducir costos, lo cual es una pena, porque se empobrece el país", afirma.
En cuanto a la función de los colegios notariales, Rocca cree que en estos momentos es la de velar por que esa precarización no disminuya la calidad de la labor.
Para Agustín Braschi, la experiencia de diez años de desregulación de aranceles profesionales, dictada por Domingo Cavallo en 1991, no ha surtido un efecto neutro. "En realidad, rebajó los honorarios sobre la base de la concentración del trabajo", expresa.
Con la reaparición del crédito, a principios de la década del ´90, las escrituras traslativas de dominio se concentraron en las escribanías designadas por los bancos que, en la práctica, obligaron a los escribanos a rebajar sus aranceles como contrapartida de la cantidad de trabajo que se les daba. De hecho, en los diarios se han publicado avisos que ofrecen hipotecas "sin gastos ni honorarios".
"Así es como la profesión se desvirtúa, porque el escribano termina siendo un empleado de ese banco. Nuestro trabajo nunca ha sido a costo fijo, ni es una profesión a sueldo", advierte la escribana Rolanda Santiago.
Como contracara, Santiago también señala que, en la actualidad, la actividad notarial no se limita a la confección de contratos de compraventa, hipotecas, contratos societarios, poderes; también se encarga de lo que se conoce como nuevas incumbencias : habilitaciones, radicaciones de extranjeros y mandamientos de constatación e intimación de desalojos, convirtiéndose, en los procesos de ejecuciones hipotecarias, en un auxiliar de la Justicia.
"Es decir que sus funciones se han extendido, lo que no significa que sus ingresos se hayan incrementado proporcionalmente", agrega Santiago.
La realidad profesional demuestra que, quizá como nunca antes, a muchos escribanos la profesión no les alcanza para cubrir sus necesidades de subsistencia.
"Me duele decirlo, pero la escribanía, respecto de lo que fue en otros tiempos, perdió muchísimo atractivo", concluye.
Algunos requisitos
- Para ser escribano se exige el título habilitante previo de abogado o, de lo contrario, ser doctor en Notariado, título que otorga la Universidad Notarial Argentina y que abarca todas las materias que se necesitan para el ejercicio de la abogacía. Por otra parte, para ejercer la escribanía hay que presentarse a concurso ante a un tribunal especial en el Colegio de Escribanos de la Capital Federal. En el interior, el procedimiento puede variar: en algunas provincias se sigue un esquema muy similar; en otras se hace una pasantía controlada por el colegio de escribanos local, paso previo a la designación.






